viernes, 14 de octubre de 2011

TEMA 41 (II) ARRAIGADOS Y EDIFICADOS EN CRISTO, FIRMES EN LA FE.

MENSAJE DEL SANTO PADREBENEDICTO XVIPARA LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 2011

“Arraigados y edificados en Cristo,firmes en la fe”(cf. Col 2, 7)

(2ªparte)


3. Firmes en la fe

Estad «arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2, 7). La carta de la cual está tomada esta invitación, fue escrita por san Pablo para responder a una necesidad concreta de los cristianos de la ciudad de Colosas. Aquella comunidad, de hecho, estaba amenazada por la influencia de ciertas tendencias culturales de la época, que apartaban a los fieles del Evangelio. Nuestro contexto cultural, queridos jóvenes, tiene numerosas analogías con el de los colosenses de entonces.

En efecto, hay una fuerte corriente de pensamiento laicista que quiere apartar a Dios de la vida de las personas y la sociedad, planteando e intentando crear un “paraíso” sin Él. Pero la experiencia enseña que el mundo sin Dios se convierte en un “infierno”, donde prevalece el egoísmo, las divisiones en las familias, el odio entre las personas y los pueblos, la falta de amor, alegría y esperanza.

En cambio, cuando las personas y los pueblos acogen la presencia de Dios, le adoran en verdad y escuchan su voz, se construye concretamente la civilización del amor, donde cada uno es respetado en su dignidad y crece la comunión, con los frutos que esto conlleva.

Hay cristianos que se dejan seducir por el modo de pensar laicista, o son atraídos por corrientes religiosas que les alejan de la fe en Jesucristo. Otros, sin dejarse seducir por ellas, sencillamente han dejado que se enfriara su fe, con las inevitables consecuencias negativas en el plano moral.

El apóstol Pablo recuerda a los hermanos, contagiados por las ideas contrarias al Evangelio, el poder de Cristo muerto y resucitado. Este misterio es el fundamento de nuestra vida, el centro de la fe cristiana. Todas las filosofías que lo ignoran, considerándolo “necedad” (1 Co 1, 23), muestran sus límites ante las grandes preguntas presentes en el corazón del hombre. Por ello, también yo, como Sucesor del apóstol Pedro, deseo confirmaros en la fe (cf. Lc 22, 32).

Creemos firmemente que Jesucristo se entregó en la Cruz para ofrecernos su amor; en su pasión, soportó nuestros sufrimientos, cargó con nuestros pecados, nos consiguió el perdón y nos reconcilió con Dios Padre, abriéndonos el camino de la vida eterna. De este modo, hemos sido liberados de lo que más atenaza nuestra vida: la esclavitud del pecado, y podemos amar a todos, incluso a los enemigos, y compartir este amor con los hermanos más pobres y en dificultad.

Queridos amigos, la cruz a menudo nos da miedo, porque parece ser la negación de la vida. En realidad, es lo contrario. Es el “sí” de Dios al hombre, la expresión máxima de su amor y la fuente de donde mana la vida eterna. De hecho, del corazón de Jesús abierto en la cruz ha brotado la vida divina, siempre disponible para quien acepta mirar al Crucificado.

Por eso, quiero invitaros a acoger la cruz de Jesús, signo del amor de Dios, como fuente de vida nueva. Sin Cristo, muerto y resucitado, no hay salvación. Sólo Él puede liberar al mundo del mal y hacer crecer el Reino de la justicia, la paz y el amor, al que todos aspiramos.

4. Creer en Jesucristo sin verlo

En el Evangelio se nos describe la experiencia de fe del apóstol Tomás cuando acoge el misterio de la cruz y resurrección de Cristo. Tomás, uno de los doce apóstoles, siguió a Jesús, fue testigo directo de sus curaciones y milagros, escuchó sus palabras, vivió el desconcierto ante su muerte. En la tarde de Pascua, el Señor se aparece a los discípulos, pero Tomás no está presente, y cuando le cuentan que Jesús está vivo y se les ha aparecido, dice: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo» (Jn 20, 25).

También nosotros quisiéramos poder ver a Jesús, poder hablar con Él, sentir más intensamente aún su presencia. A muchos se les hace hoy difícil el acceso a Jesús. Muchas de las imágenes que circulan de Jesús, y que se hacen pasar por científicas, le quitan su grandeza y la singularidad de su persona.

Por ello, a lo largo de mis años de estudio y meditación, fui madurando la idea de transmitir en un libro algo de mi encuentro personal con Jesús, para ayudar de alguna forma a ver, escuchar y tocar al Señor, en quien Dios nos ha salido al encuentro para darse a conocer.

De hecho, Jesús mismo, apareciéndose nuevamente a los discípulos después de ocho días, dice a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino creyente» (Jn 20, 27).

También para nosotros es posible tener un contacto sensible con Jesús, meter, por así decir, la mano en las señales de su Pasión, las señales de su amor. En los Sacramentos, Él se nos acerca en modo particular, se nos entrega. Queridos jóvenes, aprended a “ver”, a “encontrar” a Jesús en la Eucaristía, donde está presente y cercano hasta entregarse como alimento para nuestro camino; en el Sacramento de la Penitencia, donde el Señor manifiesta su misericordia ofreciéndonos siempre su perdón.

Reconoced y servid a Jesús también en los pobres y enfermos, en los hermanos que están en dificultad y necesitan ayuda.

Entablad y cultivad un diálogo personal con Jesucristo, en la fe. Conocedle mediante la lectura de los Evangelios y del Catecismo de la Iglesia Católica; hablad con Él en la oración, confiad en Él. Nunca os traicionará. «La fe es ante todo una adhesión personal del hombre a Dios; es al mismo tiempo e inseparablemente el asentimiento libre a toda la verdad que Dios ha revelado» (Catecismo de la Iglesia Católica, 150).

Así podréis adquirir una fe madura, sólida, que no se funda únicamente en un sentimiento religioso o en un vago recuerdo del catecismo de vuestra infancia. Podréis conocer a Dios y vivir auténticamente de Él, como el apóstol Tomás, cuando profesó abiertamente su fe en Jesús: «¡Señor mío y Dios mío!».

5. Sostenidos por la fe de la Iglesia, para ser testigos

En aquel momento Jesús exclama: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto» (Jn 20, 29). Pensaba en el camino de la Iglesia, fundada sobre la fe de los testigos oculares: los Apóstoles. Comprendemos ahora que nuestra fe personal en Cristo, nacida del diálogo con Él, está vinculada a la fe de la Iglesia: no somos creyentes aislados, sino que, mediante el Bautismo, somos miembros de esta gran familia, y es la fe profesada por la Iglesia la que asegura nuestra fe personal.

