lunes, 8 de enero de 2024

TEMA 287. TRATADO DE LA VERDADERA DEVOCIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN. SEGUNDA PARTE (2). EL CULTO DE MARIA EN LA IGLESIA. PUNTOS 78-89

 

FUNDAMENTOS TEOLÓGICOS DEL CULTO A MARÍA (2)

 DEBEMOS REVESTIRNOS DEL HOMBRE NUEVO, JESUCRISTO (78-82)

LA ACCIÓN MATERNAL DE MARÍA FACILITA EL ENCUENTRO PERSONAL CON CRISTO (83-86)

LLEVAMOS EL TESORO DE LA GRACIA EN VASIJAS DE ARCILLA (87-89)

 

 3. DEBEMOS REVESTIRNOS DEL HOMBRE NUEVO, JESUCRISTO

 78 Tercera verdad. Nuestras mejores acciones quedan, de ordinario, manchadas e infectadas a causa de las malas inclinaciones que hay en nosotros.

 Cuando se vierte agua limpia y clara en una vasija que huele mal, o vino en una garrafa maleada por otro vino, el agua clara y el buen vino se dañan y toman fácilmente el mal olor. Del mismo modo, cuando Dios vierte en nuestra alma, infectada por el pecado original y actual, sus gracias y rocíos celestiales o el vino delicioso de su amor, sus bienes se deterioran y dañan ordinariamente a causa de la levadura de malas inclinaciones que el pecado ha dejado en nosotros. Y nuestras acciones, aun las inspiradas por las virtudes más sublimes, se resienten de ello (63) .

 Es, por tanto, de suma importancia para alcanzar la perfección –que sólo se adquiere por la unión con Jesucristo (64) – liberarnos de lo malo que hay en nosotros. De lo contrario, Nuestro Señor, que es infinitamente santo y detesta la menor mancha en el alma, nos rechazará de su presencia y no se unirá a nosotros.

 

79 Para vaciarnos de nosotros mismos (65) , debemos, en primer lugar, conocer bien, con la luz del Espíritu Santo, nuestras malas inclinaciones, nuestra incapacidad para todo bien concerniente a la salvación, nuestra debilidad en todo, nuestra continua inconstancia, nuestra indignidad para toda gracia y nuestra iniquidad en todo lugar.

 El pecado de nuestro primer padre nos perjudicó a todos casi totalmente; nos dejó agriados, engreídos e infectados como la levadura agria, levanta e infecta toda la masa en que se la pone. Nuestros pecados actuales, mortales o veniales, aunque estén perdonados, han acrecentado la concupiscencia, debilidad, inconstancia y corrupción naturales y dejado huellas de maldad en nosotros.

 Nuestros cuerpos se hallan tan corrompidos que el Espíritu Santo los llama cuerpos de pecado (Rom 6,6), concebidos en pecado (Sal 51 [50],7), alimentados en el pecado y capaces de todo pecado. Cuerpos sujetos a mil enfermedades, que de día en día se corrompen y no engendran sino corrupción.

 Nuestra alma, unida al cuerpo, se ha hecho tan carnal, que la Biblia la llama carne: Toda carne se había corrompido en su proceder (Gén 6,12) (66) . Tenemos por única herencia el orgullo y la ceguera en el espíritu, el endurecimiento en el corazón, la debilidad y la inconstancia en el alma, la concupiscencia, las pasiones rebeldes y las enfermedades en el cuerpo. Somos, por naturaleza, más soberbios que los pavos reales, más apegados a la tierra que los sapos, más viles que los cerdos, más coléricos que los tigres, más perezosos que las tortugas, más débiles que las cañas y más inconstantes que las veletas.

 En el fondo no tenemos sino la nada y el pecado, y sólo merecemos la ira divina y la condenación eterna (67) .

 

80 Siendo ello así, ¿por qué maravillarnos de que Nuestro Señor haya dicho que quien quiera seguirle debe renunciarse a sí mismo y odiar su propia vida? (Mt 16,24; Mc 8,34-35) ¿Y que el que ama su alma la perderá y quien la odia la salvará? (Jn 12,25). Esta infinita Sabiduría –que no da prescripciones sin motivo– no nos ordena el odio a nosotros mismos sino porque somos extremadamente dignos de odio; nada tan digno de amor como Dios, nada tan digno de odio como nosotros mismos.

 

81 En segundo lugar, para vaciarnos de nosotros mismos debemos morir todos los días a nuestro egoísmo, es decir, renunciar a las operaciones de las potencias del alma y de los sentidos, ver como si no viéramos, oír como si no oyéramos, servirnos de las cosas de este mundo como si no nos sirviéramos de ellas (ver 1Cor 7,30-31). Es lo que San Pablo llama morir cada día (1Cor 15,31). Si el grano de trigo cae en tierra y no muere, queda infecundo (Jn 12,24), se vuelve tierra y no produce buen fruto. Si no morimos a nosotros mismos y si nuestras devociones más santas no nos llevan a esta muerte necesaria y fecunda, no produciremos fruto que valga la pena y nuestras devociones serán inútiles; todas nuestras obras de virtud quedarán manchadas por el egoísmo y la voluntad propia; Dios rechazará los mayores sacrificios y las mejores acciones que ejecutemos; a la hora de la muerte, nos encontraremos con las manos vacías de virtudes y méritos y no tendremos ni una chispa de ese amor puro que sólo se comunica a quienes han muerto a sí mismos, y cuya vida está escondida con Cristo en Dios (Col 3,3).

 

82 En tercer lugar, debemos escoger entre las devociones a la Santísima Virgen la que nos lleva más perfectamente a dicha muerte al egoísmo, por ser la mejor y más santificadora. Porque no hay que creer que es oro todo lo que brilla, ni miel todo lo dulce, ni el camino más fácil y lo que practica la mayoría es lo más eficaz para la salvación. Así como hay secretos naturales para hacer en poco tiempo, con pocos gastos y gran facilidad ciertas operaciones naturales, también hay secretos en el orden de la gracia para realizar en poco tiempo, con dulzura y facilidad, operaciones sobrenaturales: liberarte del egoísmo, llenarte de Dios y hacerte perfecto. La práctica que quiero descubrirte es uno de esos secretos de la gracia ignorado por gran número de cristianos, conocido de pocos devotos, practicado y saboreado por un número aún menor. Expongamos la cuarta verdad –consecuencia de la tercera– antes de abordar dicha práctica (68) .

 

4. LA ACCIÓN MATERNAL DE MARÍA FACILITA EL ENCUENTRO PERSONAL CON CRISTO

 83 Cuarta verdad. Es más perfecto, porque es más humilde, no acercarnos a Dios por nosotros mismos, sino acudir a un mediador. Estando tan corrompida nuestra naturaleza -como acabo de demostrar-, si nos apoyamos en nuestros propios esfuerzos, habilidad y preparación para llegar hasta Dios y agradarle, ciertamente nuestras obras de justificación quedarán manchadas o pesarán muy poco delante de Dios para comprometerlo a unirse a nosotros y escucharnos. Porque no sin razón nos ha dado Dios mediadores (69) ante sí mismo. Vio nuestra indignidad e incapacidad, se apiadó de nosotros, y, para darnos acceso a sus misericordias, nos proveyó de poderosos mediadores ante su grandeza.

Por tanto, despreocuparte de tales mediadores y acercarte directamente a la santidad divina sin recomendación alguna es faltar a la humildad y al respecto debido a un Dios tan excelso y santo, es hacer menos caso de ese Rey de reyes del que harías de un soberano o príncipe de la tierra, a quien no te acercarías sin un amigo que hable por ti (70) .

