martes, 17 de diciembre de 2024

Tema 305 PLAN INTEGRAL DE FORMACIÓN PRIMER CURSO. Tesis 4 . Significado del término Evangelio, historicidad, origen,composición y datación (2)

 Tema 305. Tesis 4 . Significado del término Evangelio, historicidad, origen,composición y datación (2)

 

1Los Evangelios Sinópticos, compuestos a partir de la catequesis primitiva, y de cuya historicidad no se puede dudar, nos transmiten fielmente la vida y enseñanzas de Jesús,

2aunque las coincidencias, divergencias y dependencia mutua (problema sinóptico) puedan ser explicadas de diferentes maneras.

3Si bien muchos autores niegan las atribuciones tradicionales y situan su composición después del año 70, tales argumentos no se imponen necesariamente.

 

1.  los evangelios y su historicidad

1.                     1.1   El género evangelio

1                      1.2 La composición de los Evangelios

1.                     1.3 La historicidad de los Evangelios

2.  el Problema sinóptico

2.                   2.1 Planteamiento del problema

2.                    2.2 Distintas propuestas de solución

3.  autores y datación de los sinópticos

3.                    3.1 Las atribuciones tradicionales y su solidez

3.                    3.2 Cuestión general de la datación de los Sinópticos

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pontificia Comisión Bíblicaa, Sancta Mater Ecclesia (DS 4402-4407)

Respecto al problema sinóptico las diversas introducciones ofrecen muchas explicaciones, pero sugerimos, por su brevedad y por permanecer abierta a más posibilidades:

D.l. Dungan-J.S.Kloppenborg,  «El  problema  sinóptico  ¿Cómo  se  formaron nuestros evangelios?», en W.r.FarmEr (ed.) Comentario Bíblico Internacional, Estella (Verbo Divino) 1999, 1119-1127.


2.EL PROBLEMA SINÓPTICO

 

Planteamiento del problema

Es un hecho que entre los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas hay una gran cantidad de afinidades, pero también aparecen diferencias. Entre las afinidades hay que destacar que en los tres la vida pública de Jesús comienza en el Jordán, hay un ministerio en Galilea, un último camino a Jerusalén y los acontecimien- tos de la semana de Pasión, así como la Resurrección al final.

 

Con frecuencia aparecen las mismas series de milagros y discursos. Incluso los discursos que el Señor pronunció en arameo aparecen traducidos con las mismas palabras griegas. A veces hay mayor afinidad entre dos de los tres Evangelios sinópticos.

 

Junto con las coincidencias anteriores también encontramos diferencias. Hay algunos hechos que sólo narran dos evangelistas, o incluso uno solo (es notable la gran omisión de Lucas que correspondería a Mt 14,22-16,12). También en el orden de narrar a veces hay diferencias, que se extienden a las cosas narradas y a las palabras del Señor: incluso en secciones comunes a dos evangelistas el modo de presentar las palabras es distinto.

 

Conviene tener presente que nunca podremos explicar perfectamente el hecho sinóptico, pues cada evangelista, según las propias características, cir- cunstancias, etc, eligió unos materiales o presentó cierto orden, y no podemos conocer todo el contexto.

 

En segundo lugar está el problema de la lengua en la que se han escrito los evangelios, o al menos las fuentes que han empleado los evangelistas, que debió ser el arameo, y no el texto griego que poseemos, lo cual ya da lugar a diferencias.

 

En tercer lugar no se trata de explicar ahora la fuente de las discrepancias, ni aprovecharlas para negar la historicidad de los Evangelios, sino de reflexionar sobre la cuestión literaria que puede ayudarnos a comprender mejor cómo se compusieron los Evangelios.

 

Distintas propuestas de solución

Algunos Padres, como san Agustín, percibieron claramente el problema  y trataron de responder (en el De consensu evangelistarum) a los que negaban la historicidad de los Evangelios por las discrepancias, como el neoplatónico anticristiano Porfirio. Sin embargo la cuestión se planteó con fuerza a partir del siglo XVIII.

 

Algunos autores imbuidos de principios racionalistas y dando por supuesta la falsedad de los Evangelios, trataron de explicar (con bastante ingenuidad al principio) las convergencias y discrepancias a partir de criterios puramente literarios.