El Credo que proclamamos cada domingo en la Eucaristía nos protege precisamente del peligro de creer en un Dios que no es el que Jesús nos ha revelado: «Cada creyente es como un eslabón en la gran cadena de los creyentes. Yo no puedo creer sin ser sostenido por la fe de los otros, y por mi fe yo contribuyo a sostener la fe de los otros» (Catecismo de la Iglesia Católica, 166).

Agradezcamos siempre al Señor el don de la Iglesia; ella nos hace progresar con seguridad en la fe, que nos da la verdadera vida (cf. Jn 20, 31).

En la historia de la Iglesia, los santos y mártires han sacado de la cruz gloriosa la fuerza para ser fieles a Dios hasta la entrega de sí mismos; en la fe han encontrado la fuerza para vencer las propias debilidades y superar toda adversidad. De hecho, como dice el apóstol Juan: «¿quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?» (1 Jn 5, 5).

La victoria que nace de la fe es la del amor. Cuántos cristianos han sido y son un testimonio vivo de la fuerza de la fe que se expresa en la caridad. Han sido artífices de paz, promotores de justicia, animadores de un mundo más humano, un mundo según Dios; se han comprometido en diferentes ámbitos de la vida social, con competencia y profesionalidad, contribuyendo eficazmente al bien de todos.

La caridad que brota de la fe les ha llevado a dar un testimonio muy concreto, con la palabra y las obras. Cristo no es un bien sólo para nosotros mismos, sino que es el bien más precioso que tenemos que compartir con los demás.

En la era de la globalización, sed testigos de la esperanza cristiana en el mundo entero: son muchos los que desean recibir esta esperanza. Ante la tumba del amigo Lázaro, muerto desde hacía cuatro días, Jesús, antes de volver a llamarlo a la vida, le dice a su hermana Marta: «Si crees, verás la gloria de Dios» (Jn 11, 40). También vosotros, si creéis, si sabéis vivir y dar cada día testimonio de vuestra fe, seréis un instrumento que ayudará a otros jóvenes como vosotros a encontrar el sentido y la alegría de la vida, que nace del encuentro con Cristo.

6. Hacia la Jornada Mundial de Madrid

Queridos amigos, os reitero la invitación a asistir a la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid. Con profunda alegría, os espero a cada uno personalmente. Cristo quiere afianzaros en la fe por medio de la Iglesia.

La elección de creer en Cristo y de seguirle no es fácil. Se ve obstaculizada por nuestras infidelidades personales y por muchas voces que nos sugieren vías más fáciles. No os desaniméis, buscad más bien el apoyo de la comunidad cristiana, el apoyo de la Iglesia.

A lo largo de este año, preparaos intensamente para la cita de Madrid con vuestros obispos, sacerdotes y responsables de la pastoral juvenil en las diócesis, en las comunidades parroquiales, en las asociaciones y los movimientos. La calidad de nuestro encuentro dependerá, sobre todo, de la preparación espiritual, de la oración, de la escucha en común de la Palabra de Dios y del apoyo recíproco.

Queridos jóvenes, la Iglesia cuenta con vosotros. Necesita vuestra fe viva, vuestra caridad creativa y el dinamismo de vuestra esperanza. Vuestra presencia renueva la Iglesia, la rejuvenece y le da un nuevo impulso.

Por ello, las Jornadas Mundiales de la Juventud son una gracia no sólo para vosotros, sino para todo el Pueblo de Dios. La Iglesia en España se está preparando intensamente para acogeros y vivir la experiencia gozosa de la fe. Agradezco a las diócesis, las parroquias, los santuarios, las comunidades religiosas, las asociaciones y los movimientos eclesiales, que están trabajando con generosidad en la preparación de este evento. El Señor no dejará de bendecirles.

Que la Virgen María acompañe este camino de preparación. Ella, al anuncio del Ángel, acogió con fe la Palabra de Dios; con fe consintió que la obra de Dios se cumpliera en ella. Pronunciando su “fiat”, su “sí”, recibió el don de una caridad inmensa, que la impulsó a entregarse enteramente a Dios. Que Ella interceda por todos vosotros, para que en la próxima Jornada Mundial podáis crecer en la fe y en el amor. Os aseguro mi recuerdo paterno en la oración y os bendigo de corazón.

Vaticano, 6 de agosto de 2010, Fiesta de la Transfiguración del Señor. BENEDICTUS PP. XVI

PARA REFLEXIONAR

Firmes en la fe, creemos que Jesucristo se entregó en la Cruz para ofrecernos su amor; en su pasión, soportó nuestros sufrimientos, cargó con nuestros pecados, nos consiguió el perdón y nos reconcilió con Dios Padre, abriéndonos el camino de la vida eterna….Os invito a acoger la cruz de Jesús, signo del amor de Dios, como fuente de vida nueva. Sin Cristo muerto y resucitado, no hay salvación. Sólo Él puede liberar al mundo del mal y hacer crecer el Reino de la justicia, la paz y el amor…

Quisiéramos, como Tomás, meter la mano en las señales de su Pasión, las señales de su amor. Queridos jóvenes, aprended a “ver” a Cristo en los Sacramentos… en los pobres y enfermos…en los que están en dificultad y necesitan ayuda…. conocedle mediante la lectura de los Evangelios y del Catecismo… Hablad con el en la oración….confiad en Él.

No somos creyentes aislados, mediante el Bautismo, somos miembros de la Iglesia que asegura nuestra fe personal. Somos como un eslabón en la gran cadena de creyentes. Yo no puedo creer sin ser sostenido por la fe de los otros, y por mi fe yo contribuyo a sostener la fe de los otros.
Cristo es el bien más precioso que tenemos que compartir con los demás. Sed testigos de la esperanza cristiana en el mundo entero!...

domingo, 2 de octubre de 2011

TEMA 41 (I) ARRAIGADOS Y EDIFICADOS EN CRISTO, FIRMES EN LA FE.



MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
PARA LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 2011

“Arraigados y edificados en Cristo,firmes en la fe”(cf. Col 2, 7)

Queridos amigos

Pienso con frecuencia en la Jornada Mundial de la Juventud en Sidney, en el 2008. Allí vivimos una gran fiesta de la fe, en la que el Espíritu de Dios actuó con fuerza, creando una intensa comunión entre los participantes, venidos de todas las partes del mundo. Aquel encuentro, como los precedentes, ha dado frutos abundantes en la vida de muchos jóvenes y de toda la Iglesia.

Nuestra mirada se dirige ahora a la próxima Jornada Mundial de la Juventud, que tendrá lugar en Madrid, en el mes de agosto de 2011. Ya en 1989, algunos meses antes de la histórica caída del Muro de Berlín, la peregrinación de los jóvenes hizo un alto en España, en Santiago de Compostela. Ahora, en un momento en que Europa tiene que volver a encontrar sus raíces cristianas, hemos fijado nuestro encuentro en Madrid, con el lema: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2, 7).