 

84 Jesucristo es nuestro abogado y mediador de redención ante el Padre. Por Él debemos orar junto con la Iglesia triunfante y militante. Por Él tenemos acceso ante la Majestad divina, y sólo apoyados en Él y revestidos de sus méritos debemos presentarnos ante el Padre, así como el humilde Jacob compareció ante su padre Isaac, para recibir la bendición, cubierto con pieles de cabrito.

 

85 Pero ¿no necesitamos, acaso, un mediador ante el mismo Mediador? ¿Bastará nuestra pureza para unirnos a Él directamente y por nosotros mismos? ¿No es Él, acaso, Dios igual en todo a su Padre, y, por consiguiente, el Santo de los santos, tan digno de respeto como su Padre? Si por amor infinito se hizo nuestro fiador y mediador ante el Padre para aplacarlo y pagarle nuestra deuda, ¿será esto razón para que tengamos menos respeto para con su majestad y santidad?

 Digamos, pues, abiertamente, con San Bernardo, que necesitamos un mediador ante el Mediador mismo y que la excelsa María es la más capaz de cumplir este oficio caritativo. Por Ella vino Jesucristo a nosotros, y por Ella debemos nosotros ir a Él.

 Si tememos ir directamente a Jesucristo-Dios a causa de su infinita grandeza y de nuestra pequeñez o pecados, imploremos con filial osadía la ayuda e intercesión de María, nuestra Madre. Ella es tierna y bondadosa. En Ella no hay nada austero o repulsivo ni excesivamente sublime o deslumbrante. Al verla, vemos nuestra propia naturaleza. No es el sol, que con la viveza de sus rayos podría deslumbrarnos a causa de nuestra debilidad. Es hermosa y apacible como la luna (Cant 6,10), que recibe la luz del sol para acomodarla a la debilidad de nuestra vista.

 María es tan caritativa que no rechaza ninguno de los que imploran su intercesión, por más pecador que sea, pues -como dicen los santos- jamás se ha oído decir que alguien haya acudido confiada y perseverantemente a Ella y haya sido rechazado. Ella es tan poderosa que sus peticiones jamás han sido desoídas. Bástale presentarse ante su Hijo con alguna súplica para que Él la acepte y reciba y se deje siempre vencer amorosamente por los pechos, las entrañas y las súplicas de su Madre queridísima.

 

86 Esta es doctrina sacada de los escritos de San Bernardo y San Buenaventura. Según ellos, para llegar a Dios tenemos que subir tres escalones: el primero, más cercano y adaptado a nuestras posibilidades, es María (71) ; el segundo es Jesucristo y el tercero es Dios Padre. Para llegar a Jesucristo hay que ir a María, nuestra Mediadora de intercesión. Para llegar al Padre hay que ir al Hijo, nuestro Mediador de redención (72) . Este es precisamente el orden que se observa en la forma de devoción de la que hablaré más adelante

 

5. LLEVAMOS EL TESORO DE LA GRACIA EN VASIJAS DE ARCILLA

 

87 Quinta verdad. Es muy difícil, dada nuestra pequeñez y fragilidad, conservar las gracias y tesoros de Dios, porque:

 1. Llevamos este tesoro, más valioso que el cielo y la tierra, en vasijas de arcilla (2Cor 4,7), en un cuerpo corruptible, en un alma débil e inconstante que por nada se turba y abate.

 

88 2. Los demonios, ladrones muy astutos, quieren sorprendernos de improviso para robarnos y desvalijarnos. Espían día y noche el momento favorable para ello. Nos rodean incesantemente para devorarnos (ver 1Pe 5,8) y arrebatarnos en un momento –por un solo pecado– todas las gracias y méritos logrados en muchos años. Su malicia, su pericia, su astucia y número deben hacernos temer infinitamente esta desgracia, ya que personas más llenas de gracia, más ricas en virtudes, más experimentadas y elevadas en santidad que nosotros han sido sorprendidas, robadas y saqueadas lastimosamente. ¡Ah! ¡Cuántos cedros del Líbano y estrellas del firmamento cayeron miserablemente y perdieron en poco tiempo su elevación y claridad!

 Y ¿cuál es la causa? No fue falta de gracia. Que Dios a nadie la niega. Sino ¡falta de humildad! Se consideraron capaces de conservar sus tesoros. Se fiaron de sí mismos y se apoyaron en sus propias fuerzas. Creyeron bastante segura su casa y suficientemente fuertes sus cofres para guardar el precioso tesoro de la gracia, y por este apoyo imperceptible en sí mismos –aunque les parecía que se apoyaban solamente en la gracia de Dios–, el Señor, que es la justicia misma, abandonándolos a sí mismos, permitió que fueran saqueados.

 ¡Ay! Si hubieran conocido la devoción admirable que a continuación voy a exponer, habrían confiado su tesoro a una Virgen fiel y poderosa, y Ella lo habría guardado como si fuera propio, y hasta se habría comprometido a ello en justicia.

 

89 3. Es difícil perseverar en gracia, a causa de la increíble corrupción del mundo. Corrupción tal que es prácticamente imposible que los corazones no se manchen, si no con su lodo, al menos con su polvo (73) . Hasta el punto de que es una especie de milagro el que una persona se conserve en medio de este torrente impetuoso sin ser arrastrado por él, en medio de este mar tempestuoso sin anegarse o ser saqueada por los piratas y corsarios, en medio de esta atmósfera viciada sin contagiarse.

Sólo la Virgen fiel, contra quien nada pudo la serpiente, hace este milagro en favor de aquellos que la sirven lo mejor que pueden.

 

Notas a pie de página:

 63 Ver VD 146.173.213.228; AC 47.

64 VD 120

65 El programa implica seguir a Cristo, con su cruz hasta el anonadamiento; ver Flp 2,7; Mt 7,24.

66 Carne designa frecuentemente en la Biblia al ser humano, en cuanto limitado, débil, imperfecto...

63 Ver VD 146.173.213.228; AC 47.

64 VD 120

65 El programa implica seguir a Cristo, con su cruz hasta el anonadamiento; ver Flp 2,7; Mt 7,24.

66 Carne designa frecuentemente en la Biblia al ser humano, en cuanto limitado, débil, imperfecto...

67 No obstante el Bautismo (Rom 6,4ss) y que constituye una nueva creatura (2Cor 5,17) es claro que “los desequilibrios que fatigan al mundo moderno están conectados con ese otro desequilibrio que hunde sus raíces en el corazón humano” (GS 10).

68 Ver SM 44.

69 “La única mediación del Redentor no excluye, sino que suscita en las creaturas diversa cooperación participada de la única fuente” (LG 62).

70 Leer VD 83-86 a la luz de LG 60 y 62.

71 María “ocupa en la santa Iglesia el lugar más alto después de Cristo y el más cercano a nosotros” (LG 54; ver MC 28). María es de nuestra raza y de nuestra historia; como madre a quien Cristo nos ha encomendado, busca que cada día seamos más semejantes al Hermano mayor.

72 Según Ef 2,18, por Cristo llegamos hasta el Padre, en un mismo Espíritu; ahora bien, María y el Espíritu luchan por la misma causa: Ella es la fidelísima cooperadora del Espíritu Santo (ver MC 25.27).

73 SAN LEÓN MAGNO

 

lunes, 11 de diciembre de 2023

TEMA 286. TRATADO DE LA VERDADERA DEVOCIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN. SEGUNDA PARTE (1). EL CULTO DE MARIA EN LA IGLESIA. PUNTOS 60-77

 

SEGUNDA PARTE (1)

 EL CULTO DE MARÍA EN LA IGLESIA

 FUNDAMENTOS TEOLÓGICOS DEL CULTO A MARÍA (1) (60)

 JESUCRISTO, FIN ÚLTIMO DEL CULTO A MARÍA (61-67)

PERTENECEMOS A JESÚS Y A MARÍA (68-77)

 

 CAPITULO 1

 FUNDAMENTOS TEOLÓGICOS DEL CULTO A MARÍA

 60 Acabo de exponer brevemente que la devoción a la Santísima Virgen nos es necesaria. Es preciso decir ahora en qué consiste. Lo haré, Dios mediante, después de clarificar algunas verdades fundamentales que iluminarán la maravillosa y sólida devoción que quiero dar a conocer.