 

Básicamente hay tres grupos de hipótesis:

a) los evangelistas emplearon una serie de documentos escritos previos y por eso se dan discrepacias y coincidencias

b) los evangelistas posteriores conocieron los evangelios anteriores y les siguieron  en unas cosas, dejando otras;

c) hay una tradición oral de la que todos dependen y que por su mayor ductilidad explica las coincidencias y discrepancias.

 

Los dos primeros grupos de hipótesis parten de una dependencia literaria entre los textos de los evangelios (un evangelista copió documentos que manejó otro, o directamente copió otro Evangelio), pero esta dependencia en modo alguno está demostrada de manera apodíctica.

 

Respecto al primer grupo algunos como el filósofo idealista Lessing postularon un evangelio arameo breve escrito poco después de Cristo, que evolucionó hasta convertirse en los tres que conocemos, pero esto no explica gran cosa.

 

La más difundida ha sido la hipótesis de dos fuentes propuesta por el filósofo Schleiermacher y luego por Weisse: suponen que el Evangelio más antiguo sería Mc (o incluso un proto-Mc) y existiría una fuente Q de dichos del Señor. Mt y Lc conocerían esos dos documentos, y tendrían además fuentes propias, lo que explicaría las coincidencias y divergencias.

 

El problema es que da por supuesta, contra la tradición, la anterioridad de Mc respecto a Mt, y la fuente Q (en las que se reconocen muchos estratos) supondría una comunidad cristiana a la que no  importa la vida, muerte y resurrección de Jesús; por otra parte las coincidencias de Mt y Lc contra Mc quedan sin explicación.

 

Esta hipótesis se ha ido enriqueciendo más al añadir nuevas fuentes, como Boismard, que empleaba un proto- Mc, proto-Mt y proto-Lc, ingeniosamente combinados.

 

Otros han hablado de múltiples fuentes, siguiendo el sistema sugerido para explicar la composición de los poemas de Homero (tradiciones populares se agrupan): ya indicamos antes los límites de tales aproximaciones. Por otra parte la unidad de cada Evangelio no puede resultar de este tipo de mezclas.

 

Con frecuencia las distintas hipotéticas añadiduras respecto a las hipotéticas fuentes representarían la hipotética teología que se iría desarrollando en las hipotéticas comunidades.

 

Respecto al segundo grupo de explicaciones, diversos autores han recurrido a la existencia de un Mt en arameo hoy perdido, del que dependería el Evangelio de Mc. Lc a su vez habría conocido Mc. Otros autores proponen la secuencia Mt, Lc y Mc, o bien Mc, Mt, Lc. Estas explicaciones tienen la ventaja de no recurrir a construcciones hipotéticas como Q, de la cual resulta muy extraño que todos  la hayan conocido pero no quede ni un sólo manuscrito ni resto de la misma.

 

El material de la hipotética Q estaría, en realidad, en Mt, con lo cual Lc lo habría

tomado de Mt en los muchos casos que coinciden. Sin embargo no parece que pueda dar razón de todas las coincidencias y discrepancias.

 

El tercer grupo de explicaciones alude a la primitiva catequesis oral, lo cual se apoyaría en los sistemas mnemotécnicos de la época. A partir de una primera catequesis en Jerusalén de san Pedro surgiría una triple forma palestinense, antioquena y romana, que se plasmaría respectivamente en los evangelios de Mt, Lc y Mc.

 

Esta explicación tiene la ventaja de ser más fiel a la historia que conocemos, a las atribuciones tradicionales de los Evangelios y al hecho de que las dependen- cias verbales entre pasajes comunes disminuyen en proporción a su extensión (a  mayor extensión, menor concordancia verbal, aunque la idea se mantenga).

 

Sin embargo no explica las diferencias en textos esenciales, como la oración del Padre Nuestro, la institución del Eucaristía o relatos de la resurrección.

Lo más probable es que las teorías que recurren a la tradición oral, combinadas con el recurso a la escritura en algunos de sus elementos (a lo que parece aludir el prólogo de Lc) pueda dar razón mejor de las discrepancias y afinidad entre los evangelios sinópticos.