Os invito a este evento tan importante para la Iglesia en Europa y para la Iglesia universal. Además, quisiera que todos los jóvenes, tanto los que comparten nuestra fe, como los que vacilan, dudan o no creen, puedan vivir esta experiencia, que puede ser decisiva para la vida: la experiencia del Señor Jesús resucitado y vivo, y de su amor por cada uno de nosotros.

1. En las fuentes de vuestras aspiraciones más grandes

En cada época, también en nuestros días, numerosos jóvenes sienten el profundo deseo de que las relaciones interpersonales se vivan en la verdad y la solidaridad. Muchos manifiestan la aspiración de construir relaciones auténticas de amistad, de conocer el verdadero amor, de fundar una familia unida, de adquirir una estabilidad personal y una seguridad real, que puedan garantizar un futuro sereno y feliz.

Al recordar mi juventud, veo que, en realidad, la estabilidad y la seguridad no son las cuestiones que más ocupan la mente de los jóvenes. Sí, la cuestión del lugar de trabajo, y con ello la de tener el porvenir asegurado, es un problema grande y apremiante, pero al mismo tiempo la juventud sigue siendo la edad en la que se busca una vida más grande. Al pensar en mis años de entonces, sencillamente, no queríamos perdernos en la mediocridad de la vida aburguesada. Queríamos lo que era grande, nuevo. Queríamos encontrar la vida misma en su inmensidad y belleza.

Ciertamente, eso dependía también de nuestra situación. Durante la dictadura nacionalsocialista y la guerra, estuvimos, por así decir, “encerrados” por el poder dominante. Por ello, queríamos salir afuera para entrar en la abundancia de las posibilidades del ser hombre. Pero creo que, en cierto sentido, este impulso de ir más allá de lo habitual está en cada generación.

Desear algo más que la cotidianidad regular de un empleo seguro y sentir el anhelo de lo que es realmente grande forma parte del ser joven. ¿Se trata sólo de un sueño vacío que se desvanece cuando uno se hace adulto? No, el hombre en verdad está creado para lo que es grande, para el infinito. Cualquier otra cosa es insuficiente.

San Agustín tenía razón: nuestro corazón está inquieto, hasta que no descansa en Ti. El deseo de la vida más grande es un signo de que Él nos ha creado, de que llevamos su “huella”. Dios es vida, y cada criatura tiende a la vida; en un modo único y especial, la persona humana, hecha a imagen de Dios, aspira al amor, a la alegría y a la paz.

Entonces comprendemos que es un contrasentido pretender eliminar a Dios para que el hombre viva. Dios es la fuente de la vida; eliminarlo equivale a separarse de esta fuente e, inevitablemente, privarse de la plenitud y la alegría: «sin el Creador la criatura se diluye» (Con. Ecum. Vaticano. II, Const. Gaudiuem et Spes, 36).

La cultura actual, en algunas partes del mundo, sobre todo en Occidente, tiende a excluir a Dios, o a considerar la fe como un hecho privado, sin ninguna relevancia en la vida social. Aunque el conjunto de los valores, que son el fundamento de la sociedad, provenga del Evangelio –como el sentido de la dignidad de la persona, de la solidaridad, del trabajo y de la familia–, se constata una especie de “eclipse de Dios”, una cierta amnesia, más aún, un verdadero rechazo del cristianismo y una negación del tesoro de la fe recibida, con el riesgo de perder aquello que más profundamente nos caracteriza.

Por este motivo, queridos amigos, os invito a intensificar vuestro camino de fe en Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo. Vosotros sois el futuro de la sociedad y de la Iglesia. Como escribía el apóstol Pablo a los cristianos de la ciudad de Colosas, es vital tener raíces y bases sólidas.

Esto es verdad, especialmente hoy, cuando muchos no tienen puntos de referencia estables para construir su vida, sintiéndose así profundamente inseguros. El relativismo que se ha difundido, y para el que todo da lo mismo y no existe ninguna verdad, ni un punto de referencia absoluto, no genera verdadera libertad, sino inestabilidad, desconcierto y un conformismo con las modas del momento.

Vosotros, jóvenes, tenéis el derecho de recibir de las generaciones que os preceden puntos firmes para hacer vuestras opciones y construir vuestra vida, del mismo modo que una planta pequeña necesita un apoyo sólido hasta que crezcan sus raíces, para convertirse en un árbol robusto, capaz de dar fruto.

2. Arraigados y edificados en Cristo

Para poner de relieve la importancia de la fe en la vida de los creyentes, quisiera detenerme en tres términos que san Pablo utiliza en: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2, 7). Aquí podemos distinguir tres imágenes: “arraigado” evoca el árbol y las raíces que lo alimentan; “edificado” se refiere a la construcción; “firme” alude al crecimiento de la fuerza física o moral. Se trata de imágenes muy elocuentes. Antes de comentarlas, hay que señalar que en el texto original las tres expresiones, desde el punto de vista gramatical, están en pasivo: quiere decir, que es Cristo mismo quien toma la iniciativa de arraigar, edificar y hacer firmes a los creyentes.

La primera imagen es la del árbol, firmemente plantado en el suelo por medio de las raíces, que le dan estabilidad y alimento. Sin las raíces, sería llevado por el viento, y moriría. ¿Cuáles son nuestras raíces? Naturalmente, los padres, la familia y la cultura de nuestro país son un componente muy importante de nuestra identidad. La Biblia nos muestra otra más. El profeta Jeremías escribe: «Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza: será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto» (Jer 17, 7-8).

Echar raíces, para el profeta, significa volver a poner su confianza en Dios. De Él viene nuestra vida; sin Él no podríamos vivir de verdad. «Dios nos ha dado vida eterna y esta vida está en su Hijo» (1 Jn 5,11). Jesús mismo se presenta como nuestra vida (cf. Jn 14, 6). Por ello, la fe cristiana no es sólo creer en la verdad, sino sobre todo una relación personal con Jesucristo. El encuentro con el Hijo de Dios proporciona un dinamismo nuevo a toda la existencia. Cuando comenzamos a tener una relación personal con Él, Cristo nos revela nuestra identidad y, con su amistad, la vida crece y se realiza en plenitud.

Existe un momento en la juventud en que cada uno se pregunta: ¿qué sentido tiene mi vida, qué finalidad, qué rumbo debo darle? Es una fase fundamental que puede turbar el ánimo, a veces durante mucho tiempo. Se piensa cuál será nuestro trabajo, las relaciones sociales que hay que establecer, qué afectos hay que desarrollar… En este contexto, vuelvo a pensar en mi juventud. En cierto modo, muy pronto tomé conciencia de que el Señor me quería sacerdote. Pero más adelante, después de la guerra, cuando en el seminario y en la universidad me dirigía hacia esa meta, tuve que reconquistar esa certeza. Tuve que preguntarme: ¿es éste de verdad mi camino? ¿Es de verdad la voluntad del Señor para mí? ¿Seré capaz de permanecerle fiel y estar totalmente a disposición de Él, a su servicio? Una decisión así también causa sufrimiento. No puede ser de otro modo. Pero después tuve la certeza: ¡así está bien! Sí, el Señor me quiere, por ello me dará también la fuerza. Escuchándole, estando con Él, llego a ser yo mismo. No cuenta la realización de mis propios deseos, sino su voluntad. Así, la vida se vuelve auténtica.

