miércoles, 1 de abril de 2020

TEMA 213. CRISTO VIVE. CAPITULO VII. LA PASTORAL DE LOS JOVENES (1)


La pastoral de los jóvenes 

202. La pastoral juvenil, tal como estábamos acostumbrados a llevarla adelante, ha sufrido el embate de los cambios sociales y culturales. Los jóvenes, en las estructuras habituales, muchas veces no encuentran respuestas a sus inquietudes, necesidades, problemáticas y heridas. La proliferación y crecimiento de asociaciones y movimientos con características predominantemente juveniles pueden ser interpretados como una acción del Espíritu que abre caminos nuevos. 

Se hace necesario, sin embargo, ahondar en la participación de estos en la pastoral de conjunto de la Iglesia, así como en una mayor comunión entre ellos en una mejor coordinación de la acción. Si bien no siempre es fácil abordar a los jóvenes, se está creciendo en dos aspectos: la conciencia de que es toda la comunidad la que los evangeliza y la urgencia de que ellos tengan un protagonismo mayor en las propuestas pastorales.

Una pastoral sinodal

203. Quiero destacar que los mismos jóvenes son agentes de la pastoral juvenil, acompañados y guiados, pero libres para encontrar caminos siempre nuevos con creatividad y audacia. Por consiguiente, estaría de más que me detuviera aquí a proponer alguna especie de manual de pastoral juvenil o una guía de pastoral práctica. Se trata más bien de poner en juego la astucia, el ingenio y el conocimiento que tienen los mismos jóvenes de la sensibilidad, el lenguaje y las problemáticas de los demás jóvenes.

204. Ellos nos hacen ver la necesidad de asumir nuevos estilos y nuevas estrategias. Por ejemplo, mientras los adultos suelen preocuparse por tener todo planificado, con reuniones periódicas y horarios fijos, hoy la mayoría de los jóvenes difícilmente se siente atraída por esos esquemas pastorales. La pastoral juvenil necesita adquirir otra flexibilidad, y convocar a los jóvenes a eventos, a acontecimientos que cada tanto les ofrezcan un lugar donde no sólo reciban una formación, sino que también les permitan compartir la vida, celebrar, cantar, escuchar testimonios reales y experimentar el encuentro comunitario con el Dios vivo.

205. Por otra parte, sería muy deseable recoger todavía más las buenas prácticas: aquellas metodologías, aquellos lenguajes, aquellas motivaciones que han sido realmente atractivas para acercar a los jóvenes a Cristo y a la Iglesia. No importa de qué color sean, si son “conservadoras o progresistas”, si son “de derecha o de izquierda”. Lo importante es que recojamos todo lo que haya dado buenos resultados y sea eficaz para comunicar la alegría del Evangelio.

206. La pastoral juvenil sólo puede ser sinodal, es decir, conformando un “caminar juntos” que implica una «valorización de los carismas que el Espíritu concede según la vocación y el rol de cada uno de los miembros [de la Iglesia], mediante un dinamismo de corresponsabilidad […]. Animados por este espíritu, podremos encaminarnos hacia una Iglesia participativa y corresponsable, capaz de valorizar la riqueza de la variedad que la compone, que acoja con gratitud el aporte de los fieles laicos, incluyendo a jóvenes y mujeres, la contribución de la vida consagrada masculina y femenina, la de los grupos, asociaciones y movimientos. No hay que excluir a nadie, ni dejar que nadie se autoexcluya»[111].

207. De este modo, aprendiendo unos de otros, podremos reflejar mejor ese poliedro maravilloso que debe ser la Iglesia de Jesucristo. Ella puede atraer a los jóvenes precisamente porque no es una unidad monolítica, sino un entramado de dones variados que el Espíritu derrama incesantemente en ella, haciéndola siempre nueva a pesar de sus miserias.

208. En el Sínodo aparecieron muchas propuestas concretas orientadas a renovar la pastoral juvenil y a liberarla de esquemas que ya no son eficaces porque no entran en diálogo con la cultura actual de los jóvenes. Se comprende que no podría aquí recogerlas a todas, y algunas de ellas pueden encontrarse en el Documento final del Sínodo.

Grandes líneas de acción

209. Sólo quisiera destacar brevemente que la pastoral juvenil implica dos grandes líneas de acción. Una es la búsqueda, la convocatoria, el llamado que atraiga a nuevos jóvenes a la experiencia del Señor. La otra es el crecimiento, el desarrollo de un camino de maduración de los que ya han hecho esa experiencia.