 

1. JESUCRISTO, FIN ÚLTIMO DEL CULTO A MARÍA

 61 Primera verdad. El fin último de toda devoción debe ser Jesucristo, Salvador del mundo, verdadero Dios y verdadero hombre (51) . De lo contrario, tendríamos una devoción falsa y engañosa.

 Jesucristo es el alfa y la omega, el principio y el fin (Ap 1,8;21,6) de todas las cosas. La meta de nuestro ministerio - escribe San Pablo- es construir el cuerpo de Cristo; hasta que todos, sin excepción, alcancemos la edad ...adulta... (Ef 4,13).

 Efectivamente, sólo en Cristo habita realmente la plenitud total de la divinidad (Col 2,9) y todas las demás plenitudes de gracia, virtud y perfección. Sólo en Cristo hemos sido bendecidos con toda bendición del Espíritu (Ef 1,3).

Porque El es el único Maestro que debe enseñarnos,

el único Señor de quien debemos depender,

la única Cabeza a la que debemos estar unidos,

el único Modelo a quien debemos asemejarnos,

el único Médico que debe curarnos,

el único Pastor que debe apacentarnos,

el único Camino que debe conducirnos,

la única Verdad que debemos creer,

la única Vida que debe vivificarnos

 y el único Todo que en todo debe bastarnos.

 Bajo el cielo, no tenemos los hombres otro diferente de él al que debamos invocar para salvarnos (Hech 4,12).

 Dios no nos ha dado otro fundamento de salvación, perfección y gloria que Jesucristo. Todo edificio que no esté construido sobre esta roca firme, se apoya en arena movediza, y se derrumbará infaliblemente tarde o temprano.

 Quien no esté unido a Cristo como el sarmiento a la vid, caerá, se secará y lo echarán al fuego (ver Jn 15,6). En cambio, si permanecemos en Jesucristo, y Jesucristo en nosotros, no pesa ya sobre nosotros condenación alguna: ni los ángeles del cielo, ni los hombres de la tierra, ni los demonios del infierno, ni creatura alguna podrá hacernos daño, porque nadie podrá separarnos de la caridad de Dios presente en Cristo Jesús (ver Rom 8,39).

 Por Jesucristo, con Jesucristo, en Jesucristo lo podemos todo: tributar al Padre en la unidad del Espíritu Santo todo honor y gloria; hacernos perfectos y ser olor de vida eterna para nuestro prójimo.

 

62 Por tanto, si establecemos la sólida devoción a la Santísima Virgen, es sólo para establecer más perfectamente la de Jesucristo y ofrecer un medio fácil y seguro para encontrar al Señor (52) . Si la devoción a la Santísima Virgen apartase de Jesucristo, habría que rechazarla como ilusión diabólica. Pero - como ya lo he demostrado (53) e insistiré en ello más adelante (54) , sucede todo lo contrario. Esta devoción nos es necesaria para hallar perfectamente a Jesucristo, amarlo con ternura y servirlo con fidelidad.


63 Me dirijo a ti por un momento, amabilísimo Jesús mío, para quejarme amorosamente ante tu divina Majestad de que la mayor parte de los cristianos, aun los más instruidos, ignoran la unión necesaria que existe entre ti y tu Madre santísima. Tú, Señor, estás siempre con María, y María está siempre contigo y no puede existir sin ti; de lo contrario, dejaría de ser lo que es. María está de tal manera transformada en ti por la gracia, que Ella ya no vive ni es nada; sólo tú, Jesús mío, vives y reinas en Ella más perfectamente que en todos los ángeles y santos.

 ¡Ah! ¡Si se conociera la gloria y el amor que recibes en esta creatura admirable, se tendrían hacia ti y hacia Ella sentimientos muy diferentes de los que ahora se tienen! Ella se halla tan íntimamente unida a ti, que sería más fácil separar la luz del sol, el calor del fuego; más aún, sería más fácil separar de ti a todos los ángeles y santos que a la divina María, porque Ella te ama más ardientemente y te glorifica con mayor perfección que todas las demás creaturas juntas.

 

64 ¿No será, pues, extraño y lamentable, amable Maestro mío, el ver la ignorancia y oscuridad de todos los hombres respecto a tu santísima Madre? No hablo tanto de los idólatras y paganos: no conociéndote a ti, tampoco a Ella la conocen.  

 

Tampoco hablo de los herejes y cismáticos: separados de ti y de tu Iglesia, no se preocupan de ser devotos de tu Madre. Hablo, sí, de los católicos, y aun de los doctores entre los católicos; ellos hacen profesión de enseñar a otros la verdad, pero no te conocen ni a ti ni a tu Madre santísima sino de manera especulativa, árida, estéril e indiferente. Estos caballeros hablan sólo rara vez de tu santísima Madre y del culto que se le debe. Tienen miedo, según dicen, a que se deslice algún abuso y se te haga injuria al honrarla a Ella demasiado. Si ven u oyen a algún devoto de María hablar con frecuencia de la devoción hacia esta Madre amantísima, con acento filial, eficaz y persuasivo, como de un medio sólido y sin ilusiones, de un camino corto y sin peligros, de una senda inmaculada y sin imperfecciones y de un secreto maravilloso (55) para encontrarte y amarte debidamente, gritan en seguida contra él, esgrimiendo mil argumentos falsos para probarle que no hay que hablar tanto de la Virgen, que hay grandes abusos en esta devoción y es preciso dedicarse a destruirlos, que es mejor hablar de ti en vez de llevar a las gentes a la devoción a la Santísima Virgen, a quien ya aman lo suficiente.

 

Si alguna vez se les oye hablar de la devoción a tu santísima Madre, no es, sin embargo, para fundamentarla o inculcarla, sino para destruir sus posibles abusos. Mientras carecen de piedad y devoción tierna para contigo, porque no la tienen para con María. Consideran el rosario, el escapulario, la corona (cinco misterios), como devociones propias de mujercillas y personas ignorantes, que poco importan para la salvación. De suerte que, si cae en sus manos algún devoto de la Santísima Virgen que reza el rosario o practica alguna devoción en su honor, no tardan en cambiarle el espíritu y el corazón, y le aconsejan que, en lugar del rosario, rece los siete salmos penitenciales, y, en vez de la devoción a la Santísima Virgen, le exhortan a la devoción a Jesucristo.

 

¡Jesús mío amabilísimo! ¿Tienen éstos tu espíritu? ¿Te es grata su conducta? ¿Te agrada quien, por temor a desagradarte, no se esfuerza por honrar a tu Madre? ¿Es la devoción a tu santísima Madre obstáculo a la tuya? ¿Forma Ella bando aparte? ¿Es, por ventura, una extraña, que nada tiene que ver contigo? ¿Quien le agrada a Ella, te desagrada a ti? Consagrarse a Ella y amarla, ¿será separarse o alejarse de ti?

 

65 ¡Maestro amabilísimo! Sin embargo, si cuanto acabo de decir fuera verdad, la mayoría de los sabios -justo castigo de su soberbia- no se alejarían más que ahora de la devoción a tu santísima Madre ni mostrarían para con Ella mayor indiferencia de la que ostentan. ¡Guárdame, Señor! ¡Guárdame de sus sentimientos y de su conducta! Dame participar en los sentimientos de gratitud, estima, respeto y amor que tienes para con tu santísima Madre, a fin de que pueda amarte y glorificarte tanto más perfectamente cuanto más te imite y siga de cerca.