Como las raíces del árbol lo mantienen plantado firmemente en la tierra, así los cimientos dan a la casa una estabilidad perdurable. Mediante la fe, estamos arraigados en Cristo (cf. Col 2, 7), así como una casa está construida sobre los cimientos.

En la historia sagrada tenemos numerosos ejemplos de santos que han edificado su vida sobre la Palabra de Dios. El primero Abrahán. Nuestro padre en la fe obedeció a Dios, que le pedía dejar la casa paterna para encaminarse a un país desconocido. «Abrahán creyó a Dios y se le contó en su haber. Y en otro pasaje se le llama “amigo de Dios”» (St 2, 23).

Estar arraigados en Cristo significa responder concretamente a la llamada de Dios, fiándose de Él y poniendo en práctica su Palabra. Jesús mismo reprende a sus discípulos: «¿Por qué me llamáis: “¡Señor, Señor!”, y no hacéis lo que digo?» (Lc 6, 46).

Y recurriendo a la imagen de la construcción de la casa, añade: «El que se acerca a mí, escucha mis palabras y las pone por obra… se parece a uno que edificaba una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo tambalearla, porque estaba sólidamente construida» (Lc 6, 47-48).

Queridos amigos, construid vuestra casa sobre roca, como el hombre que “cavó y ahondó”. Intentad también vosotros acoger cada día la Palabra de Cristo. Escuchadle como al verdadero Amigo con quien compartir el camino de vuestra vida. Con Él a vuestro lado seréis capaces de afrontar con valentía y esperanza las dificultades, los problemas, también las desilusiones y los fracasos.

Continuamente se os presentarán propuestas más fáciles, pero vosotros mismos os daréis cuenta de que se revelan como engañosas, no dan serenidad ni alegría. Sólo la Palabra de Dios nos muestra la auténtica senda, sólo la fe que nos ha sido transmitida es la luz que ilumina el camino.

Acoged con gratitud este don espiritual que habéis recibido de vuestras familias y esforzaos por responder con responsabilidad a la llamada de Dios, convirtiéndoos en adultos en la fe. No creáis a los que os digan que no necesitáis a los demás para construir vuestra vida. Apoyaos, en cambio, en la fe de vuestros seres queridos, en la fe de la Iglesia, y agradeced al Señor el haberla recibido y haberla hecho vuestra.

PARA REFLEXIONAR

Arraigados en Cristo por la fe. El encuentro con el Hijo de Dios proporciona un dinamismo nuevo a toda la existencia. Cristo nos revela nuestra identidad y, con su amistad, la vida crece y se realiza con plenitud…..

Cuando las personas acogen la presencia de Dios, le adoran y escuchan su voz, se construye concretamente la civilización del amor, donde cada uno es respetado en su dignidad y crece la comunión…..

domingo, 25 de septiembre de 2011

PRESENTACIÓN CURSO 2011-2012

ESCUELA DE E-FORMACIÓN DEL MOVIMIENTO “CHRISTIFIDELES LAICI”
CURSO 2011-2012. “TÚ ERES PEDRO”

Queridos hermanos y hermanas del Movimiento Christifideles Laici y amigos que leéis este blog.
Iniciamos, a Dios gracias, el tercer curso de la escuela de e-formación.

En el primer curso “la Buena Noticia” los temas trataban sobre Dios Padre y su designio de redención para la humanidad realizado a través de su Hijo Cristo Jesús.
Los temas del segundo curso bajo el título “El Espíritu Santo y la Iglesia” trataban sobre el Espíritu Santo, las primeras comunidades cristianas, la transmisión de la fe, los sacramentos y la misión.
Este tercer curso lleva por nombre “Tú eres Pedro” ya que los temas que se trataran son discursos y textos escritos por los Santos Padres de la Iglesia. Por motivos de actualidad y teniendo muy presente la nueva evangelización se han escogido textos de los tres últimos Papas para este curso.

En el primer trimestre los temas recogen los diferentes discursos del Papa Benedicto XVI en la Jornada Mundial de la Juventud celebrada recientemente en Madrid (agosto 2011).

Extracto del mensaje del 6 de agosto de 2010 para la JMJ:

La fe cristiana no sólo es creer en la verdad, es sobre todo una relación personal con Cristo…. quisiéramos poder ver a Jesús, como Tomás, “trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente”.

También para nosotros es posible tener un contacto sensible con Jesús en los Sacramentos. Queridos jóvenes aprended a “ver” a “encontrar” a Jesús en la Eucaristía, donde se ofrece como alimento para nuestro camino, y en el sacramento dela Penitencia, donde el Señor manifiesta su misericordia ofreciéndonos siempre su perdón. Reconoced y servid a Jesús también en los pobres y en los enfermos, en los hermanos que están en dificultad y necesitan ayuda….

En el segundo trimestre los temas tratan la carta apostólica del Santo Padre Juan Pablo II “DIES DOMINI” SOBRE LA SANTIFICACIÓN DEL DOMINGO(31-mayo -1998), que nos recordarán y ayudarán a comprender la importancia del domingo para la vida del cristiano.

El domingo recuerda, en la sucesión semanal del tiempo, el día de la resurrección de Cristo. Es la Pascua de la semana, en la que se celebra la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, la realización en él de la primera creación y el inicio de la « nueva creación ». Es el día de la evocación adoradora y agradecida del primer día del mundo y a la vez la prefiguración, en la esperanza activa, del « último día », cuando Cristo vendrá en su gloria y « hará un mundo nuevo »….

« Sea bendito Aquél que ha elevado el gran día del domingo por encima de todos los días. Los cielos y la tierra, los ángeles y los hombres se entregan a la alegría » los cristianos viven el día semanal del Señor resucitado sobre todo como día de alegría. « El primer día de la semana, estad todos alegres », se lee en la Didascalia de los Apóstoles….

En el tercer trimestre se trata la exhortación apostólica de su santidad Pablo VI acerca de la EVANGELIZACIÓN EN EL MUNDO CONTEMPORÁNEO (8-12-1975) y enlaza con los temas de la JMJ y de “Dies domini” en el sentido de que el cristiano que vive su fe y la celebra es enviado a la misión “Ite, missa est”.