210. Con respecto a lo primero, la búsqueda, confío en la capacidad de los mismos jóvenes, que saben encontrar los caminos atractivos para convocar. Saben organizar festivales, competencias deportivas, e incluso saben evangelizar en las redes sociales con mensajes, canciones, videos y otras intervenciones. Sólo hay que estimular a los jóvenes y darles libertad para que ellos se entusiasmen misionando en los ámbitos juveniles. 

El primer anuncio puede despertar una honda experiencia de fe en medio de un “retiro de impacto”, en una conversación en un bar, en un recreo de la facultad, o por cualquiera de los insondables caminos de Dios. Pero lo más importante es que cada joven se atreva a sembrar el primer anuncio en esa tierra fértil que es el corazón de otro joven.

211. En esta búsqueda se debe privilegiar el idioma de la proximidad, el lenguaje del amor desinteresado, relacional y existencial que toca el corazón, llega a la vida, despierta esperanza y deseos. Es necesario acercarse a los jóvenes con la gramática del amor, no con el proselitismo. 

El lenguaje que la gente joven entiende es el de aquellos que dan la vida, el de quien está allí por ellos y para ellos, y el de quienes, a pesar de sus límites y debilidades, tratan de vivir su fe con coherencia. Al mismo tiempo, todavía tenemos que buscar con mayor sensibilidad cómo encarnar el kerygma en el lenguaje que hablan los jóvenes de hoy.

212. Con respecto al crecimiento, quiero hacer una importante advertencia. En algunos lugares ocurre que, después de haber provocado en los jóvenes una intensa experiencia de Dios, un encuentro con Jesús que tocó sus corazones, luego solamente les ofrecen encuentros de “formación” donde sólo se abordan cuestiones doctrinales y morales: sobre los males del mundo actual, sobre la Iglesia, sobre la Doctrina Social, sobre la castidad, sobre el matrimonio, sobre el control de la natalidad y sobre otros temas. 

El resultado es que muchos jóvenes se aburren, pierden el fuego del encuentro con Cristo y la alegría de seguirlo, muchos abandonan el camino y otros se vuelven tristes y negativos. Calmemos la obsesión por transmitir un cúmulo de contenidos doctrinales, y ante todo tratemos de suscitar y arraigar las grandes experiencias que sostienen la vida cristiana. Como decía Romano Guardini: «en la experiencia de un gran amor [...] todo cuanto acontece se convierte en un episodio dentro de su ámbito»[112].

213. Cualquier proyecto formativo, cualquier camino de crecimiento para los jóvenes, debe incluir ciertamente una formación doctrinal y moral. Es igualmente importante que esté centrado en dos grandes ejes: uno es la profundización del kerygma, la experiencia fundante del encuentro con Dios a través de Cristo muerto y resucitado. El otro es el crecimiento en el amor fraterno, en la vida comunitaria, en el servicio.

214. Insistí mucho sobre esto en Evangelii gaudium y creo que es oportuno recordarlo. Por una parte, sería un grave error pensar que en la pastoral juvenil «el kerygma es abandonado en pos de una formación supuestamente más “sólida”. Nada hay más sólido, más profundo, más seguro, más denso y más sabio que ese anuncio. Toda formación cristiana es ante todo la profundización del kerygma que se va haciendo carne cada vez más y mejor»[113]. 

Por consiguiente, la pastoral juvenil siempre debe incluir momentos que ayuden a renovar y profundizar la experiencia personal del amor de Dios y de Jesucristo vivo. Lo hará con diversos recursos: testimonios, canciones, momentos de adoración, espacios de reflexión espiritual con la Sagrada Escritura, e incluso con diversos estímulos a través de las redes sociales. Pero jamás debe sustituirse esta experiencia gozosa de encuentro con el Señor por una suerte de “adoctrinamiento”.

215. Por otra parte, cualquier plan de pastoral juvenil debe incorporar claramente medios y recursos variados para ayudar a los jóvenes a crecer en la fraternidad, a vivir como hermanos, a ayudarse mutuamente, a crear comunidad, a servir a los demás, a estar cerca de los pobres. Si el amor fraterno es el «mandamiento nuevo» (Jn 13,34), si es «la plenitud de la Ley» (Rm 13,10), si es lo que mejor manifiesta nuestro amor a Dios, entonces debe ocupar un lugar relevante en todo plan de formación y crecimiento de los jóvenes.

