miércoles, 23 de octubre de 2024

Tema 301 Plan General de Formación del movimiento CHL (1)

 

LA FORMACIÓN INTEGRAL DE LOS LAICOS CRITERIOS Y LÍNEAS DE ACCIÓN

Este documento se plantea como un referente general, un documento-marco, en cuyos planteamientos, criterios y contenidos pueden inspirarse los proyectos y programas para la formación de los miembros del Movimiento Christifideles Laici, Movimiento para la Nueva Evangelización.

 

I.  Introducción

En diversas ocasiones en nuestro Movimiento, en especial en las asambleas de inicio de curso, se ha puesto de manifiesto la necesidad y urgencia de la formación del laicado, como tarea prioritaria en nuestra Iglesia particular. Hemos de constatar que en la comunidad se advierte una necesidad de formación, cada vez más patente cuanto menor, si no ausente, es el énfasis que se hace en los diversos entes educativos en formación ético – religiosa. Al mismo tiempo, es cada vez más insistente la exhortación que hace la Iglesia a través de sus ministros de la cada vez más acuciante necesidad de la formación integral de los laicos.

 

“En el descubrir y vivir la propia vocación y misión, los fieles laicos han de ser formados para vivir aquella unidad con la que está marcado su mismo ser de miembros de la Iglesia y de ciudadanos de la sociedad humana”.(CFL 59)

 

Al presentar estas líneas y criterios para la formación del laicado, partimos de la concepción del mismo, ya expuesta por el Concilio Vaticano II y la Christifideles Laici de Juan Pablo II, donde se nos pone de manifiesto que la identidad del laicado se fundamenta en la misma raíz de la que brota su dignidad: la nueva vida engendrada por el bautismo. La raíz bautismal, que está en la base de la identidad cristiana, obliga a superar los viejos planteamientos discriminatorios de la condición laical y las concepciones que definían al laico por lo que no es (el que no es clérigo ni religioso). Los laicos no sólo están en la Iglesia, sino que son Iglesia, y son:

 

"los fieles que, en cuanto incorporados a Cristo por el bautismo, integrados en el Pueblo de Dios y hechos partícipes a su modo del oficio sacerdotal, profético y real de Cristo, ejercen en la Iglesia y en el mundo la misión de todo el pueblo cristiano en la parte que a ellos le corresponde". (Canon 204; Cod. Derecho Canónico)

 

Esta común dignidad bautismal asume en el fiel laico una modalidad que lo distingue, sin separarlo, del presbítero, del religioso y de la religiosa. El Concilio Vaticano II ha señalado esta modalidad en la índole secular: "El carácter secular es propio y peculiar de los laicos". De este modo, el ser y el actuar en el mundo son para los fieles laicos no sólo una realidad antropológica y sociológica, sino también, y específicamente, una realidad teológica y eclesial.

 

Este vivo interés es el reflejo de su valoración a nivel nacional, como puede verse en esta afirmación de la Conferencia Episcopal: "La formación de los laicos es una prioridad de máxima urgencia para toda la Iglesia"; y otra una buena muestra es el encargo que los Obispos hacen a la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, en el documento Cristianos laicos Iglesia en el mundo (CLIM), de elaborar una Guía marco que sea referencia para los procesos formativos de laicos.


 Esta es una Guía marco de formación del movimiento Christifideles Laici. Necesario es, que nosotros basemos en ella nuestra reflexión y sea nuestra referencia para la revisión y actualización de lo que vamos haciendo, así como cauce de comunión para realizar todo lo que nos queda por hacer.

 

Destinatarios del documento son los todos los miembros del Movimiento Christifideles Laici, ya sean miembros laicos de base, sacerdotes y los responsables de Movimiento.

 

La finalidad del documento es aportar a las escuelas de formación, parroquias, grupos apostólicos, … vinculados al Movimiento unos criterios inspiradores de los procesos de formación. Y lograr, por supuesto, en el proceso catequético, un laico adulto, maduro y militante, con

 

“La responsabilidad de confesar la fe católica, acogiendo y proclamando la verdad sobre Cristo, sobre la Iglesia y sobre el hombre, en la obediencia al magisterio de la Iglesia, que la interpreta auténticamente. Por esta razón, cada asociación de laicos debe ser un lugar en el que se anuncia y se propone la fe, y en el que se educa para practicarla en todo su contenido” CFL, 30,4.

 

 

Algunos rasgos de nuestra situación actual

Antes de expresar qué entendemos por formación, sus objetivos, criterios, etapas y contenidos, vamos a presentar algunos rasgos que nos acerquen a la realidad que vive nuestro Movimiento en particular.