 

66 Y, como si no hubiera dicho nada en honor de tu santísima Madre, concédeme la gracia de alabarla dignamente, a pesar de todos sus enemigos -que son los tuyos-, y gritarles a voz en cuello con todos los santos: “No espere alcanzar misericordia de Dios quien ofenda a su Madre bendita” (56) .

 

67 Para alcanzar de tu misericordia una verdadera devoción hacia tu santísima Madre y difundir esta devoción por toda la tierra, concédeme amarte ardientemente, y acepta para ello la súplica inflamada que te dirijo con San Agustín y tus verdaderos amigos.  

 Tú eres, ¡oh Cristo!,

mi Padre santo, mi Dios misericordioso,

mi rey poderoso, mi buen pastor,

mi único maestro, mi mejor ayuda,

mi amado hermosísimo, mi pan vivo,

mi sacerdote por la eternidad,

mi guía hacia la patria,

mi luz verdadera, mi dulzura santa,

mi camino recto, mi Sabiduría preclara,

mi humilde simplicidad, mi concordia pacífica,

mi protección total, mi rica heredad,

mi salvación eterna...

¡Cristo Jesús, Señor amabilísimo!

¿Por qué habré deseado durante la vida

algo fuera de ti, mi Jesús y mi Dios?

¿Dónde me hallaba cuando no pensaba en ti?

Anhelos todos de mi corazón,

inflámense y desbórdense desde ahora

hacia el Señor Jesús;

corran que mucho se han retrasado;

apresúrense hacia la meta,

busquen al que buscan.

¡Oh Jesús! ¡Anatema el que no te ama!

¡Rebose de amargura quien no te quiera!

¡Dulce Jesús!

¡Que todo buen corazón dispuesto a la alabanza

te ame, se deleite en ti,

se admire ante ti!

¡Dios de mi corazón!

¡Herencia mía, Cristo Jesús!

Vive, Señor, en mi;

enciéndase en mi pecho

la viva llama de tu amor,

acrézcase en incendio;

arda siempre en el altar de mi corazón,

queme en mis entrañas,

lo íntimo de mi alma,

y que en el día de mi muerte

comparezca yo del todo perfecto en tu presencia.

Amén (57) .

 He querido transcribir esta maravillosa plegaria de San Agustín para que, repitiéndola todos los días, pidas el amor de Jesucristo, ese amor que estamos buscando por medio de la excelsa María.

 

2. PERTENECEMOS A JESÚS Y A MARÍA

 68 Segunda verdad. De lo que Jesucristo es para nosotros, debemos concluir, con el Apóstol (1Cor 3,23; 6,19-20; 12,27), que ya no nos pertenecemos a nosotros mismos, sino que somos totalmente suyos, como sus miembros y esclavos, comprados con el precio infinito de toda su sangre (1Pe 1,19).

 Efectivamente, antes del Bautismo pertenecíamos al demonio como esclavos suyos. El Bautismo nos ha convertido en verdaderos esclavos de Jesucristo (58) , que no debemos ya vivir, trabajar ni morir sino a fin de fructificar para este Dios-Hombre (Rom 7,4), glorificarlo en nuestro cuerpo y hacerlo reinar en nuestra alma, porque somos su conquista, su pueblo adquirido y su propia herencia (1Pe 2,9). Por la misma razón, el Espíritu Santo nos compara a: 1°. árboles plantados junto a la corriente de las aguas de la gracia, en el campo de la Iglesia, que deben dar fruto en tiempo oportuno (Sal 1,3); 2°. los sarmientos de una vid, cuya cepa es Cristo, y que deben producir sabrosas uvas (Jn 15,5); 3°. un rebaño, cuyo pastor es Jesucristo, y que debe multiplicarse y producir leche (Jn 10,1ss); 4°. una tierra fértil, cuyo agricultor es Dios, y en la cual se multiplica la semilla, y produce el treinta, el sesenta, el ciento por uno (Mt 13,3.8). Por otra parte, Jesucristo maldijo a la higuera infructuosa (Mt 21,19) y condenó al siervo inútil, que no hizo fructificar su talento (Mt 25,24-30).

 Todo esto nos demuestra que Jesucristo quiere recoger algún fruto de nuestras pobres personas, a saber, nuestras buenas obras, porque éstas le pertenecen exclusivamente: creados, mediante Cristo Jesús, para hacer el bien (Ef 2,10). Estas palabras del Espíritu Santo demuestran que Jesucristo es el único principio y debe ser también el único fin de nuestras buenas obras, y que debemos servirle no sólo como asalariados, sino como esclavos de amor. Me explico.

 

69 Hay, en este mundo, dos modos de pertenecer a otro y depender de su autoridad: el simple servicio y la esclavitud. De donde proceden los apelativos de criado y esclavo.

 Por el servicio, común entre los cristianos, uno se compromete a servir a otro durante cierto tiempo y por determinado salario o retribución. Por la esclavitud, en cambio, uno depende de otro enteramente, por toda la vida, y debe servir al amo sin pretender salario ni recompensa alguna, como si fuera uno de sus animales, sobre los que tiene derecho de vida y muerte.

 

70 Hay tres clases de esclavitud: natural, forzada y voluntaria.

 Todas las creaturas son esclavas de Dios según el primer modo: Del Señor es la tierra y cuanto la llena (Sal 24 [23],1). Conforme al segundo, lo son los demonios y condenados. Según el tercero, los justos y los santos.

 La esclavitud voluntaria es la más perfecta y gloriosa para Dios, que escruta el corazón (1Sam 16,7), nos lo pide para sí y se llama Dios del corazón (Sal 73 [72],26) o de la voluntad amorosa. Efectivamente, por esta esclavitud voluntariamente asumida-, optas por Dios y por su servicio, sin que importe todo lo demás, aunque no estuvieses obligado a ello por naturaleza.

 

 71 Hay una diferencia total entre criado y esclavo (59) :

 1. El criado no entrega a su patrón todo lo que es, todo lo que posee ni todo lo que puede adquirir por sí mismo o por otro; el esclavo se entrega totalmente a su amo, con todo lo que posee y puede adquirir, sin excepción alguna.

 2. El criado exige retribución por los servicios que presta a su patrón; el esclavo, por el contrario, no puede exigir nada, por más asiduidad, habilidad y energía que ponga en el trabajo.

 3. El criado puede abandonar a su patrón cuando quiera o, al menos, cuando expire el plazo del contrato; mientras que el esclavo no tiene derecho de abandonar a su amo cuando quiera.

 4. El patrón no tiene sobre el criado derecho alguno de vida o muerte, de modo que, si lo matase como a uno de sus animales de carga, cometería un homicidio; el amo, en cambio –conforme a la ley–, tiene sobre su esclavo derecho de vida y muerte, de modo que puede venderlo a quien quiera o matarlo -perdóname la comparación-, como haría con su propio caballo.

 5. Por último, el criado está al servicio del patrón sólo temporalmente; el esclavo lo está para siempre.

 

72 Nada hay entre los hombres que te haga pertenecer más a otro que la esclavitud. Nada hay tampoco entre los cristianos que nos haga pertenecer más completamente a Jesucristo y a su santísima Madre que la esclavitud aceptada voluntariamente, a ejemplo de Jesucristo, que por nuestro amor tomó forma de esclavo (Flp 2,7), y de la Santísima Virgen, que se proclamó servidora y esclava del Señor (Lc 1,38). El Apóstol se honra de llamarse servidor de Jesucristo (Rom 1,38; ver 1Cor 7,22; 2Tim 2,24). Los cristianos son llamados repetidas veces en la Sagrada Escritura servidores de Cristo. Palabra que -como hace notar acertadamente un escritor insigne- equivalía antes a esclavo, porque entonces no se conocían servidores como los criados de ahora, dado que los señores sólo eran servidos por esclavos o libertos.