 

3. AUTOR, DESTINATARIOS Y DATACIÓN DE LOS SINÓPTICOS

 

Las atribuciones tradicionales y su solidez

Conforme a la tradición que se remonta, al menos, a la primera mitad del siglo II, los cuatro evangelios se atribuyen a Mateo, Marcos, Lucas y Juan respectivamente y en este orden.

 

Carece de sentido (teniendo en cuenta el uso litúrgico) suponer un periodo anónimo de los Evangelios y una atribución posterior. Asimismo existen unos antiquísimos prólogos antimarcionitas, de mediados del siglo II que contienen estas mismas atribuciones.

 

Es muy importante el testimonio de Papías de Hierápolis transmitido por Eusebio de Cesarea en la Historia Ecclesiastica 3,39,3s. Además de recordar la importancia de la tradición oral ofrece algunos datos interesantes sobre los Evangelios de Mateo (cuya redacción original fue en lengua semítica) y Marcos (que depende directamente de la catequesis de Pedro). Posteriormente san Ireneo confirma en su Adversus haereses 3,1,1 las atribuciones que nosotros conocemos.

 

Resulta extraño que libros de esta importancia para los primeros cristianos circularan en algún principio como algo anónimo, y más extraño todavía atribuirlos a personajes tan secundarios como Marcos y Lucas que no pertenecieron a l grupo de los primeros discípulos de Jesús.

 

En realidad las críticas a la paternidad  literaria tradicional sólo pueden apoyarse en una serie de presupuestos ideológicos de una determinada historia de las formas y de la vinculación de los Evangelios con Jesús y la existencia de una tradición que recoja fielmente hechos y dichos del Señor.

 

Cuestión general de la datación de los sinópticos

 

La tendencia más difundida en nuestros días, aunque no dejan de aumentar las críticas contra ella, es que los cuatro Evangelios se escribieron después del año 70.

 

Básicamente se ofrecen dos razones, no siempre formuladas con claridad:

 

a)Dado que se habla de la caída de Jerusalén, y no puede existir la profecía, deben  haber sido escritos después de la caída de Jerusalén;

 

b) dado que presentan en   muchos casos una confesión clara de Jesús como Dios y otras enseñanzas cristia nas bastante desarrolladas esto requiere una elaboración teológica de muchos años, para pasar de las pequeñas unidades a los Evangelios actuales. Es evidente que tales argumentos se apoyan en presupuestos que son indemostrables, y en última instancia falsos.

 

Resultaría muy extraño que ninguno aludiera a la destrucción de Jerusalén en  el año 70 si se hubiera verificado realmente para certificar la profecía de Jesús. Por otra parte el hablar de una elaboración teológica o un desarrollo doctrinal es algo que depende de los criterios del exegeta para establer lo más o lo menos desarrollado; tampoco se entiende porqué hace falta más o menos tiempo para formular ideas más o menos profundas (sobre todo si se tiene en cuenta la inter- vención especial de Dios en estas obras).

 

Más bien parece que debe señalarse que todos los Evangelios estaban ya escritos antes del año 70. Podría considerarse los años 40 como la fecha de Mt en arameo (aunque fuera traducido al griego unos diez o quince años después), Mc en dependencia de Pedro no tiene porqué ser posterior al año 50, y de Lc, si se toma en serio la datación de Hechos bien podría haber sido escrito antes del año 60, o incluso a mediados de los 50. En la tesis siguiente desarrollaremos los motivos de estas fechas.

 




 

lunes, 2 de diciembre de 2024

Tema 304 PLAN INTEGRAL DE FORMACIÓN PRIMER CURSO. Tesis 4 . Significado del término Evangelio, historicidad, origen,composición y datación (1)

 

Tema 304. Tesis 4 . Significado del término Evangelio, historicidad, origen,composición y datación (1)

 

1Los Evangelios Sinópticos, compuestos a partir de la catequesis primitiva, y de cuya historicidad no se puede dudar, nos transmiten fielmente la vida y enseñanzas de Jesús,

2aunque las coincidencias, divergencias y dependencia mutua (problema sinóptico) puedan ser explicadas de diferentes maneras.

3Si bien muchos autores niegan las atribuciones tradicionales y situan su composición después del año 70, tales argumentos no se imponen necesariamente.