Notas a pié de página:

[111] DF 123.


[112] La esencia del cristianismo, ed. Cristiandad, Madrid 2002, 17.

[113] N. 165: AAS 105 (2013), 1089.

martes, 17 de marzo de 2020

TEMA 212. CRISTO VIVE. CAPITULO VI. JOVENES CON RAICES


Introducción 

179. A veces he visto árboles jóvenes, bellos, que elevaban sus ramas al cielo buscando siempre más, y parecían un canto de esperanza. Más adelante, después de una tormenta, los encontré caídos, sin vida. Porque tenían pocas raíces, habían desplegado sus ramas sin arraigarse bien en la tierra, y así sucumbieron ante los embates de la naturaleza. 

Por eso me duele ver que algunos les propongan a los jóvenes construir un futuro sin raíces, como si el mundo comenzara ahora. Porque «es imposible que alguien crezca si no tiene raíces fuertes que ayuden a estar bien sostenido y agarrado a la tierra. Es fácil “volarse” cuando no hay desde donde agarrarse, de donde sujetarse»[98].

Que no te arranquen de la tierra

180. Esta no es una cuestión secundaria, y me parece bueno dedicarle un breve capítulo. Comprender esto permite distinguir la alegría de la juventud de un falso culto a la juventud que algunos utilizan para seducir a los jóvenes y utilizarlos para sus fines.

181. Piensen esto: si una persona les hace una propuesta y les dice que ignoren la historia, que no recojan la experiencia de los mayores, que desprecien todo lo pasado y que sólo miren el futuro que él les ofrece, ¿no es una forma fácil de atraparlos con su propuesta para que solamente hagan lo que él les dice? Esa persona los necesita vacíos, desarraigados, desconfiados de todo, para que sólo confíen en sus promesas y se sometan a sus planes. 

Así funcionan las ideologías de distintos colores, que destruyen (o de-construyen) todo lo que sea diferente y de ese modo pueden reinar sin oposiciones. Para esto necesitan jóvenes que desprecien la historia, que rechacen la riqueza espiritual y humana que se fue transmitiendo a lo largo de las generaciones, que ignoren todo lo que los ha precedido.

182. Al mismo tiempo, los manipuladores utilizan otro recurso: una adoración de la juventud, como si todo lo que no sea joven se convirtiera en detestable y caduco. El cuerpo joven se vuelve el símbolo de este nuevo culto, y entonces todo lo que tenga que ver con ese cuerpo se idolatra y se desea sin límites, y lo que no sea joven se mira con desprecio. Pero es un arma que en primer lugar termina degradando a los jóvenes, los vacía de valores reales, los utiliza para obtener beneficios personales, económicos o políticos.

183. Queridos jóvenes, no acepten que usen su juventud para fomentar una vida superficial, que confunde la belleza con la apariencia. Mejor sepan descubrir que hay hermosura en el trabajador que vuelve a su casa sucio y desarreglado, pero con la alegría de haber ganado el pan de sus hijos. 

Hay una belleza extraordinaria en la comunión de la familia junto a la mesa y en el pan compartido con generosidad, aunque la mesa sea muy pobre. Hay hermosura en la esposa despeinada y casi anciana, que permanece cuidando a su esposo enfermo más allá de sus fuerzas y de su propia salud. Aunque haya pasado la primavera del noviazgo, hay hermosura en la fidelidad de las parejas que se aman en el otoño de la vida, en esos viejitos que caminan de la mano. 

Hay hermosura, más allá de la apariencia o de la estética de moda, en cada hombre y en cada mujer que viven con amor su vocación personal, en el servicio desinteresado por la comunidad, por la patria, en el trabajo generoso por la felicidad de la familia, comprometidos en el arduo trabajo anónimo y gratuito de restaurar la amistad social. Descubrir, mostrar y resaltar esta belleza, que se parece a la de Cristo en la cruz, es poner los cimientos de la verdadera solidaridad social y de la cultura del encuentro.

184. Junto con las estrategias del falso culto a la juventud y a la apariencia, hoy se promueve una espiritualidad sin Dios, una afectividad sin comunidad y sin compromiso con los que sufren, un miedo a los pobres vistos como seres peligrosos, y una serie de ofertas que pretenden hacerles creer en un futuro paradisíaco que siempre se postergará para más adelante. 