 Para afirmar abiertamente que somos esclavos de Jesucristo, el Catecismo del concilio de Trento se sirve de un término que no deja lugar a dudas, llamándonos mancipia Christi: esclavos de Cristo (60) .

 

73 Afirmo que debemos pertenecer a Jesucristo y servirle no sólo como mercenarios, sino como esclavos de amor, que, por efecto de un intenso amor, se entregan y consagran a su servicio en calidad de esclavos por el único honor de pertenecerle. Antes del Bautismo éramos esclavos del diablo. El Bautismo nos transformó en esclavos de Jesucristo (Ver Rom 6,22). Es necesario, pues, que los cristianos sean esclavos del diablo o de Jesucristo.

 

74 Lo que digo en términos absolutos de Jesucristo, lo digo, proporcionalmente, de la Santísima Virgen. Habiéndola escogido Jesucristo por compañera inseparable de su vida, muerte, gloria y poder en el cielo y en la tierra, le otorgó, gratuitamente - respecto de su Majestad- todos los derechos y privilegios que Él posee por naturaleza: “Todo lo que conviene a Dios por naturaleza, conviene a María por gracia” (61) , dicen los santos. De suerte que, según ellos, teniendo los dos el mismo querer y poder, tienen también los mismos servidores y esclavos.

 

75 Podemos, pues -conforme al parecer de los santos y de muchos varones insignes-, llamarnos y hacernos esclavos de amor de la Santísima Virgen, a fin de serlo más perfectamente de Jesucristo. La Virgen Santísima es el medio del cual se sirvió el Señor para venir a nosotros. Es también el medio del cual debemos servirnos para ir a Él. Pues María no es como las demás creaturas, que, si nos apegamos a ellas, pueden separarnos de Dios en lugar de acercarnos a El. La tendencia más fuerte de María es la de unirnos a Jesucristo (62) , su Hijo, y la más viva tendencia del Hijo es que vayamos a El por medio de su santísima Madre. Obrar así es honrarlo y agradarle, como sería honrar y agradar a un rey el hacerse esclavo de la reina para ser mejores súbditos y esclavos del soberano. Por esto, los Santos Padres y luego San Buenaventura dicen que la Santísima Virgen es el camino para llegar a Nuestro Señor.

 

76 Más aún, si –como he dicho– la Santísima Virgen es la Reina y Soberana del cielo y de la tierra: “Al poder de Dios todo está sometido, incluida la Virgen; al poder de la Virgen todo está sometido, incluido Dios”, dicen San Anselmo, San Bernardo, San Bernardino, San Buenaventura, ¿por qué no ha de tener tantos súbditos y esclavos como creaturas hay? Y ¿no será razonable que, entre tantos esclavos por fuerza, los haya también de amor, que escojan libremente a María como Soberana? ¡Pues qué! ¿Han de tener los hombres y los demonios sus esclavos voluntarios y no los ha de tener María? ¡Y qué! ¿Un rey se siente honrado de que la reina, su consorte, tenga esclavos sobre los cuales puede ejercer derechos de vida y muerte –en efecto, el honor y poder del uno son el honor y poder de la otra–, y el Señor, como el mejor de los hijos, llevará a mal que María, su Madre santísima, con quien ha compartido todo su poder, tenga también sus esclavos? ¿Tendrá El menos respeto y amor para con su Madre que Asuero para con Ester, y Salomón para con Betsabé? (Est 5,2-8; 1Re 2,19) ¿Quién osará decirlo o siquiera pensarlo?

 

77 Pero ¿adónde me lleva la pluma? ¿Por qué detenerme a probar lo que es evidente? Si alguno no quiere que nos llamemos esclavos de la Santísima Virgen, ¿qué más da? ¡Hacerte y llamarte esclavo de Jesucristo es hacerte y proclamarte esclavo de la Santísima Virgen! Porque Jesucristo es el fruto y gloria de María.

 

Todo esto se realiza de modo perfecto con la devoción de que te voy a hablar.

 

Notas a pie de página:

51 El mensaje del P. DE MONTFORT es auténticamente cristocéntrico. Quien quiera convencerse de ello y ver en extenso los fundamentos de su doctrina mariana puede leer y meditar su libro “El Amor de la Sabiduría Eterna” (ASE). La devoción mariana aparece allí (Nº 203ss) como el cuarto y más eficaz medio para alcanzar la Sabiduría, Jesucristo. (ver también las fórmulas de consagración, vgr. ASE 223). 393

52 Ver MC 25; LG 66.

53 Ver 24.31-33.50.

54 VD 75.83-86.120.152-168...

55 El P. DE MONTFORT gusta mucho del término “secreto” y le da sentidos diferentes. Es: a) la excelencia y perfección de la Madre de Dios son un secreto, sólo Dios la conoce perfectamente y sólo El puede comunicar a otros ese conocimiento; b) el puesto y oficio de María en la obra redentora y su fuerza para orientar hacia la vida trinitaria el peregrinar del cristiano, son un secreto, porque no se conocen suficientemente; c) la vida mariana, que él propone, es un poderoso medio de santidad, un secreto de santidad (ver ASE 203.211; SM 1.20.55; VD 82.119.177.211.220).

 56 GUILLERMO DE PARÍS. El texto está tomado de Crasset y apuntado en CN 130.

57 La oración está entresacada de diferentes obras de SAN AGUSTÍN.

58 “... Nosotros, los cristianos, más que ningún otro debemos entregarnos y consagrarnos como esclavos al Redentor, Señor nuestro” (Catecismo del Concilio de Trento, I, c.3, n. 12.

59 Montfort quiere decir que nuestra dependencia de Dios y nuestra pertenencia a Él son absolutas

60 Ver VD 129.

61 “Los misterios de la gracia que Dios ha realizado en María no se miden según las leyes ordinarias, sino según la omnipotencia divina” (PÍO XII).

62 VD 129

 

martes, 28 de noviembre de 2023

TEMA 285. TRATADO DE LA VERDADERA DEVOCIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN. PARTE PRIMERA (4) MARIA EN LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN. PUNTOS 49-59

 

PRIMERA PARTE (4)

MARIA EN LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN

 

MARÍA EN LOS ÚLTIMOS TIEMPOS DE LA IGLESIA

MARÍA Y LOS ÚLTIMOS TIEMPOS (49-50)

MARÍA EN LA LUCHA FINAL (51-54)

MARÍA Y LOS APÓSTOLES DE LOS ÚLTIMOS TIEMPOS (55-59)

 

 CAPÍTULO III

MARÍA EN LOS ÚLTIMOS TIEMPOS DE LA IGLESIA

 

1. MARÍA Y LOS ÚLTIMOS TIEMPOS

 49 La salvación del mundo comenzó por medio de María, y por medio de Ella debe alcanzar su plenitud. María casi no se manifestó en la primera venida de Jesucristo, a fin de que los hombres, poco instruidos e iluminados aún acerca de la persona de su Hijo, no se alejaran de la verdad, aficionándose demasiado fuerte e imperfectamente a la Madre, como habría ocurrido seguramente si Ella hubiera sido conocida, a causa de los admirables encantos que el Altísimo le había concedido aun en su exterior. Tan cierto es esto, que San Dionisio Aeropagita escribe que, cuando la vio, la hubiera tomado por una divinidad, a causa de sus secretos encantos e incomparable belleza, si la fe -en la que se hallaba bien cimentado- no le hubiera enseñado lo contrario.