Quienes acogen con sinceridad la Buena Nueva, mediante tal acogida y la participación en la fe, se reúnen pues en el nombre de Jesús para buscar juntos el reino, construirlo, vivirlo. Ellos constituyen una comunidad que es a la vez evangelizadora. La orden dada a los Doce: "Id y proclamad la Buena Nueva", vale también, aunque de manera diversa, para todos los cristianos.

La Iglesia es depositaria de la Buena Nueva que debe ser anunciada, la conserva como un depósito viviente y precioso, no para tenerlo escondido, sino para comunicarlo. La Iglesia envía a los evangelizadores. Ella pone en su boca la Palabra que salva, les explica el mensaje del que ella misma es depositaria, les da el mandato que ella misma ha recibido y les envía a predicar. A predicar no a sí mismos o sus ideas personales, sino un Evangelio del que ni ellos ni ella son dueños y propietarios absolutos para disponer de él a su gusto, sino ministros para transmitirlo con suma fidelidad.

Con el deseo de que la formación nos ayude en la vivencia cristiana, os animo a seguir los temas con ilusión y constancia y a participar en el blog con vuestros comentarios y vivencias que queráis compartir con los hermanos.

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CALENDARIO DEL CURSO 2011-2012. "TU ERES PEDRO"

26/SET/2011 PRESENTACIÓN DEL CURSO Y CALENDARIO

LA JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD - MADRID 2011

03/OCT/2011 TEMA 41.1 “ARRAIGADOS Y EDIFICADOS EN CRISTO, FIRMES EN LA FE”. MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI PARA LA XXVI JMJ 2011

17/OCT/2011 TEMA 41.2 “ARRAIGADOS Y EDIFICADOS EN CRISTO, FIRMES EN LA FE”. (continuación)

31/OCT/2011 TEMA 42. JMJ. PALABRAS DE BENEDICTO XVI EL JUEVES 18 DE AGOSTO DE 2011

14/NOV/2011 TEMA 43. JMJ. PALABRAS DE BENEDICTO XVI EL VIERNES 19 DE AGOSTO DE 2011

28/NOV/2011 TEMA 44. JMJ. PALABRAS DE BENEDICTO XVI EL SABADO 20 DE AGOSTO DE 2011

12/DIC/2011 TEMA 45. JMJ. PALABRAS DE BENEDICTO XVI EL DOMINGO 21 DE AGOSTO DE 2011

CARTA APOSTÓLICA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II (31-MAYO_1998) “DIES DOMINI” SOBRE LA SANTIFICACIÓN DEL DOMINGO

09/ENE/2012 TEMA 46. DIES DOMINI. Día del Señor (I)

23/ENE/2012 TEMA 47. DIES DOMINI. Día del Señor (II)

06/FEB/2012 TEMA 48. DIES ECCLESIAE. Día de la Iglesia (I)

20/FEB/2012 TEMA 49. DIES ECCLESIAE. Día de la Iglesia (II)

05/MAR/2012 TEMA 50. DIES HOMINIS. Día del hombre

19/MAR/2012 TEMA 51. DIES DIERUM. El día de los días

EXHORTACIÓN APOSTÓLICA DE SU SANTIDAD PABLO VI (8-12-1975) “EVANGELI NUNTIANDI” ACERCA DE LA EVANGELIZACIÓN EN EL MUNDO CONTEMPORÁNEO

09/ABR/2012 TEMA 52. I DEL CRISTO EVANGELIZADOR A LA IGLESIA EVANGELIZADORA

23/ABR/2012 TEMA 53. II QUE ES EVANGELIZAR

07/MAY/2012 TEMA 54. III CONTENIDO DE LA EVANGELIZACIÓN

21/MAY/2012 TEMA 55. IV MEDIOS DE EVANGELIZACIÓN

4/JUN/2012 TEMA 56. V LOS DESTINATARIOS DE LA EVANGELIZACIÓN

11/JUN/2012 TEMA 57. VI LOS AGENTES DE LA DE EVANGELIZACIÓN

18/JUN/2012 FIN DE CURSO - TEMA 58. VII EL ESPÍRITU DE LA EVANGELIZACIÓN

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domingo, 5 de junio de 2011

FIN DE CURSO 2010 - 2011

ESCUELA DE E-FORMACIÓN DEL MOVIMIENTO CHRISTIFIDELES LAICI

Desde Pentecostés hasta hoy la Iglesia asistida por el Espíritu Santo lleva a cabo su misión de presentar la buena noticia a todo el que quiera acogerla. Son 2.000 años de historia, con muchas vicisitudes, pero a Dios gracias, nos ha llegado la fe que recibieron de Jesús los primeros apóstoles y que de generación en generación se ha ido transmitiendo.

La palabra de Dios, los sacramentos, la vida de oración son el alimento de la vida espiritual. Asistidos por el Espíritu Santo los fieles laicos son llamados a ejercitar las virtudes y dar como fruto obras buenas de amor, de justicia y de paz.

El Señor llama a los laicos!. Nos llama constantemente y a todas horas a trabajar en su viña para llevar la buena noticia de su reino al hombre de hoy!

Para finalizar este curso os transmito las palabras que el Santo Padre Juan Pablo II nos dirigió a los fieles laicos al inicio de su pontificado, y que hoy conservan la mayor actualidad:

No tengáis miedo!

Abrid de par en par las puertas de vuestro corazón a Cristo!
Sólo Cristo conoce lo que hay dentro de cada hombre!.


Permitid que Cristo hable al hombre! El hombre es amado por Dios! Es el simple y sorprendente anuncio del que la Iglesia es deudora respecto al hombre!

Id por todas partes a predicar el evangelio a todo hombre que no conoce todavía a Cristo, redentor de toda la humanidad!

Virgen del Magnificat, llena el corazón de los fieles laicos de reconocimiento y entusiasmo por esta vocación y para esta misión!

SS. Juan Pablo II

sábado, 4 de junio de 2011

TEMA 36. FIELES LAICOS. LA NUEVA EVANGELIZACIÓN (II)

EXPOSICIÓN: (extracto de la exhortación apostólica de SSJuan Pablo II: Christifideles laici)

IR A TRABAJAR A MI VIÑA. ÁMBITOS DE ACTUACIÓN

Los fieles laicos están llamados a vivir activamente su pertenencia a la Iglesia particular, asumiendo al mismo tiempo una amplitud de miras cada vez más "católica". Participando de la vida parroquial, pero también abiertos a participar en el ámbito interparroquial e interdiocesano, nacional o internacional.




LA PARROQUIA

La comunión eclesial encuentra su expresión más visible e inmediata en la parroquia, Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y de sus hijas. Es una comunidad eucarística en la que debe prevalecer el espíritu de familia de Dios, acogedora y con una fraternidad animada por el Espíritu de unidad. Con una inmensa tarea, indispensable y de gran actualidad: iniciar y congregar al pueblo cristiano en la normal expresión de la vida litúrgica, conservar y avivar la fe de la gente de hoy, darles la doctrina salvadora de Cristo y practicar en el sentimiento y las obras la caridad sencilla de las obras buenas y fraternas.