No quiero proponerles eso, y con todo mi afecto quiero advertirles que no se dejen dominar por esta ideología que no los volverá más jóvenes, sino que los convertirá en esclavos. Les propongo otro camino, hecho de libertad, de entusiasmo, de creatividad, de horizontes nuevos, pero cultivando al mismo tiempo esas raíces que alimentan y sostienen.

185. En esta línea, quiero destacar que «numerosos Padres sinodales provenientes de contextos no occidentales señalan que en sus países la globalización conlleva auténticas formas de colonización cultural, que desarraigan a los jóvenes de la pertenencia a las realidades culturales y religiosas de las que provienen. Es necesario un compromiso de la Iglesia para acompañarlos en este paso sin que pierdan los rasgos más valiosos de su identidad»[99].

186. Hoy vemos una tendencia a “homogeneizar” a los jóvenes, a disolver las diferencias propias de su lugar de origen, a convertirlos en seres manipulables hechos en serie. Así se produce una destrucción cultural, que es tan grave como la desaparición de las especies animales y vegetales[100]. Por eso, en un mensaje a jóvenes indígenas, reunidos en Panamá, los exhorté a «hacerse cargo de las raíces, porque de las raíces viene la fuerza que los va a hacer crecer, florecer y fructificar»[101].

Tu relación con los ancianos

187. En el Sínodo se expresó que «los jóvenes están proyectados hacia el futuro y afrontan la vida con energía y dinamismo. Sin embargo […] a veces suelen prestar poca atención a la memoria del pasado del que provienen, en particular a los numerosos dones que les han transmitido sus padres y abuelos, al bagaje cultural de la sociedad en la que viven. 

Ayudar a los jóvenes a descubrir la riqueza viva del pasado, haciendo memoria y sirviéndose de este para las propias decisiones y posibilidades, es un verdadero acto de amor hacia ellos, en vista de su crecimiento y de las decisiones que deberán tomar»[102].

188. La Palabra de Dios recomienda no perder el contacto con los ancianos, para poder recoger su experiencia: «Acude a la reunión de los ancianos, y si encuentras a un sabio júntate a él […]. Si ves a un hombre prudente, madruga para buscarlo, que tus pies desgasten el umbral de su puerta» (Si 6,34.36). En todo caso, los largos años que ellos vivieron y todo lo que han pasado en la vida, deben llevarnos a mirarlos con respeto: «Ponte de pie ante el hombre de canas» (Lv 19,32). Porque «la fuerza es el adorno de los jóvenes, las canas son el honor de los ancianos» (Pr 20,29).

189. La Biblia nos pide: «Escucha a tu padre que te dio la vida, y no desprecies a tu madre cuando sea anciana» (Pr 23,22). El mandato de honrar al padre y a la madre «es el primer mandamiento que va acompañado de una promesa» (Ef 6,2; cf. Ex 20,12; Dt 5,16; Lv 19,3), y la promesa es: «serás feliz y se prolongará tu vida sobre la tierra» (Ef 6,3).

190. Esto no significa que tengas que estar de acuerdo con todo lo que ellos dicen, ni que debas aprobar todas sus acciones. Un joven siempre debería tener un espíritu crítico. San Basilio Magno, refiriéndose a los antiguos autores griegos, recomendaba a los jóvenes que los estimasen, pero que acogieran sólo lo bueno que pudieran enseñarles.[103] Se trata simplemente de estar abiertos para recoger una sabiduría que se comunica de generación en generación, que puede convivir con algunas miserias humanas, y que no tiene por qué desaparecer ante las novedades del consumo y del mercado.

191. Al mundo nunca le sirvió ni le servirá la ruptura entre generaciones. Son los cantos de sirena de un futuro sin raíces, sin arraigo. Es la mentira que te hace creer que sólo lo nuevo es bueno y bello. La existencia de las relaciones intergeneracionales implica que en las comunidades se posea una memoria colectiva, pues cada generación retoma las enseñanzas de sus antecesores, dejando así un legado a sus sucesores. Esto constituye marcos de referencia para cimentar sólidamente una sociedad nueva. Como dice el refrán: “Si el joven supiese y el viejo pudiese, no habría cosa que no se hiciese”.