 Pero, en la segunda venida de Jesucristo, María tiene que ser conocida y puesta de manifiesto por el Espíritu Santo, a fin de que por Ella Jesucristo sea conocido, amado y servido. Pues ya no valen los motivos que movieron al Espíritu Santo a ocultar a su Esposa durante su vida y manifestarla sólo parcialmente desde que se predica el Evangelio.

 

50 Dios quiere, pues, revelar y manifestar a María, la obra maestra de sus manos, en estos últimos tiempos (42) :

 1.porque Ella se ocultó en este mundo y se colocó más baja que el polvo por su profunda humildad, habiendo alcanzado de Dios, de los apóstoles y evangelistas que no la dieran a conocer.

2. porque Ella es la obra maestra de las manos de Dios tanto en el orden de la gracia como en el de la gloria, y El quiere ser glorificado y alabado en la tierra por los hombres;

 3. porque Ella es la aurora que precede y anuncia al Sol de justicia, Jesucristo, y, por lo mismo, debe ser conocida y manifestada si queremos que Jesucristo lo sea;

 4. porque Ella es el camino por donde vino Jesucristo a nosotros la primera vez, y lo será también cuando venga la segunda, aunque de modo diferente;

 5. porque Ella es el medio seguro y el camino directo e inmaculado para ir a Jesucristo y hallarle perfectamente. Por Ella deben, pues, hallar a Jesucristo las personas santas que deben resplandecer en santidad. Quien halla a María, halla la vida (ver Prov 8,35), es decir, a Jesucristo, que es el Camino, la Verdad y la Vida (Jn 14,6). Ahora bien, no se puede hallar a María si no se la busca ni buscarla si no se la conoce, pues no se busca ni desea lo que no se conoce. Es, por tanto, necesario que María sea mejor conocida que nunca, para mayor conocimiento y gloria de la Santísima Trinidad;

 6. porque María debe resplandecer, más que nunca, en los últimos tiempos en misericordia, poder y gracia: en misericordia, para recoger y acoger amorosamente a los pobres pecadores y a los extraviados que se convertirán y volverán a la Iglesia católica; en poder contra los enemigos de Dios, los idólatras, cismáticos, mahometanos, judíos e impíos endurecidos, que se rebelarán terriblemente para seducir y hacer caer, con promesas y amenazas, a cuantos se les opongan; en gracia, para animar y sostener a los valientes soldados y fieles servidores de Jesucristo, que combatirán por los intereses del Señor;

 7. por último, porque María debe ser terrible al diablo y a sus secuaces como un ejército en orden de batalla (Cant 6,3) (43) , sobre todo en estos últimos tiempos, cuando el diablo, sabiendo que le queda poco tiempo (Ap 12,17) -y mucho menos que nunca- para perder a las gentes, redoblará cada día sus esfuerzos y ataques. De hecho, suscitará en breve crueles persecuciones y tenderá terribles emboscadas a los fieles servidores y verdaderos hijos de María, a quienes le cuesta vencer mucho más que a los demás.

 

2. MARÍA EN LA LUCHA FINAL

 51 A estas últimas y crueles persecuciones de Satanás, que aumentarán de día en día hasta que llegue el anticristo, debe referirse, sobre todo, aquella primera y célebre predicción y maldición lanzada por Dios contra la serpiente en el paraíso terrestre. Nos parece oportuno explicarla aquí, para gloria de la Santísima Virgen, salvación de sus hijos y confusión de los demonios.

 Pongo hostilidades entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo; ella herirá tu cabeza cuando tú hieras su talón (Gén 3,15).

 

52 Dios ha hecho y preparado una sola e irreconciliable hostilidad, que durará y se intensificará hasta el fin. Y es entre María, su digna Madre, y el diablo; entre los hijos y servidores de la Santísima Virgen y los hijos y secuaces de Lucifer. De suerte que el enemigo más terrible que Dios ha suscitado contra Satanás es María, su santísima Madre. Ya desde el paraíso terrenal –aunque María sólo estaba entonces en la mente divina– le inspiró tanto odio contra ese maldito enemigo de Dios, le dio tanta sagacidad para descubrir la malicia de esa antigua serpiente y tanta fuerza para vencer, abatir y aplastar a ese orgulloso impío, que el diablo la teme no sólo más que a todos los ángeles y hombres, sino, en cierto modo, más que al mismo Dios. No ya porque la ira, odio y poder divinos no sean infinitamente mayores que los de la Santísima Virgen, cuyas perfecciones son limitadas, sino:

 1. porque Satanás, que es tan orgulloso, sufre infinitamente más al verse vencido y castigado por una sencilla y humilde esclava de Dios, y la humildad de la Virgen lo humilla más que el poder divino;

 2. porque Dios ha concedido a María un poder tan grande contra los demonios, que -como, a pesar suyo, se han visto muchas veces obligados a confesarlo por boca de los posesos- tienen más miedo a un solo suspiro de María en favor de una persona que a las oraciones de todos los santos, y a una sola amenaza suya contra ellos más que a todos los demás tormentos.

 

53 Lo que Lucifer perdió por orgullo lo ganó María con la humildad. Lo que Eva condenó y perdió por desobediencia lo salvó María con la obediencia. Eva, al obedecer a la serpiente, se hizo causa de perdición para sí y para todos sus hijos, entregándolos a Satanás; María, al permanecer perfectamente fiel a Dios, se convirtió en causa de salvación para sí y para todos sus hijos y servidores, consagrándolos al Señor (44) .

 

54 Dios no puso solamente una hostilidad, sino hostilidades, y no sólo entre María y Lucifer, sino también entre la descendencia de la Virgen y la del demonio. Es decir, Dios puso hostilidades, antipatías y odios secretos entre los verdaderos hijos y servidores de la Santísima Virgen y los hijos y esclavos del diablo: no pueden amarse ni entenderse unos a otros.

 Los hijos de Belial (Dt 13,14) (45) , los esclavos de Satanás, los amigos de este mundo de pecado –¡todo viene a ser lo mismo!– han perseguido siempre, y perseguirán más que nunca de hoy en adelante, a quienes pertenezcan a la Santísima Virgen, como en otro tiempo Caín y Esaú –figuras de los réprobos– perseguían a sus hermanos Abel y Jacob, figuras de los predestinados.

 Pero la humilde María triunfará siempre sobre aquel orgulloso, y con victoria tan completa que llegará a aplastarle la cabeza, donde reside su orgullo. María descubrirá siempre su malicia de serpiente, manifestará sus tramas infernales, desvanecerá sus planes diabólicos y defenderá hasta al fin a sus servidores de aquellas garras mortíferas.

 El poder de María sobre todos los demonios resplandecerá, sin embargo, de modo particular en los últimos tiempos, cuando Satanás pondrá asechanzas a su calcañar, o sea, a sus humildes servidores y pobres hijos que Ella suscitará para hacerle la guerra. Serán pequeños y pobres a juicio del mundo; humillados delante de todos; rebajados y oprimidos como el calcañar respecto de los demás miembros del cuerpo. Pero, en cambio, serán ricos en gracias y carismas, que María les distribuirá con abundancia; grandes y elevados en santidad delante de Dios; superiores a cualquier otra creatura por su celo ardoroso; y tan fuertemente apoyados en el socorro divino, que, con la humildad de su calcañar y unidos a María, aplastarán la cabeza del demonio y harán triunfar a Jesucristo.

 

3. MARÍA Y LOS APÓSTOLES DE LOS ÚLTIMOS TIEMPOS

 55 Sí, Dios quiere que su Madre santísima sea ahora más conocida, amada y honrada que nunca. Lo que sucederá, sin duda, si los predestinados, con la gracia y luz del Espíritu Santo, entran y penetran en la práctica interior y perfecta de la devoción que voy a manifestarles en seguida.