 

1.  los evangelios y su historicidad

1.                     1.1   El género evangelio

1                      1.2 La composición de los Evangelios

1.                     1.3 La historicidad de los Evangelios

2.  el Problema sinóptico

2.                   2.1 Planteamiento del problema

2.                    2.2 Distintas propuestas de solución

3.  autores y datación de los sinópticos

3.                    3.1 Las atribuciones tradicionales y su solidez

3.                    3.2 Cuestión general de la datación de los Sinópticos

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pontificia Comisión Bíblicaa, Sancta Mater Ecclesia (DS 4402-4407)

Respecto al problema sinóptico las diversas introducciones ofrecen muchas explicaciones, pero sugerimos, por su brevedad y por permanecer abierta a más posibilidades:

D.l. Dungan-J.S.Kloppenborg,  «El  problema  sinóptico  ¿Cómo  se  formaron nuestros evangelios?», en W.r.FarmEr (ed.) Comentario Bíblico Internacional, Estella (Verbo Divino) 1999, 1119-1127.

 

1. LOS EVANGELIOS Y SU HISTORICIDAD

El género evangelio

El término evangelio en griego significa literalmente buena noticia, y en el NT se concreta como anuncio alegre por la venida del Reino de Dios (Mc 1,14), de la redención (Lc 2,10s), del cumplimiento de las promesas (Rm 1,1-3) o la salvación eterna que nos ha concedido Cristo (Ef 1,13; 2 Tm 1,10). Ya en los antiguos autores eclesiásticos significa la narración de los hechos y la enseñanza de Jesucristo, es decir, el libro que contiene la buena noticia (S.JuSTino Apologia 1,66), aunque también lo empleen como enseñanza contenida en la predicación de Cristo (S.irEnEo Adversus Haereses 4,37,4).

La Iglesia ha reconocido sólo cuatro Evangelios, o mejor, cuatro libros de un solo Evangelio. Proliferaron en los primeros siglos del Cristianismo evangelios apócrifos, algunos del siglo II, que la Iglesia rechazó muy pronto. Ya en los escasos textos que quedan de autores cristianos del siglo I encontramos referencias a fragmentos de los Evangelios, en número creciente a lo largo del siglo II.

El evangelio responde a una categoría del todo peculiar. Participa del Bios o biografía helenística, pues presenta los hechos y palabras de un personaje, de Jesús, pero no explica su desarrollo, psicología e influjo que sobre él ejerció el ambiente. Tampoco es un mero memorial antiguo, como colección de dichos de Jesús, como si fuera una antología de sentencias, aunque las contenga. Tam- poco es una mera exposición doctrinal, ni una mera obra de historia: contiene las enseñanzas de un maestro, al mismo tiempo que una serie de sucesos sin atenerse escrupulosamente a la cronología y topología exacta. En este sentido se parece más a la historiografía griega que a la actual, o que a la romana (relacionada con la retórica y elocuencia). En cualquier caso sí es historia en cuanto que el evangelista ni quiere inventar, ni engañar, ni escribir un producto de su fantasía. Es ciertamente un testimonio de fe, pero de una fe que parte de hechos verdaderos, de la vida, la muerte, la obra y el mensaje de una persona, Jesús de Nazaret. El evangelista quiere situar al lector ante Jesús para que crea en Jesús, como ha hecho el mismo evangelista.

La composición de los Evangelios

La instrucción Sancta Mater Ecclesia describe en tres pasos el itinerario que siguen la vida y doctrina de Jesucristo hasta llegar a nosotros. En primer lugar el Señor escoge a los discípulos que le siguen desde el principio y vieron sus obras y palabras. Al exponer su doctrina Jesucristo se adaptó a las formas de pensamiento y expresión usuales, para que sus enseñanzas quedaran firmemente grabadas en los discípulos y pudieran comprender los milagros y demás acontecimientos de su vida como hechos realizados para mover a la fe en Él.