Sueños y visiones

192. En la profecía de Joel encontramos un anuncio que nos permite entender esto de una manera muy bella. Dice así: «Derramaré mi Espíritu sobre toda carne y sus hijos y sus hijas profetizarán, y sus jóvenes verán visiones y sus ancianos soñarán sueños» (Jl 3,1; cf. Hch 2,17). Si los jóvenes y los viejos se abren al Espíritu Santo, ambos producen una combinación maravillosa. Los ancianos sueñan y los jóvenes ven visiones. ¿Cómo se complementan ambas cosas?

193. Los ancianos tienen sueños construidos con recuerdos, con imágenes de tantas cosas vividas, con la marca de la experiencia y de los años. Si los jóvenes se arraigan en esos sueños de los ancianos logran ver el futuro, pueden tener visiones que les abren el horizonte y les muestran nuevos caminos. Pero si los ancianos no sueñan, los jóvenes ya no pueden mirar claramente el horizonte.

194. Es lindo encontrar entre lo que nuestros padres conservaron, algún recuerdo que nos permite imaginar lo que soñaron para nosotros nuestros abuelos y nuestras abuelas. Todo ser humano, aun antes de nacer, ha recibido de parte de sus abuelos como regalo, la bendición de un sueño lleno de amor y de esperanza: el de una vida mejor para él. Y si no lo tuvo de ninguno de sus abuelos, seguramente algún bisabuelo sí lo soñó y se alegró por él, contemplando en la cuna a sus hijos y luego a sus nietos. El sueño primero, el sueño creador de nuestro Padre Dios, precede y acompaña la vida de todos sus hijos. Hacer memoria de esta bendición, que se extiende de generación en generación, es una herencia preciosa que hay que saber conservar viva para poder transmitirla también nosotros.

195. Por eso es bueno dejar que los ancianos hagan largas narraciones, que a veces parecen mitológicas, fantasiosas –son sueños de viejos–, pero muchas veces están llenas de rica experiencia, de símbolos elocuentes, de mensajes ocultos. Esas narraciones requieren tiempo, que nos dispongamos gratuitamente a escuchar y a interpretar con paciencia, porque no entran en un mensaje de las redes sociales. Tenemos que aceptar que toda la sabiduría que necesitamos para la vida no puede encerrarse en los límites que imponen los actuales recursos de comunicación.

196. En el libro La sabiduría de los años[104], expresé algunos deseos en forma de pedidos. «¿Qué pido a los ancianos, entre los cuales me cuento yo mismo? Nos pido que seamos guardianes de la memoria. Los abuelos y las abuelas necesitamos formar un coro. Me imagino a los ancianos como el coro permanente de un importante santuario espiritual, en el que las oraciones de súplica y los cantos de alabanza sostienen a la comunidad entera que trabaja y lucha en el terreno de la vida»[105]. Es hermoso que «los jóvenes y las muchachas también, los viejos junto con los niños, alaben el nombre del Señor» (Sal 148,12-13).

197. ¿Qué podemos darles los ancianos? «A los jóvenes de hoy día que viven su propia mezcla de ambiciones heroicas y de inseguridades, podemos recordarles que una vida sin amor es una vida infecunda»[106]. ¿Qué podemos decirles? «A los jóvenes temerosos podemos decirles que la ansiedad frente al futuro puede ser vencida»[107]. ¿Qué podemos enseñarles? «A los jóvenes excesivamente preocupados de sí mismos podemos enseñarles que se experimenta mayor alegría en dar que en recibir, y que el amor no se demuestra sólo con palabras, sino también con obras»[108].

Arriesgar juntos

198. El amor que se da y que obra, tantas veces se equivoca. El que actúa, el que arriesga, quizás comete errores. Aquí, en este momento, puede resultar de interés traer el testimonio de María Gabriela Perin, huérfana de padre desde recién nacida que reflexiona cómo esto influyó en su vida, en una relación que no duró pero que la hizo madre y ahora abuela: «Lo que yo sé es que Dios crea historias. 

En su genialidad y su misericordia, Él toma nuestros triunfos y fracasos y teje hermosos tapices que están llenos de ironía. El reverso del tejido puede parecer desordenado con sus hilos enredados –los acontecimientos de nuestra vida– y tal vez sea ese lado con el que nos obsesionamos cuando tenemos dudas. 