 Entonces verán claramente, en cuanto lo permite la fe, a esta hermosa estrella del mar, y, guiados por ella, llegarán a puerto seguro a pesar de las tempestades y de los piratas.

 Entonces conocerán las grandezas de esta Soberana y se consagrarán enteramente a su servicio como súbditos y esclavos de amor.

 Entonces saborearán sus dulzuras y bondades maternales y la amarán con ternura como sus hijos de predilección. Entonces experimentarán las misericordias en que Ella rebosa y la necesidad que tienen de su socorro, recurrirán en todo a Ella, como a su querida Abogada y Mediadora ante Jesucristo. Entonces sabrán que María es el medio más seguro, fácil, corto y perfecto para llegar a Jesucristo (46) , y se consagrarán a Ella en cuerpo y alma y sin reserva alguna para pertenecer del mismo modo a Jesucristo.

 

56 Pero, ¿qué serán estos servidores, esclavos e hijos de María?

 Serán fuego encendido (Sal 104 [103],4; Heb 1,7), ministros del Señor que prenderán por todas partes el fuego del amor divino.

 Serán flechas agudas en la mano poderosa de María para atravesar a sus enemigos: como saetas en manos de un guerrero (Sal 127 [126],4).

 Serán hijos de Leví (47) , bien purificados por el fuego de grandes tribulaciones y muy unidos a Dios (48) . Llevarán en el corazón el oro del amor, el incienso de la oración en el espíritu, y en el cuerpo, la mirra de la mortificación.

 Serán en todas partes el buen olor de Jesucristo (ver 2Cor 2,15-16) para los pobres y sencillos; pero para los grandes, los ricos y mundanos orgullosos serán olor de muerte.

 

57 Serán nubes tronantes y volantes (ver Is 60,8), en el espacio, al menor soplo del Espíritu Santo. Sin apegarse a nada, ni asustarse, ni inquietarse por nada, derramarán la lluvia de la palabra de Dios y de la vida eterna, tronarán contra el pecado, descargarán golpes contra el demonio y sus secuaces, y con la espada de dos filos de la palabra de Dios (Heb 4,12; Ef 6,17) traspasarán a todos aquellos a quienes sean enviados de parte del Altísimo.

 

58 Serán los apóstoles auténticos de los últimos tiempos a quienes el Señor de los ejércitos dará la palabra y la fuerza necesarias para realizar maravillas y ganar gloriosos despojos sobre sus enemigos.

 Dormirán sin oro ni plata y –lo que más cuenta– sin preocupaciones en medio de los demás sacerdotes, eclesiásticos y clérigos (Sal 68 [67],14) (49) . Tendrán, sin embargo, las alas plateadas de la paloma, para volar con la pura intención de la gloria de Dios y de la salvación de los hombres adonde los llame el Espíritu Santo. Y sólo dejarán en pos de sí, en los lugares donde prediquen, el oro de la caridad, que es el cumplimiento de toda la ley (ver Rom 13,10).

 

59 Por último, sabemos que serán verdaderos discípulos de Jesucristo. Caminarán sobre las huellas de su pobreza, humildad, desprecio de lo mundano y caridad evangélica, y enseñarán la senda estrecha de Dios en la pura verdad, conforme al santo Evangelio y no a los códigos mundanos, sin inquietarse por nada ni hacer acepción de personas; sin perdonar, ni escuchar, ni temer a ningún mortal por poderoso que sea.

 Llevarán en la boca la espada de dos filos de la palabra de Dios (Heb 4,12); sobre sus hombros, el estandarte ensangrentado de la cruz; en la mano derecha, el crucifijo; el rosario en la izquierda (50) ; los sagrados nombres de Jesús y de María en el corazón, y en toda su conducta la modestia y mortificación de Jesucristo.

 Tales serán los grandes hombres que vendrán y a quienes María formará por orden del Altísimo para extender su imperio sobre el de los impíos, idólatras y mahometanos. Pero ¿cuándo y cómo sucederá esto?... ¡Sólo Dios lo sabe! A nosotros nos toca callar, orar, suspirar y esperar: Yo esperaba con ansia al Señor (Sal 40 [39],2).

 

Notas a pie de página:

42 Ver LG 48-51.

43 VD 120

44 Ver L.G. 56; SAN IRENEO, Adv. Haer. II 22,4:PG 7,959A; Harvey, 2,123-124.

45 Belial, el devorador, personificación del poder de los poderes del mal.

46 Ver VD 152-168

47 Una de las doce tribus, posesión especial del Señor, quien a su vez era posesión especial suya.

48 Ver 1 Cor 6,17.

49 Siguiendo la traducción de la Vulgata, este número del Tratado comenta los versos 14-15 del salmo citado. Ver SA 17-25. 391

50 AC 19; SA 8.

 

 

martes, 14 de noviembre de 2023

TEMA 284. TRATADO DE LA VERDADERA DEVOCIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN. PARTE PRIMERA (3) MARIA EN LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN. PUNTOS 37-48

 

PRIMERA PARTE (3)

MARIA EN LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN

 MARÍA EN EL MISTERIO DE LA IGLESIA. CONSECUENCIAS

1. María es reina de los corazones (37-38)

2. María es necesaria a los hombres

    para la salvación (39-42)

    para una perfección particular (43-48)

 

 CAPÍTULO II

MARÍA EN EL MISTERIO DE LA IGLESIA

 2. CONSECUENCIAS

 1. María es reina de los corazones

 37 De lo que acabo de decir se sigue evidentemente: En primer lugar, que María ha recibido de Dios un gran dominio sobre las almas de los elegidos. Efectivamente, no podría fijar en ellos su morada, como el Padre le ha ordenado, ni formarlos, alimentarlos, darlos a luz para la eternidad –como madre suya–, poseerlos como propiedad personal, formarlos en Jesucristo y a Jesucristo en ellos, echar en sus corazones las raíces de sus virtudes y ser la compañera indisoluble del Espíritu Santo para todas las obras de la gracia... No puede, repito, realizar todo esto si no tiene derecho ni dominio sobre las almas por gracia singular del Altísimo, que, habiéndole dado poder sobre su Hijo único y natural, se lo ha comunicado también sobre sus hijos adoptivos no sólo en cuanto al cuerpo -lo cual sería poca cosa-, sino también en cuanto al alma.

 38 María es la Reina del cielo y de la tierra por gracia, como Cristo es Rey por naturaleza y por conquista. Ahora bien, así como el reino de Jesucristo consiste principalmente en el corazón o interior de los hombres, según estas palabras: Dentro de ustedes está el reinado de Dios (Lc 17,21), del mismo modo el reino de la Virgen María está principalmente en el interior del hombre, es decir, en su alma. Ella es glorificada, sobre todo, en las almas, juntamente con su Hijo, más que en todas las creaturas visibles, de modo que podemos llamarla, con los santos, Reina de los corazones (31) .

 

2. María es necesaria a los hombres

1o para la salvación

 39 Segunda conclusión. Dado que la Santísima Virgen fue necesaria a Dios con necesidad llamada hipotética, es decir, proveniente de la voluntad divina, debemos concluir que es mucho más necesaria a los hombres para alcanzar la salvación. La devoción a la Santísima Virgen no debe, pues, confundirse con las devociones a los demás santos, como si no fuese más necesaria que ellas y sólo de supererogación.