 

En primer lugar nos fijamos en algunos rasgos comunes de los hombres y mujeres de nuestro movimiento:

 

·     Profundamente evangelizadores y con ganas de transmitir la vivencia de Xto.-Salvador,

·     Cada vez más carentes de una cultura religiosa ausente en las aulas y en la vida pública,

·     En un entorno que sólo da publicidad a hechos y sucesos parciales que afectan a la mala imagen de la Iglesia, motivados por la incoherencia y/o falta de formación de sus miembros.

 

Junto a estos rasgos comunes, presentamos a continuación algunos propios de nuestra Iglesia particular.

 

·     Algunos laicos de nuestro Movimiento, necesitados aun de hacer suya su identidad, se inhiben, a veces, con escasa capacidad de iniciativa; en parte, por falta de interiorizar su misión y, en parte, porque su inhibición es también fruto de un cierto protagonismo por parte de las entidades oficiales. Esa aparente pasividad encuentra explicación en la carencia de una formación que le ha impedido tomar opciones de fondo. Esta situación, en el contexto de cultura postmoderna y en el conformismo ante la realidad, con falta de un sentido profundo de la razón teológica de sus acciones, le ha llevado a vivir con cierta apatía y desmotivación. El trabajo pastoral lo realiza por impulsos y, a veces, "por libre" y sin ninguna orientación. Reconoce, con todo, que necesita formarse para conocer mejor su vocación y misión en el mundo.

 

·     Esa formación la necesita para conocer y abordar mejor la realidad de su entorno transformándola desde dentro, y aprendiendo así a dar respuesta adecuada a las diferentes situaciones desde los valores del Reino. Por tanto, anda buscando una formación que le ayude a madurar humana y cristianamente en las diferentes circunstancias.

 

·     Al mismo tiempo, descubre que su formación está siendo primordialmente sectorial, o sea en función de un servicio al interior de la comunidad eclesial y/o actividad apostólica, y reclama una formación integral que le permita desarrollar su servicio tanto en la edificación de la comunidad eclesial como en su acción evangelizadora en la sociedad civil. Percibe la dificultad de no poder integrar fe y vida. No siempre se siente capaz de hacer una lectura creyente de la cultura y la sociedad, que le capacite para una participación efectiva en la vida pública.

 

·     En este sentido, se resalta, como especial carencia, la ausencia de la dimensión secular, tanto en su compromiso como en la demanda de una formación específica para este cometido. No podemos olvidar, en modo alguno, que la Iglesia y, por tanto, el laicado tiene una vocación secular. Su misión es evangelizar en medio del mundo.


·     Con respecto a su pertenencia eclesial, el laico cristiano no se siente Iglesia Universal, en muchos casos; y en otros, le falta conciencia de Iglesia particular. Tal vez, porque necesite que se haga más real y viva la dimensión comunitaria de ésta. Lamenta que no existan suficientes cauces operativos para llevar a cabo las responsabilidades laicales que, por otra parte, se le reclaman desde dentro de la Iglesia. Y, sobre todo, le parece que existen bastantes dificultades prácticas para que los laicos sean tomados en cuenta, como miembros activos de las comunidades parroquiales, por una cierta autosuficiencia del clero. Así mismo a la mujer laica, siendo numéricamente la más activa, no siempre se le facilita el acceso a servicios de responsabilidad en la comunidad.

 

·     Así pues, no es de extrañar que el laicado, a veces, descargue fácilmente sus responsabilidades sobre el clero, no asumiendo, así, su corresponsabilidad. Se necesita, por tanto, que los sacerdotes, convenientemente formados para este cometido, acompañen mejor a los laicos en sus procesos de formación y de compromiso laical. Estos procesos deben ser continuos, sistemáticos y coordinados, para que no queden a expensas del último sacerdote que llega. Es preciso crear cauces para que esta formación sea accesible a todos.

 

Concluimos con un breve apunte de esperanza: En nuestro Movimiento, detectamos cómo En nuestro Movimiento, detectamos cómo después del encuentro personal con Cristo que supone el Cursillo de Evangelización, surge un laico disponible, inquieto, comprometido, con deseos de formación, y viviendo a fondo su pertenencia eclesial. Aunque le puede faltar cierta vinculación efectiva y afectiva con el Movimiento.

 

II.  Formación del laico.

1.- Qué entendemos por formación.

 La formación no ha de entenderse como una mera adquisición de saberes, sino como la adquisición progresiva de un modo de ser y de pensar, de sentir y de actuar y de vivir en lo personal y comunitario, profundamente cristiano. Es un proceso que conduce al despliegue de todas las posibilidades (cognoscitivas, afectivas y dinámicas) de la persona, a fin de que responda a la llamada de Dios en el mundo de hoy.