Sin embargo, el lado bueno del tapiz muestra una historia magnífica, y ese es el lado que ve Dios»[109]. Cuando las personas mayores miran atentamente la vida, a menudo saben de modo instintivo lo que hay detrás de los hilos enredados y reconocen lo que Dios hace creativamente aun con nuestros errores.

199. Si caminamos juntos, jóvenes y ancianos, podremos estar bien arraigados en el presente, y desde aquí frecuentar el pasado y el futuro: frecuentar el pasado, para aprender de la historia y para sanar las heridas que a veces nos condicionan; frecuentar el futuro, para alimentar el entusiasmo, hacer germinar sueños, suscitar profecías, hacer florecer esperanzas. De ese modo, unidos, podremos aprender unos de otros, calentar los corazones, inspirar nuestras mentes con la luz del Evangelio y dar nueva fuerza a nuestras manos.

200. Las raíces no son anclas que nos atan a otras épocas y nos impiden encarnarnos en el mundo actual para hacer nacer algo nuevo. Son, por el contrario, un punto de arraigo que nos permite desarrollarnos y responder a los nuevos desafíos. Entonces tampoco sirve «que nos sentemos a añorar tiempos pasados; hemos de asumir con realismo y amor nuestra cultura y llenarla de Evangelio. Somos enviados hoy para anunciar la Buena Noticia de Jesús a los tiempos nuevos. Hemos de amar nuestra hora con sus posibilidades y riesgos, con sus alegrías y dolores, con sus riquezas y sus límites, con sus aciertos y sus errores»[110].

201. En el Sínodo, uno de los jóvenes auditores proveniente de las islas Samoa, dijo que la Iglesia es una canoa, en la cual los viejos ayudan a mantener la dirección interpretando la posición de las estrellas, y los jóvenes reman con fuerza imaginando lo que les espera más allá. No nos dejemos llevar ni por los jóvenes que piensan que los adultos son un pasado que ya no cuenta, que ya caducó, ni por los adultos que creen saber siempre cómo deben comportarse los jóvenes. Mejor subámonos todos a la misma canoa y entre todos busquemos un mundo mejor, bajo el impulso siempre nuevo del Espíritu Santo.

Notas a pie de página:

[98] Discurso en la Vigilia con los jóvenes en la XXXIV Jornada Mundial de la Juventud en Panamá (26 enero 2019): L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (1 febrero 2019), p. 13.


[99] DF 14.

[100] Cf. Carta enc. Laudato si’ (24 mayo 2015), 145: AAS 107 (2015), 906.

[101] Videomensaje para el Encuentro Mundial de la Juventud Indígena en Panamá (17-21 enero 2019): L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (25 enero 2019), p. 10.

[102] DF 35.

[103] Cf. Carta a los jóvenes, I, 2: PG 31, 566.

[104] Cf. Papa Francisco y amigos, La sabiduría de los años, ed. Mensajero, Bilbao 2018.

[105] Ibíd., 12.

[106] Ibíd., 13.

[107] Ibíd.

[108] Ibíd.

[109] Ibíd., 162-163.

[110] Eduardo Pironio, Mensaje a los jóvenes argentinos en el Encuentro Nacional de Jóvenes en Córdoba (12-15 septiembre 1985), 2.



martes, 3 de marzo de 2020

TEMA 211. CRISTO VIVE. CAPITULO V. CAMINOS DE JUVENTUD (3)


Jóvenes comprometidos

168. Es verdad que a veces, frente a un mundo tan lleno de violencia y egoísmo, los jóvenes pueden correr el riesgo de encerrarse en pequeños grupos, y así privarse de los desafíos de la vida en sociedad, de un mundo amplio, desafiante y necesitado. Sienten que viven el amor fraterno, pero quizás su grupo se convirtió en una mera prolongación de su yo. 

Esto se agrava si la vocación del laico se concibe sólo como un servicio al interno de la Iglesia (lectores, acólitos, catequistas, etc.), olvidando que la vocación laical es ante todo la caridad en la familia, la caridad social y la caridad política: es un compromiso concreto desde la fe para la construcción de una sociedad nueva, es vivir en medio del mundo y de la sociedad para evangelizar sus diversas instancias, para hacer crecer la paz, la convivencia, la justicia, los derechos humanos, la misericordia, y así extender el Reino de Dios en el mundo.