 40 El docto y piadoso Suárez, jesuita; el sabio y devoto Justo Lipsio, doctor de Lovaina, y muchos otros han demostrado con pruebas irrefutables, tomadas de los Padres -como San Agustín, San Efrén, diácono de Edesa; San Cirilo de Jerusalén, San Germán de Constantinopla, San Juan Damasceno, San Anselmo, San Bernardo, San Bernardino, Santo Tomás y San Buenaventura-, que la devoción a la Santísima Virgen es necesaria para la salvación, y que así como es señal infalible de reprobación -según lo han reconocido el mismo Ecolampadio y otros herejes- el no tener estima y amor a la Santísima Virgen, del mismo modo es signo infalible de predestinación el consagrarse a Ella y ser devoto suyo en verdad y plenitud total (32) .

 41 Las figuras y palabras del Antiguo (33) y del Nuevo Testamento lo demuestran. El sentir y ejemplo de los santos lo confirma. La razón y la experiencia lo enseñan y demuestran. El demonio y sus secuaces, impelidos por la fuerza de la verdad, se han visto obligados a confesarlo muchas veces a pesar suyo.

 De todos los pasajes de los Santos Padres y doctores -de los cuales he elaborado una extensa colección (34) para probar esta verdad-, presento solamente uno para no ser prolijo: “Ser devoto tuyo, ¡oh María! -dice San Juan Damasceno-, es un arma de salvación que Dios ofrece a los que quiere salvar” (35) . Ver VD 182.

 42 Podría referir aquí varias historias que comprueban esto. Entre otras: 1°, la que se cuenta en las crónicas de San Francisco36 : cuando vio en éxtasis una larga escalera que llegaba hasta el cielo y en cuya cima estaba la Santísima Virgen. Se le indicó que para llegar al cielo era necesario subir por dicha escalera; 2°, la que se refiere en las crónicas de Santo Domingo (Ver SAR 101-104): cerca de Carcasona, donde el Santo predicaba el Rosario, quince mil demonios que se habían apoderado de un desgraciado hereje se vieron forzados a confesar, con gran confusión suya, por mandato de la Santísima Virgen, muchas, grandes y consoladoras verdades referentes a la devoción a María, con tal fuerza y claridad, que por poco devoto que seas de la Santísima Virgen, no podrás leer esta auténtica historia y el panegírico que el demonio, a pesar suyo, hizo de esta devoción, sin derramar lágrimas de alegría.

 

2o para una perfección particular

 43 Si honrar a la Santísima Virgen es necesario a todos los hombres para alcanzar su salvación, lo es mucho más a los que son llamados a una perfección excepcional. Creo personalmente que nadie puede llegar a una íntima unión con Nuestro Señor y a una fidelidad perfecta al Espíritu Santo sin una unión muy estrecha con la Santísima Virgen y una verdadera dependencia de su socorro (37) .

 44 Sólo María halló gracia delante de Dios (Lc 1,30) sin auxilio de ninguna creatura. Sólo por Ella han hallado gracia ante Dios cuantos después de Ella la han hallado, y sólo por Ella la encontrarán cuantos la hallarán en el futuro.

 Ya estaba llena de gracia cuando la saludó el arcángel Gabriel. Quedó sobreabundantemente llena de gracia cuando el Espíritu Santo la cubrió con su sombra inefable. Y siguió creciendo de día en día y de momento en momento en esta doble plenitud, de tal manera que llegó a un grado inmenso e incomprensible de gracia.

 Por ello, el Altísimo la ha constituido tesorera única de sus riquezas y dispensadora exclusiva de sus gracias para que embellezca, levante y enriquezca a quien Ella quiera; haga transitar por la estrecha senda del cielo a quien Ella quiera; introduzca, a pesar de todos los obstáculos, por la angosta senda de la vida a quien Ella quiera, y dé el trono, el cetro y la corona regia a quien Ella quiera. Jesús es siempre y en todas partes el fruto e Hijo de María; y María es en todas partes el verdadero árbol que lleva el fruto de vida y la verdadera Madre que lo produce38 .

 45 Sólo a María ha entregado Dios las llaves que dan entrada a las bodegas del amor divino (39) .

 Sólo María permite la entrada en el paraíso terrestre a los pobres hijos de la Eva infiel para pasearse allí agradablemente con Dios (ver Gén 3,8), esconderse de sus enemigos con seguridad, alimentarse deliciosamente -sin temer ya a la muerte- del fruto de los árboles de la vida y de la ciencia del bien y del mal y beber a boca llena las aguas celestiales de la hermosa fuente que allí mana en abundancia. Mejor dicho, siendo Ella misma este paraíso terrestre o tierra virgen y bendita de la que fueron arrojados Adán y Eva pecadores, permite entrar solamente a aquellos a quienes le place para hacerlos llegar a la santidad (40) .

 46 De siglo en siglo, pero de modo especial hacia el fin del mundo, todos los grandes del pueblo buscan tu favor (Sal 45(44),14). San Bernardo comenta así estas palabras del Espíritu Santo: los mayores santos, las personas más ricas en gracia y virtud, son los más asiduos en implorar a la Santísima Virgen y contemplarla siempre como el modelo perfecto que imitar y la ayuda eficaz que les debe socorrer (41) .

 47 He dicho que esto acontecerá especialmente hacia el fin del mundo -y muy pronto- porque el Altísimo y su santísima Madre han de formar grandes santos que superarán en santidad a la mayoría de los otros santos cuanto los cedros del Líbano exceden a los arbustos. Así fue revelado a un alma santa cuya vida escribió M. de Renty.

 48 Estos grandes santos, llenos de gracia y celo apostólico, serán escogidos por Dios para oponerse a sus enemigos, que bramarán por todas partes. Tendrán una excepcional devoción a la Santísima Virgen, quien les esclarecerá con su luz, les alimentará con su leche, les guiará con su espíritu, les sostendrá con su brazo y les protegerá, de suerte que combatirán con una mano y construirán con la otra (ver Neh 4,17). Con una mano combatirán, derribarán, aplastarán a los herejes con sus herejías, a los cismáticos con sus cismas, a los idólatras con sus idolatrías y a los pecadores con sus impiedades. Con la otra edificarán el templo del verdadero Salomón y la mística ciudad de Dios, es decir, la Santísima Virgen, llamada precisamente por los Padres templo de Salomón y ciudad de Dios.

 Con sus palabras y ejemplos atraerán a todos a la verdadera devoción a María. Esto les granjeará muchos enemigos, pero también muchas victorias y gloria para Dios sólo. Así lo reveló Dios a San Vicente Ferrer, gran apóstol de su siglo, como lo consignó claramente en uno de sus escritos.

 Es lo que parece haber predicho el Espíritu Santo con las palabras del salmista:

 ....para que se sepa que Dios gobierna a Jacob y hasta el confín de la tierra.

Vuelven por la tarde, ladran como perros, merodean por la ciudad. (Sal 59 [58],14-16)

 Esta ciudad a la que acudirán los hombres al fin del mundo para convertirse y saciar su hambre de justicia es la Santísima Virgen, a quien el Espíritu Santo llama morada y ciudad de Dios (Sal 87 (86),3).

 

Notas a pie de página:

31 Una oración indulgenciada por la Sda. Penitenciaría Apostólica, el 29 de junio de 1924 dice: “Toma, pues, y recibe todo mi ser, oh María, Reina de los Corazones”.

32 Ver LG 68 y MC 56

33 Ver LG 55.

34 Ver VD 40.

35 Ver VD 182.

37 «La relación filial con María es el camino privilegiado para la fidelidad a la vocación recibida y una ayuda eficacísima para avanzar en ella y vivirla en plenitud» Vita Consecrata, 28

38 Ver SM 70.

39 Ver SM 70.; ver SAN JUAN DE LA CRUZ, Cántico espiritual, estr. 25.

40 Ver VD 261.

41 SAN BERNARDO (Inter opuscula), Serm. 4 in antif., Salve Regina: PL 184,1073. 383