En segundo lugar, los Apóstoles anunciaban, ante todo, la muerte y resurrección del Señor, exponían su vida y sus palabras; de hecho la Resurrección consolidó sus recuerdos con una especial claridad gracias al Espíritu Santo, y comprendieron mejor tanto las palabras del Señor como las del AT. Predicaron a Cristo para poder ser comprendidos por sus oyentes y, conforme a los usos de su tiempo, empleaban narraciones, catequesis, himnos, doxologías, oraciones y otras formas literarias semejantes que hallamos en los Evangelios.

En tercer lugar, hecha esta instrucción primitiva, tanto oralmente como por escrito (pues en Lc 1,1 se habla de muchos que han tratado de ordenar la narración de los hechos), los autores sagrados la consignaron en los Evangelios con un método adecuado al propósito de cada uno. Teniendo en cuenta la situación de las Iglesias y buscando que los lectores conocieran el fundamento de las palabras que se les enseñaban (cf. Lc 1,4) seleccionaron de todo el material que disponían lo que era más útil para su fin.

De este modo los diversos contextos, o el orden de los dichos y los hechos se distinguen entre unos evangelistas y otros, pues aunque siempre mantienen el sentido de los dichos y hechos del Señor, su expresión puede variar. Es preciso además tener presente que el texto de los Evangelios de que disponemos no está en la misma lengua en que fueron pronunciadas las palabras del Señor, lo cual siempre puede dar lugar a algunas divergencias en la expresión.

La historicidad de los Evangelios

La Iglesia afirma con toda claridad que «los cuatro evangelios mencionados, cuya historicidad afirma sin dudar, narran fielmente lo que Jesús, el Hijo de Dios, viviendo entre los hombres, hizo y enseñó realmente para la eterna salvación de los mismos hasta el día de la Ascensión» (DV 19).

Para explicar dicha historicidad hay que tener presente que la tradición, que arranca desde Cristo hasta ser plasmada en los Evangelios, no es un conjunto de recuerdos difusos que sigan la dinámica propia de tradiciones populares en formas de parábolas, narraciones, etc, transmitidas y modificadas por la comuni dad. En dicha tradición se puede detectar tales formas literarias, pues eran las que se empleaban en la época, pero eso no quiere decir que estén desconectadas de las enseñanzas y la vida de Jesucristo. No podemos olvidar la fuerza de la memoria en la cultura de la época y el deseo de los seguidores de Jesús de mantener lo mejor posible su vida y su mensaje: no se trataba de narraciones folkloricas originadas en una comunidad más o menos creativa, sino en hechos y dichos que procedían de Jesús.

Precisamente la instrucción Sancta Mater Ecclesia hacía referencia a la utilidad que puede tener conocer las diversas formas de expresión o de los modos de redacción y uso de esas formas en los Evangelios (cuestión siempre muy hipo- tética); sin embargo advertía contra presupuestos que pueden hacer inaceptable tal método. En concreto señalaba los siguientes peligros: a) partir de la negación, por prejuicios filosóficos, de la existencia de un Dios personal, del orden sobrenatural, de milagros y profecías, y por ello tratar de desacreditar o dejar como material legendario lo que aparece en tal sentido en los Evangelios; b) en relación con lo anterior, mantener que la fe no depende de los acontecimientos históricos, como si fuera una decisión existencial según el modo de Heidegger, tal como propuso Bultmann; c) negar el valor histórico de los documentos de la Revelación; d) Negar el papel de los Apóstoles en la comunidad primitiva como testigos de Cristo y negar su autoridad, de modo que sería una comunidad creativa la que produjo los diversos materiales sobre Cristo y su compilación en los Evangelios.

Para los que no quieren reconocer que lo que dicen los Evangelios es verdadero e histórico, fue la comunidad la que dio lugar a toda una serie de narraciones, leyendas, catequesis etc, remotamente basadas en el recuerdo de un tal Jesús, del cual en realidad poco podríamos saber. Determinadas intenciones teológicas, sociológicas, etc, determinaron la estructura actual de los Evangelios. Como es fácil de advertir, todo esta construcción especulativa no tiene más fin que negar la religión cristiana tal como la propuso el Señor y transmitieron los Apóstoles en la Iglesia para proponer una Iglesia y una imagen de Jesús alternativa, que, en general, es simplemente un reflejo de la mentalidad de moda cuando escribe tal exegeta. Una cosa es que los hagiógrafos emplearan los modos de expresión de la época, y subrayaran determinados aspectos, y otra muy distinta es que construyeran unos relatos a base de invenciones con propósitos determinados. En realidad es la comunidad la que depende en su constitución de la enseñanza de Jesús que se plasma en los Evangelios, y no viceversa.