169. Propongo a los jóvenes ir más allá de los grupos de amigos y construir la «amistad social, buscar el bien común. La enemistad social destruye. Y una familia se destruye por la enemistad. Un país se destruye por la enemistad. El mundo se destruye por la enemistad. Y la enemistad más grande es la guerra. Y hoy día vemos que el mundo se está destruyendo por la guerra. Porque son incapaces de sentarse y hablar […]. 

Sean capaces de crear la amistad social»[90]. No es fácil, siempre hay que renunciar a algo, hay que negociar, pero si lo hacemos pensando en el bien de todos podremos alcanzar la magnífica experiencia de dejar de lado las diferencias para luchar juntos por algo común. Si logramos buscar puntos de coincidencia en medio de muchas disidencias, en ese empeño artesanal y a veces costoso de tender puentes, de construir una paz que sea buena para todos, ese es el milagro de la cultura del encuentro que los jóvenes pueden atreverse a vivir con pasión.

170. El Sínodo reconoció que «aunque de forma diferente respecto a las generaciones pasadas, el compromiso social es un rasgo específico de los jóvenes de hoy. Al lado de algunos indiferentes, hay muchos otros dispuestos a comprometerse en iniciativas de voluntariado, ciudadanía activa y solidaridad social, que hay que acompañar y alentar para que emerjan los talentos, las competencias y la creatividad de los jóvenes y para incentivar que asuman responsabilidades. 

El compromiso social y el contacto directo con los pobres siguen siendo una ocasión fundamental para descubrir o profundizar la fe y discernir la propia vocación […]. Se señaló también la disponibilidad al compromiso en el campo político para la construcción del bien común»[91].

171. Hoy, gracias a Dios, los grupos de jóvenes en parroquias, colegios, movimientos o grupos universitarios suelen salir a acompañar ancianos y enfermos, o visitan barrios pobres, o salen juntos a auxiliar a los indigentes en las llamadas “noches de la caridad”. Con frecuencia ellos reconocen que en estas tareas es más lo que reciben que lo que dan, porque se aprende y se madura mucho cuando uno se atreve a tomar contacto con el sufrimiento de los otros. Además, en los pobres hay una sabiduría oculta, y ellos, con palabras simples, pueden ayudarnos a descubrir valores que no vemos.

172. Otros jóvenes participan en programas sociales orientados a la construcción de casas para los que no tienen techo, o al saneamiento de lugares contaminados, o a la recolección de ayudas para los más necesitados. 

Sería bueno que esa energía comunitaria se aplicara no sólo a acciones esporádicas sino de una manera estable, con objetivos claros y una buena organización que ayude a realizar una tarea más continuada y eficiente. 

Los universitarios pueden unirse de manera interdisciplinar para aplicar su saber a la resolución de problemas sociales, y en esta tarea pueden trabajar codo a codo con jóvenes de otras Iglesias o de otras religiones.

173. Como en el milagro de Jesús, los panes y los peces de los jóvenes pueden multiplicarse (cf. Jn 6,4-13). Igual que en la parábola, las pequeñas semillas de los jóvenes se convierten en árbol y cosecha (cf. Mt 13,23.31-32). Todo ello desde la fuente viva de la Eucaristía, en la cual nuestro pan y nuestro vino se transfiguran para darnos Vida eterna. Se les pide a los jóvenes una tarea inmensa y difícil. 

Con la fe en el Resucitado, podrán enfrentarla con creatividad y esperanza, y ubicándose siempre en el lugar del servicio, como los sirvientes de aquella boda, sorprendidos colaboradores del primer signo de Jesús, que sólo siguieron la consigna de su Madre: «Hagan lo que Él les diga» (Jn 2,5). Misericordia, creatividad y esperanza hacen crecer la vida.

174. Quiero alentarte a este compromiso, porque sé que «tu corazón, corazón joven, quiere construir un mundo mejor. Sigo las noticias del mundo y veo que tantos jóvenes, en muchas partes del mundo, han salido por las calles para expresar el deseo de una civilización más justa y fraterna. Los jóvenes en la calle. Son jóvenes que quieren ser protagonistas del cambio. 

Por favor, no dejen que otros sean los protagonistas del cambio. Ustedes son los que tienen el futuro. Por ustedes entra el futuro en el mundo. A ustedes les pido que también sean protagonistas de este cambio. Sigan superando la apatía y ofreciendo una respuesta cristiana a las inquietudes sociales y políticas que se van planteando en diversas partes del mundo. 