 Esta definición nos lleva a hacer las siguientes precisiones:

 

  ·                El proceso se caracteriza por la dimensión relacional con los otros y con el mundo. Esta capacidad de relacionarse es consustancial a nuestro ser como personas. Por ello, no es posible una auténtica formación si se contempla a las personas fuera de sus circunstancias vitales e históricas, y sin el adecuado acompañamiento.

·     La formación es un proceso de autotransformación, que implica el protagonismo del sujeto y el rechazo del adoctrinamiento, que le permite analizar, enjuiciar y transformar la realidad que le rodea.

·     El cristiano encuentra en Jesucristo, en quien el Padre ha revelado qué es el hombre y qué puede llegar a ser, el centro unificador de su vida.

 

2.- Una formación integral.

 La formación es un proceso continuado de desarrollo integral de la persona, armónico y unitario. Por tanto ha de atender a las siguientes dimensiones:

·     Humano-afectiva: Tendente a lograr una persona reconciliada consigo mismo y con los otros, capaz de aceptarse a sí misma tal cual es y con un fuerte sentido comunitario. Una persona convencida de que convivir es la forma más humana de vivir y de que se llega a ser cuando se es con-los-otros.


·     Espiritual: Que favorezca el crecimiento de la vida interior y la relación intima con el Creador, que trascienda al mero conocimiento racional de lo tangible. La formación ha de fomentar la búsqueda de la unión con Dios a través de la oración en la forma que corresponda al estado de vida laical que corresponda, diferenciada de la propia vocación religiosa u otros estados con diferente grado de compromiso eclesial.

 ·     Cognoscitiva: Ha de facilitársele un conocimiento sólido del Mensaje de salvación que capacite al educando para una percepción crítica de la cultura de su tiempo, y para tomar opciones desde los valores del evangelio. Una formación bíblico-teológica-, que facilite el diálogo fe-cultura.

 

·     Práctica y ética: La formación, para que lo sea, ha de impulsar a la acción en coherencia con la propia fe. El proceso de formación, como proceso que es de conversión, irá regenerando los sentimientos y la conducta, ya que la fe y el Espíritu de Dios generan una sensibilidad nueva, con nuevos criterios y nuevos valores.

 

·     Comunitaria: Una formación en, desde y para la comunidad. Una auténtica formación no tiene sentido si se sitúa al margen de la comunión de fe con la Iglesia, y ha de desarrollar la dimensión comunitaria de la fe y el sentido de pertenencia eclesial.


3.- Que sepa conjugar estos criterios. 

Seguimos lo que el Pontificio Consejo para los Laicos nos propone como criterios a tener en cuenta. A saber:

 

·     Cuanto más comprometido se encuentre el laico en la acción evangelizadora, tanto más le será necesaria una buena formación, para evitar la caída en el activismo.

·     Cuanto más amplias y profundas sean las responsabilidades eclesiales asumidas por el cristiano laico, más atención habrá que prestar al carácter secular de su vocación específica, evitando el riesgo del clericalismo.

·     Cuanto más trabaje pastoralmente en ambientes secularizados, más habrá de brindársele una formación que le mantenga y fortalezca en la fe y la reafirmación de su identidad cristiana, en comunión con la Iglesia.

·     Cuanto más especializado en su trabajo apostólico, más hay que ayudarle a situarse en el proceso global de la evangelización.

·     Cuanto más sencillo sea su origen y su entorno, mayor esmero habrá que poner en facilitarle los instrumentos adecuados para que descubran mejor al Dios que se revela a los sencillos, y su mensaje total.

 

4.- Objetivos.

 4.1.- Objetivo fundamental.

 Formación integral para vivir en la unidad. Este objetivo conduce a la formación de un laico adulto e incidiendo especialmente en el aspecto de militante. Iremos desarrollando, brevemente, cada uno de los términos:

 

Laico : "los fieles que, en cuanto incorporados a Cristo por el bautismo, integrados al Pueblo de Dios y hechos partícipes a su modo del oficio sacerdotal, profético y real de Cristo, ejercen en la Iglesia y en el mundo la misión de todo el pueblo cristiano en la parte que a ellos les corresponde” (Lumen Gentium 31).

 

Adulto : no en el sentido crono-biológico, sino de un creyente con madurez humana y cristiana, que sepa "dar razón de su esperanza a quien la pidiere" (1Pe 3, 15).


Militante : es decir que ha vivido en un Cursillo de Evangelización la experiencia de la paternidad de Dios y de la centralidad de Jesucristo, hombre/mujer de memoria y esperanza, empeñado/a en la tarea transformadora de la sociedad según el espíritu del evangelio y no menos comprometido en su conversión personal y en la edificación de la Iglesia. Y llega a ser un contemplativo en la acción.

 

4.2.- Objetivos operativos.

 

Para lograr este gran objetivo necesitamos articular unos objetivos más concretos:

 

4.2.1.     - El encuentro con Dios en Jesucristo.