En este ámbito, los fieles laicos han de habituarse a trabajar en la parroquia en unión íntima con sus sacerdotes, ayudándoles en el ministerio de la palabra, en las oraciones litúrgicas, administrando el bautismo y dando la sagrada comunión. También participando activamente en la catequesis de niños, de jóvenes y adultos y de preparación para recibir los sacramentos.

Dinamizando los grupos de jóvenes y de matrimonios, colaborando con la Cáritas parroquial y con los diferentes voluntariados (visitar enfermos, visitar personas mayores, cursos para inmigrantes y otras iniciativas fraternas), en la búsqueda del hombre de hoy que se encuentra perdido y desorientado, y que en su corazón desea poder experimentar unas relaciones más fraternas y humanas.

COMPROMISO PERSONAL EN LA MISIÓN

De una manera personal, el fiel laico debe tener conciencia de ser un miembro de la Iglesia con una misión singular que sólo él puede realizar. Todos los fieles están llamados a dar testimonio de su fe haciendo su apostolado. De esta forma la irradiación del evangelio se hace extremadamente "capilar" y puede llegar a todos los ambientes ligados a la vida cotidiana de los laicos.

Los fieles laicos con esta irradiación "constante" y la coherencia de vida pueden llegar al corazón de sus vecinos, sus amigos o compañeros de trabajo, abriéndolo al sentido pleno de la existencia humana: la comunión con Dios y entre los hombres.




LOS MOVIMIENTOS DE LA IGLESIA

Esta actuación personal, encuentra una manifestación específica en el actuar asociado de los fieles laicos, que participan en una acción solidaria con otros fieles en la vida y la misión de la Iglesia.

En estos últimos tiempos el fenómeno asociativo laical se ha caracterizado por una particular variedad y vivacidad y ha visto nacer asociaciones, grupos, comunidades y movimientos. Con carismas diferentes, convergen en la misma finalidad: participar responsablemente en la misión que tiene la Iglesia de llevar a todos el evangelio de Cristo como fuente de esperanza para el hombre y de renovación para la sociedad.

En un mundo secularizado, los movimientos pueden representar, para muchos, una valiosa ayuda para llevar una vida cristiana coherente con las exigencias del evangelio y para comprometerse en una acción misionera y apostólica. Los estatutos y el espíritu de las asociaciones laicales de la Iglesia deben regirse por los criterios de eclesialidad: La vocación de cada miembro a la santidad, favoreciendo y alentando entre sus miembros una unidad más íntima entre la vida práctica y la fe, la responsabilidad de confesar la fe católica, el testimonio de una comunión firme y convencida en filial relación con el Papa y el obispo, la participación en la misión apostólica de la Iglesia, y el compromiso de tener presencia en la sociedad humana porque ésta se disponga al servicio de la dignidad integral del hombre.

Llamados a dar siempre más fruto, los cristianos de manera individual o asociada están llamados a madurar continuamente, a través de la vida de sacramentos, insertados en la vid que es Cristo, y a través de la formación integral permanente.

La formación cristiana es un continuo proceso personal de maduración de la fe y de la configuración con Cristo, según la voluntad del Padre, con la guía del Espíritu Santo. La formación de los fieles laicos tiene como objetivo fundamental descubrir la propia vocación de obreros de la viña, también debe ayudar a vivir la unidad entre fe cristiana y vida diaria. Una buena formación doctrinal permitirá dar mejor la razón de nuestra esperanza y permitirá el crecimiento en valores humanos.



LA FAMILIA

La expresión primera y originaria de la dimensión social de la persona es el matrimonio y la familia. La familia es la célula fundamental de la sociedad, cuna de la vida y del amor en que el hombre nace y crece. La familia es la Iglesia doméstica, lugar privilegiado donde los esposos comparten la fe y la transmiten a los hijos, unidos en el amor y en la oración.

En los tiempos actuales, proteger la familia se ha convertido en el primer campo para el compromiso social de los fieles laicos, para asegurar a la familia su papel de "lugar primario de humanización" de la persona y la sociedad.

EL ÁMBITO SOCIAL

Para animar cristianamente el orden temporal los fieles laicos que aman y sirven a la persona buscan la justicia en el orden social. No se desentienden de la política y buscan la promoción de la persona y el bien común. La acción social y política del fiel laico le lleva a trabajar por la libertad, la justicia, la paz y la solidaridad con una dedicación leal y desinteresada para el bien de todos, con un estilo de vida sencillo y un amor preferencial por los pobres y los últimos.

LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

Países enteros en los que en un tiempo la religión cristiana fue su signo de identidad están hoy sometidos a la dura prueba del indiferentismo, el secularismo y el ateísmo. El bienestar económico y el consumismo inspiran y sostienen una existencia vivida "como si no hubiera Dios".

Es del todo necesaria una nueva evangelización para rehacer el entramado cristiano de la sociedad humana. Para descubrir y hacer redescubrir la dignidad inviolable de cada persona humana.

Cada hombre está llamado a ser Hijo de Dios en Cristo y templo vivo del Espíritu Santo, su dignidad personal constituye el fundamento de la igualdad de todos los hombres entre sí. A los fieles laicos les corresponde testificar que la fe cristiana constituye la única respuesta plenamente válida a los problemas y expectativas que la vida plantea a cada hombre y a cada sociedad.


Enviados por el Espíritu a evangelizar (Obispo Lluis Martínez Sistach. Hoja dominical 31 de mayo 2009)

“Ayer y hoy, es el Espíritu Santo el que mueve los corazones de los laicos y laicas cristianos para que tomen mayor conciencia de su compromiso bautismal y colaboren activamente en la misión de la Iglesia.

El Espíritu Santo ocupa un lugar eminente en toda la vida de la Iglesia, y de una manera muy especial en la misión evangelizadora. Los laicos cristianos, movidos por el Espíritu, están llamados a ser testigos del Cristo en el apostolado, tanto de forma individual como asociada, y de esta manera participan en la misión misma de la Iglesia, según diversas modalidades de asociación y diversas formas de espiritualidad.

También hoy, la Iglesia, el Espíritu Santo manifiesta la gran riqueza de sus dones e inspira a los laicos las mejores maneras de hacer presentes las semillas del Evangelio en las estructuras de nuestro mundo de hoy”.


sábado, 21 de mayo de 2011

TEMA 35. FIELES LAICOS. LA NUEVA EVANGELIZACIÓN (I)

EXPOSICIÓN:
(extracto de la exhortación apostólica de SS Juan Pablo II: Christifideles laici)

IR A TRABAJAR EN MI VIÑA

"Hacia las nueve de la mañana salió otra vez y vio otros que estaban en la plaza, sin trabajo, y les dijo: "Id también vosotros a mi viña" ... (Mt 20, 3-4) Este llamamiento resuena constantemente en el transcurso de la historia se dirige a cada hombre que viene a este mundo. No se dirige sólo a los religiosos, los pastores y sacerdotes, sino que se dirige a todos.