Les pido que sean constructores del futuro, que se metan en el trabajo por un mundo mejor. Queridos jóvenes, por favor, no balconeen la vida, métanse en ella. Jesús no se quedó en el balcón, se metió; no balconeen la vida, métanse en ella como hizo Jesús»[92]. Pero sobre todo, de una manera o de otra, sean luchadores por el bien común, sean servidores de los pobres, sean protagonistas de la revolución de la caridad y del servicio, capaces de resistir las patologías del individualismo consumista y superficial.

Misioneros valientes

175. Enamorados de Cristo, los jóvenes están llamados a dar testimonio del Evangelio en todas partes, con su propia vida. San Alberto Hurtado decía que «ser apóstoles no significa llevar una insignia en el ojal de la chaqueta; no significa hablar de la verdad, sino vivirla, encarnarse en ella, transformarse en Cristo. Ser apóstol no es llevar una antorcha en la mano, poseer la luz, sino ser la luz [...]. El Evangelio [...] más que una lección es un ejemplo. El mensaje convertido en vida viviente»[93].

176. El valor del testimonio no significa que se deba callar la palabra. ¿Por qué no hablar de Jesús, por qué no contarles a los demás que Él nos da fuerzas para vivir, que es bueno conversar con Él, que nos hace bien meditar sus palabras? Jóvenes, no dejen que el mundo los arrastre a compartir sólo las cosas malas o superficiales. Ustedes sean capaces de ir contracorriente y sepan compartir a Jesús, comuniquen la fe que Él les regaló. Ojalá puedan sentir en el corazón el mismo impulso irresistible que movía a san Pablo cuando decía: «¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!» (1 Co 9,16).

177. «¿Adónde nos envía Jesús? No hay fronteras, no hay límites: nos envía a todos. El Evangelio no es para algunos sino para todos. No es sólo para los que nos parecen más cercanos, más receptivos, más acogedores. Es para todos. No tengan miedo de ir y llevar a Cristo a cualquier ambiente, hasta las periferias existenciales, también a quien parece más lejano, más indiferente. 

El Señor busca a todos, quiere que todos sientan el calor de su misericordia y de su amor»[94]. Y nos invita a ir sin miedo con el anuncio misionero, allí donde nos encontremos y con quien estemos, en el barrio, en el estudio, en el deporte, en las salidas con los amigos, en el voluntariado o en el trabajo, siempre es bueno y oportuno compartir la alegría del Evangelio. Así es como el Señor se va acercando a todos. Y a ustedes, jóvenes, los quiere como sus instrumentos para derramar luz y esperanza, porque quiere contar con vuestra valentía, frescura y entusiasmo.

178. No cabe esperar que la misión sea fácil y cómoda. Algunos jóvenes dieron su vida con tal de no frenar su impulso misionero. Los Obispos de Corea expresaron: «Esperamos que podamos ser granos de trigo e instrumentos para la salvación de la humanidad, siguiendo el ejemplo de los mártires. Aunque nuestra fe es tan pequeña como una semilla de mostaza, Dios le dará crecimiento y la utilizará como un instrumento para su obra de salvación»[95]. 

Amigos, no esperen a mañana para colaborar en la transformación del mundo con su energía, su audacia y su creatividad. La vida de ustedes no es un “mientras tanto”. Ustedes son el ahora de Dios, que los quiere fecundos[96]. Porque «es dando como se recibe»[97], y la mejor manera de preparar un buen futuro es vivir bien el presente con entrega y generosidad.

Notas a pie de página:

[90] Saludo a los jóvenes del Centro Cultural Padre Félix Varela en La Habana (20 septiembre 2015): L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (25 septiembre 2015), p. 5.


[91] DF 46.


[93] Ustedes son la luz del mundo, Discurso en el Cerro San Cristóbal, Chile, 1940, en: https://www.padrealbertohurtado.cl/escritos-2/.


[95] Conferencia Episcopal de Corea, Carta pastoral con motivo del 150 aniversario del martirio durante la persecución Byeong-in (30 marzo 2016).

[96] Cf. Homilía en la Santa Misa para la XXXIV Jornada Mundial de la Juventud en Panamá (27 enero 2019): L’Osservatore Romano, ed. semanalen lengua española (1 febrero 2019), pp. 14-15.

[97] Oración “Señor, hazme un instrumento de tu paz”, atribuida a S. Francisco de Asís.