Es lógico que quienes se oponen a la historicidad de los Evangelios traten de establecer fechas de datación lo más tardías posible para que se pueda desarrollar esa tradición folklórica y perderse el recuerdo de Jesús. Por otra parte recurren a construcciones hipotéticas, como la fuente Q, que responden siempre a propósitos concretos del exegeta (conscientes o inconscientes) a la hora de interpretar la misma fe cristiana. Por ejemplo, dicha fuente, que sería un escrito sólo de dichos de Jesús, estaría en el fundamento de una hipotética comunidad a la que no importaría la muerte y resurrección del Señor, sino sólo sus palabras, es decir, la reducción de la fe cristiana a moralismo, algo muy propio de principios del siglo XIX.

martes, 19 de noviembre de 2024

Tema 303 PLAN INTEGRAL DE FORMACIÓN PRIMER CURSO. Presentación de las 42 Tesis

Presentación de las 42 Tesis

 Finalidad

Las tesis presentadas en el libro BREVE SÍNTESIS ACADÉMICA DE TEOLOGÍA del Profesor del Instituo teológico de San Ildefonso, Sr.Eduardo Vadillo Romero, tienen como finalidad, entre otras (examen de síntesis de los cursos de estudios eclesiásticos) servir como texto a personas interesadas en adquirir o recordar una síntesis teológica básica.

Estas tesis son un material bastante esquemático. Tras el enunciado y el esquema se presenta un breve desarrollo de cada una; se ofrece alguna sugerencia bibliográfica que en los temas dogmáticos y morales se centran en textos esenciales de la tradición católica. En general se han señalado textos del Magisterio, incluyendo el Catecismo, y textos del Derecho Canónico, así como alguna indicación de la Summa Theologiae de santo Tomás.También hay referencias a documentos esenciales de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Algunos presupuestos

El estudio de la teología se orienta a adquirir una mente teológica, un modo habitual de entender la realidad a la luz de la doctrina sagrada, es decir, de lo que Dios ha querido revelar. Al mismo tiempo esta doctrina sagrada se debe estructurar de manera orgánica y lógica, de ahí que la teología deba emplear la argumentación y capacite para contemplar la realidad a la luz de Dios, y de este modo poder comunicar el mensaje de salvación.

El objetivo sería alcanzar aquello que dice santo Tomás cuando se pregunta si la sagrada doctrina es una ciencia única; en ese contexto afirma que la sagrada doctrina es: «Velut quaedam impressio divinae scientiae, quae est una et simplex omnium» (Es como una cierta impresión del conocimiento divino, que es único y simple para todos). (Summa Theologiae I,1,3, ad 2). Una síntesis de teología debería ayudar a conseguirla.

La teología desarrolla de una manera sistemática la Revelación de Dios, pero Cristo ha confiado el depósito de su Revelación a la Iglesia, a quien corresponde la interpretación autorizada del mismo. Por lo tanto el estudio de la teología,si se quiere mantener en lo que Dios ha revelado, debe realizarse en un ámbito eclesial. En otro caso se podrán hacer estudios de tipo histórico, filológico, socio- lógico, etc sobre cuestiones religiosas más o menos relacionadas con la figura de Jesucristo, pero, ni será teología católica, ni tendrán garantía de verdad. Las intervenciones del Magisterio, por ello, se encuentran en la misma dinámica de la Revelación, y de ahí su importancia para comprender la Palabra de Dios.

Quizá convenga precisar que la Sagrada Escritura es el alma de la teología (DV 24), pero no se puede indentificar la Sagrada Escritura sin más con el resultado de las investigaciones histórico-críticas, cuyo valor es innegable. Asimismo corresponde a la Iglesia juzgar las diferentes interpretaciones para establecer si responden al sentido de la Palabra de Dios. El Concilio Vaticano II, que debe ser leido en el seno de la tradición católica y no como un punto de inicio absoluto, recordaba la necesidad de estructurar la teología a partir de la Sagrada Escritura, los Padres, y el Magisterio de la Iglesia, empleando la guía de santo Tomás (OT 16). Esta es la metodología que subyace a las breves afirmaciones de las siguientes páginas, especialmente en la parte dogmática.