Los fieles laicos son llamados personalmente por el Señor para trabajar en la viña a favor de la Iglesia y del mundo. Los laicos son invitados a unirse más íntimamente al Señor y participar de su misión salvadora.

SECULARISMO Y NECESIDAD DE LO RELIGIOSO

Fascinado por el desarrollo científico-técnico y por la tentación más antigua y siempre nueva de querer llegar a ser como Dios, haciendo uso de su libertad, el hombre arranca las raíces religiosas que están en su corazón, se olvida de Dios, lo rechaza y se pone a adorar los más diversos ídolos.

"Crecientes multitudes se alejan prácticamente de la Religión" y una creciente descristianización aflige a pueblos de antigua tradición cristiana, reclamando, sin dilación, una nueva evangelización.

La necesidad y la aspiración de lo religioso no puede suprimirse totalmente del corazón del hombre. Su conciencia lo lleva a interrogarse sobre el sentido de la existencia, del sufrimiento y de la muerte, abriéndose a una búsqueda religiosa y el retorno al sentido de lo sagrado y de la oración.

LA PERSONA HUMANA: UNA DIGNIDAD DESPRECIADA Y EXALTADA

Cuando no se reconoce la dignidad del hombre como imagen viviente de Dios, el hombre queda expuesto a las formas más humillantes de instrumentalización que lo convierten en un esclavo del "más fuerte" (ideología, poder del dinero, poder mediático).

Los derechos fundamentales de las personas son violados: el derecho a la vida, la integridad física, a tener una vivienda, un trabajo, a tener una familia y una paternidad responsable, a participar en la vida pública, el derecho a la libertad de conciencia y de libertad religiosa.

Pero al tener un indestructible fundamento en Dios creador y padre, la sacralidad de la persona vuelve a imponerse, de nuevo y siempre. Se debe preservar el sentido de la dignidad personal de cada ser humano.

Vivimos también en los tiempos de los humanismos, unos alienadores y otros exaltadores del hombre llegando a una verdadera idolatría. También es un signo de los tiempos la participación de las personas en la toma de decisiones políticas, culturales y sociales, y un creciente papel participativo de la mujer y del mundo juvenil.




TIEMPO DE CONFLICTIVIDAD Y BÚSQUEDA DE LA PAZ

La conflictividad es un fenómeno que caracteriza el tiempo actual y que lleva a la nefasta confrontación entre personas, naciones y bloques de naciones, que muchas veces se traduce en injusticia, violencia, terrorismo y guerra. La paz en la justicia es un bien irrenunciable que pide la implicación y la participación de todos, especialmente de la participación de los fieles laicos.

JESUCRISTO, ESPERANZA PARA LA HUMANIDAD

Esta es la viña en la que están llamados los trabajadores, enviados por el Señor a predicar que Jesucristo es la respuesta plena a todas las dificultades del hombre. Sostenidos por el Espíritu Santo los fieles laicos, juntos con los pastores y toda la Iglesia, presentan con su testimonio de palabra y de obras a Jesucristo redentor del hombre y portador de la alegría y la esperanza en el mundo.

FIELES LAICOS

Los fieles laicos viven en el mundo, implicados en todas las ocupaciones y trabajos y en las condiciones ordinarias de la vida familiar y social. Estudian, trabajan, tienen relaciones de amistad, sociales, profesionales, culturales, etc.

En este ámbito desarrollan su vocación cristiana, llamados por Dios a contribuir desde dentro, como levadura, a la santificación del mundo, con su testimonio de vida y con el fulgor de su fe, esperanza y caridad. Buscan el Reino de Dios tratando las realidades temporales y ordenándolas según Dios, llamados a vivir la santidad y ser sal de la tierra y luz del mundo.

Por el bautismo los fieles son integrados en el pueblo de Dios y participan a su manera del oficio sacerdotal, profético y de la realeza de Jesucristo y participan de la misión de la Iglesia formada por todo el pueblo cristiano. Insertados en Jesucristo, la verdadera vid, Cristo comunica vida y fecundidad a los sarmientos, los fieles laicos.

Sus obras, sus oraciones e iniciativas apostólicas, la vida familiar y conyugal, el trabajo cotidiano, el descanso corporal y espiritual, si son hechos en el Espíritu, incluso las mismas pruebas de la vida, se convierten en sacrificios espirituales aceptables a Dios por Jesucristo. Es en este sentido que el fiel laico participa en el oficio sacerdotal de Cristo.

Cuando proclaman el reino de Dios con su testimonio de vida y con el poder de la palabra participan del oficio profético de Cristo.

Cuando con su entrega sirven a la justicia, practican la caridad y luchan espiritualmente para vencer el pecado forman parte de la realeza de Cristo Señor y Rey del universo.

VIVIR LA SANTIDAD PERSONAL PARA SANTIFICAR EL MUNDO

Los fieles laicos están llamados al seguimiento y a la imitación de Cristo, escuchando la palabra de Dios, viviendo las bienaventuranzas, participando de la oración personal, familiar y comunitaria y de la vida litúrgica y sacramental de la Iglesia. Están interpelados a la unidad de vida, considerando las actividades de la vida cotidiana como ocasión de unión con Dios y de cumplimiento de su voluntad, así como también de servicio a los demás hombres, llevándolos a la comunión con Dios en Cristo.

Los fieles laicos están llamados a vivir la vocación de la santidad como un signo luminoso del infinito amor que Dios les da. Esta vocación a la santidad está íntimamente ligada a la misión apostólica y a la impetuosidad misionera, sólo cuando los sarmiento están insertados en la viña es cuando dan frutos. Igualmente son interpelados a vivir la comunión de los santos, incorporados a la vida de Cristo y con una idéntica caridad entre todos los fieles, los de este mundo y del cielo.

Esta comunión es por definición "orgánica", análoga a la de un ser vivo, caracterizada por la diversidad y la complementariedad de los miembros, con diferentes vocaciones y condiciones de vida, de ministerios, de carismas y de responsabilidades, animados todos por el único e idéntico Espíritu.

PARA REFLEXIONAR

¿Me siento llamado a trabajar en la viña del Señor? ...

¿Soy consciente de mi dignidad de fiel laico ...de participar en el oficio sacerdotal, profético y real de Cristo? ...

¿Procuro tener unidad de vida entre mi fe y mi actividad cotidiana?

¿Me siento llamado a la santidad? ... procuro avanzar en su camino .....