Sería lamentable que la teología sirviera para sembrar dudas y desconfianzas sobre la fe de la Iglesia. Realmente esta obra está escrita con una profunda confianza en el papel que la Iglesia tiene en la transmisión de la Revelación. Pero esta opción no es algo motivado por un deseo de fidelidad voluntarista o un apego a formas del pasado. Brota del profundo convencimiento de que la misma estructura de la Revelación en sentido católico requiere una aceptación sincera y leal de la enseñanza de la Iglesia, sencillamente, porque lo que enseña es verdad.

 

Observaciones sobre la distribución

 Cada tesis se desarrolla en 10 páginas en las que se apuntan los aspectos esenciales

Las primeras nueve tesis abordan los temas bíblicos. la historia de la Iglesia ocupa las cuatro siguientes y obviamente presenta las cuestiones de una manera muy resumida.

La mayoría de las tesis, desde la 14 a la 36 se podría clasificar como teología sistemática, aunque las tres primeras, dedicadas a la Revelación se han estudiado en los cursos de teología fundamental e introducción a la Biblia. Se ha optado por exponer el misterio de Dios seguido de la antropología teológica y antes  del estudio sobre Cristo, la Iglesia y los Sacramentos.


Las últimas seis tesis, de la 37 a la 42 están dedicadas a la teología moral. Las dos primeras de este grupo versan sobre la moral fundamental, mientras que la tercera aborda los tres primeros mandamientos, a los que se añade el tema de la oración. La moral de la persona, de la vida y la moral social cierran la parte de moral especial.

 


ÍNDICE DE TESIS

Temas Bíblicos

Tesis 1. Pentateuco y libros históricos   

Tesis 2. Literatura profética          

Tesis 3. Libros sapienciales y poéticos  

Tesis 4. Significado del término Evangelio, historicidad, origen,

composición y datación    

Tesis 5. Peculiaridades de cada evangelio sinóptico y Hechos       

Tesis 6. San Pablo y el epistolario paulino       

Tesis 7. Síntesis doctrinal sobre san Pablo      

Tesis 8. Evangelio de San Juan y Apocalipsis 

Tesis 9. Cartas católicas   

 

Historia de la Iglesia

Tesis 10. Historia de la Iglesia Antigua  

Tesis 11. La Iglesia en la Edad Media    

Tesis 12. La época nueva de la Iglesia  

Tesis 13. Del Absolutismo al siglo XX   

 

Teologia Sistemática

Tesis 14. Revelación divina y respuesta de fe 

Tesis 15. La Palabra de Dios: Sagrada Escritura y Tradición

Tesis 16. Formulación de la fe y reflexión teológica    

Tesis 17. El Misterio de Dios en la Revelación

Tesis 18. Formulación del Misterio trinitario      

Tesis 19. Creación y providencia de Dios         

Tesis 20. La creación del hombre y el pecado original           

Tesis 21. La Gracia de Dios         

Tesis 22. Jesucristo en la Sagrada Escritura    

Tesis 23. Formulación conciliar y teológica de la Encarnación        

Tesis 24. La obra de la Redención         

Tesis 25. María, la madre del Redentor 

Tesis 26. Origen y naturaleza de la Iglesia       

Tesis 27. La Iglesia, comunión jerárquica         

Tesis 28. El derecho de la Iglesia al servicio de su misión pastoral

Tesis 29. Liturgia    

Tesis 30. Sacramentos en general         

Tesis 31. Bautismo y Confirmación        

Tesis 32. Eucaristía

Tesis 33. Penitencia y Unción     

Tesis 34. Orden sacerdotal           

Tesis 35. Matrimonio          

Tesis 36. Escatología        

 

Moral Fundamental

Tesis 37. Moral Fundamental I      371

Tesis 38. Moral Fundamental II     381

Tesis 39. El Decálogo y el amor de Dios            391

Tesis 40. Moral de la persona       401

Tesis 41. Moral de la vida  411

Tesis 42. Moral social         421