Os animo a participar con vuestros comentarios, pensamientos o vivencias, que nos enriquecen a todos!

sábado, 7 de mayo de 2011

TEMA 34. LA VOCACIÓN MATRIMONIAL

EXPOSICIÓN: (Párrafos extraídos del "libro de la Fe" de los Obispos de Bélgica)

LLAMADOS POR DIOS EN EL AMOR CONYUGAL Y FAMILIAR

El amor forma parte de la naturaleza humana, porque Dios nuestro Señor, que es amor, así lo ha querido. Los hombres y las mujeres se atraen entre sí, de esta atracción nace el enamoramiento.

En un primer estadio el amor es "eros", atracción física y emocional por el amado o la amada: "me fascina, no puedo dejar de pensar en él, en ella, me hace feliz ....", es un sentimiento que tiene una raíz “egoísta”, estoy con el otro porque "me llena, me satisface, estoy bien "....

Pero el amor también es "ágapé", un estadio en el que dejo de mirarme a mí mismo para ver al otro: porque amo a otra persona quiero hacerla feliz, ya no pienso en mí, pienso en sus necesidades, en lo que le gusta.

Cuando confluyen el eros y el agapé entre los amantes, fluyendo en ambas direcciones el amor llega a su madurez.

PREPARACIÓN AL MATRIMONIO

Un paso natural en la relación de una pareja que se ama es el de querer poner la vida en común y fundar un hogar. La Iglesia desea acompañar ya desde el principio a los novios que forman parte de la comunidad cristiana, ayudándoles en la preparación de esta unión, instruyendo acerca de las dificultades del encuentro y la convivencia y descubriéndoles la joya del amor compartido.

El amor humano es una vocación que se vive en las alegrías y en las penas, en los conflictos y en el perdón y también en el fracaso. La vida en pareja es un descubrimiento constante del otro, una invitación a superar el egoísmo personal para hacer feliz al amado. Es una comunidad de fe y esperanza compartida, los futuros esposos son llamados a recurrir a menudo a la oración y a la vida de sacramentos. También es una comunidad abierta a la vida, pensando en los hijos que formarán parte de la familia.



EL MATRIMONIO


El matrimonio aporta a nuestra existencia una comunidad profunda de vida y amor. La unión de los esposos ha sido elevada por el mismo Cristo a la dignidad de sacramento. El matrimonio consiste esencialmente en el compromiso recíproco de los esposos de ayudarse y amarse en la felicidad y en la desgracia, y también el gozo y la disponibilidad de acoger a los hijos y educarlos.


Por eso en la liturgia del sacramento, el que casa a los esposos no es el sacerdote, son los mismos esposos los que se casan entre ellos con el intercambio de su consentimiento, se administran mutuamente el sacramento, en presencia del sacerdote que da a este compromiso la dimensión eclesial, y en presencia de unos testigos que representan a la sociedad.


La Iglesia recuerda a los esposos que para otorgarse el sacramento del matrimonio deben ser solteros, venir a contraerlo sin coacción y desearlo de todo corazón, con la disposición de amar y honrar al cónyuge durante toda la vida y de acoger con amor los hijos que recibirán de Dios y a educarlos según la ley de Cristo y de la Iglesia. Estas condiciones son indispensables para que la pareja se una realmente en matrimonio.


LA LITURGIA


La liturgia del sacramento del matrimonio se celebra normalmente dentro de la misa. Previamente se pide a los novios que reciban el sacramento de la reconciliación para poder participar también del sacramento eucarístico.

En un momento de la celebración eucarística el sacerdote llama a los novios para que se den la mano derecha y se den su consentimiento ante Dios y la Iglesia: "Yo te tomo por esposo / esposa y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad y amarte y honrarte toda la vida".



En este sacramento los dos contrayentes se convierten en una sola carne, Cristo les asiste y habla por boca de ellos. Cuando el novio habla, Cristo habla. Cuando la novia responde, responde Cristo. La palabra que se dan es palabra de amor, libre y pura. Uno la da al otro y es a la vez puro don de Dios.

Después del consentimiento el sacerdote extiende la mano derecha sobre los novios y dice: "Que el Señor confirme el consentimiento que se ha manifestado en la presencia de la Iglesia, y os conceda su bendición. Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre ".

A continuación bendice los anillos, que son el símbolo de la fidelidad, y los esposos se los ponen el uno al otro. Los anillos reciben también el nombre de alianza, un nombre muy significativo y un bello símbolo del amor y la fidelidad. Entran en la Iglesia como novios y salen como marido y mujer.


CONSUMACIÓN DEL MATRIMONIO

El acto conyugal (unión sexual) consuma el matrimonio y le da un sentido definitivo. La disponibilidad que los esposos manifiestan el uno hacia el otro y el don que se hacen recíprocamente con su sexualidad, son exclusivos.

El vínculo conyugal entre bautizados es único e inalterable, no lo pueden disolver ni el divorcio ni el adulterio.

CRISTO ASISTE LOS ESPOSOS

No se puede comprender ni el celibato cristiano ni el matrimonio cristiano fuera de la fe.

La virginidad cristiana es siempre de cara al Reino, es un amor auténtico de Cristo; una virginidad sin amor es un desierto. Igualmente el matrimonio cristiano busca su fuerza y el ideal en el amor de Cristo a la Iglesia, un matrimonio cristiano se esfuerza en el compromiso de amor y de fidelidad conyugal asistido por el mismo Jesucristo.



LA FAMILIA, IGLESIA DOMÉSTICA EN MEDIO DEL MUNDO

Viviendo la vocación propia y sostenidos por un sacramento especial, los esposos se ayudan mutuamente en la vida conyugal y familiar. Los hijos son llamados a compartir la fe de los padres y convertirse en miembros del pueblo de Dios.

Es dentro de la familia que los esposos y los hijos se santifican y santifican a otros hogares con su testimonio. Por eso la familia es llamada "Iglesia doméstica", llamada a vivir la comunión y la reconciliación, y a llevar la misión de toda la Iglesia con vistas a la construcción y santificación del mundo.

PARA REFLEXIONAR:

La sociedad actual banaliza la sexualidad y el amor .... ¿es un avance esto ?....¿ son más felices?

La sociedad actual "moderna" equipara "nuevos modelos" de convivencia dándoles también el nombre de matrimonio ....

En la sociedad actual conviven diferentes modelos de familia: monoparentales, divorciados, divorciados vueltos a casar, conviviendo con hijos de otra pareja; parejas del mismo sexo, con hijos o sin hijos ,...... ¿Es un bien para la sociedad ?....

¿Damos los creyentes un testimonio creíble del modelo de familia cristiana ?.... ¿Hacemos de nuestro hogar una Iglesia doméstica ?.....

¿Tenemos presencia en la sociedad cuando se toman decisiones que afectan a la familia ?....

Os animo a participar con vuestros comentarios!