La formación ha de favorecer y propiciar este encuentro, procurando que se descubra el rostro de Dios que Cristo revela; que celebre sacramentalmente este encuentro; que fomente el acercamiento a la Madre, necesario para una adecuada y equilibrada formación y experiencia cristiana; que potencie el encuentro con la Iglesia como sacramento de Cristo; el descubrimiento de los pobres y oprimidos como rostros vivos de Dios en nuestro mundo; el encuentro con uno mismo y la conversión permanente al evangelio; el encuentro con la naturaleza y la historia como transparencia y presencia del Dios cristiano.

 

4.2.2.- La síntesis fe - vida.

             Alcanzar esta unidad entre la fe y la vida en todos los ámbitos es vital para todo           proceso formativo, señalamos algunas dimensiones irrenunciables:

 

·    Lograr la realización de la persona.

El evangelio de Jesús es el criterio para lograr la realización de la persona, realizarse como persona será tener como referente a Jesucristo, Él es para nosotros el criterio último de lo verdaderamente humano. Así mismo la santidad es la meta hacia la que tiende la realización de la persona cristiana y objetivo de su actuación apostólica.

 

·   Animar el compromiso eclesial.

Desde una auténtica eclesiología de Pueblo de Dios, misterio de comunión construir la comunidad es tarea de todos. Esta vivencia se ha de dar en la Iglesia local y desde ella en el conjunto de toda la Iglesia. Desde aquí se les hace una llamada a los fieles laicos a incrementar la conciencia eclesial y a realizar la misión evangelizadora.

 

·   Construir la vida familiar como la primera "experiencia de Iglesia".

Descubrir las dimensiones personalizadoras y socializadoras del amor vivido en el matrimonio y en la familia. "Un tal amor (...) lleva a los esposos a un don libre y mutuo de sí mismos" y "la familia se hace así, cada vez más, una comunidad creyente y evangelizadora" (Gaudium et Spes, 47)

 

·   Promover el compromiso social y político.

La fe ha de impulsar a participar en la construcción de una sociedad nueva, potenciando el compromiso en las instituciones, organizaciones y ambientes en colaboración con otros hombres/mujeres de buena voluntad. Animado en todo ello por la Buena Noticia del Reino de Dios y siendo testigo de ese Reino.

Conlleva una profundización en la Doctrina Social de la Iglesia; con ella no se trata de ofrecer soluciones técnicas, sino de afianzar unos criterios que lleven a realizar este compromiso en coherencia con la fe.

 

 

 

TEMA 300 CURSO 2024-2025. PLAN INTEGRAL DE FORMACIÓN PRIMER AÑO. PROGRAMA DEL CURSO

  




CHRISTIFIDELES LAICI

 ESCUELA DE E-FORMACIÓN (formación por internet)

 

PROGRAMA DEL CURSO 2024-2025

 


PLAN GENERAL DE FORMACÍON DEL MOVIMIENTO

22/10/24 Tema 301 Plan General de Formación del movimiento CHL  (1)

05/11/24 Tema 302 Plan General de Formación del movimiento CHL  (2)


TESIS 

19/11/24 Tema 303  Plan plurianual de formación. Presentación de las 42 Tesis

 

03/12/24 Tema 304. Tesis 4 . Significado del término Evangelio, historicidad, origen,composición y datación (1)

17/12/24 Tema 305. Tesis 4 . Significado del término Evangelio, historicidad, origen,composición y datación (2)

 

07/01/25 Tema 306 Tesis 17. El Misterio de Dios en la Revelación (1)

21/05/25 Tema 307 Tesis 17. El Misterio de Dios en la Revelación (2)

 

04/02/25 Tema 308 Tesis 19. Creación y providencia de Dios (1)

18/02/25 Tema 309 Tesis 19. Creación y providencia de Dios (2)

 

04/03/25 Tema 310 Tesis 11. La Iglesia en la Edad Media (1)

18/03/25Tema 311 Tesis 11. La Iglesia en la Edad Media (2)

 

01/04/25 Tema 312 Tesis 36. Escatología (1)

08/04/25 Tema 313 Tesis 36. Escatología (2)

 

22/04/25 Tema 314 Tesis 21. La Gracia de Dios  (1)

06/05/25 Tema 315 Tesis 21  La Gracia de Dios (2)

 

13/05/25 Tema 316. Librito Apuntes para la Oración 4. Dicasterio para la  Evangelización:  

Introducción del Santo Padre

Capítulo 1. San Agustin de Hipona en oración

Capítulo 2. Teresa de ävila en oración

Capítulo 3  Tomás de Aquino en oración

Capítulo 4   Santa Teresa de Lisieux en oración.     

Conclusión

 

jueves, 6 de junio de 2024

TEMA 299. CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZON DE MARIA

 




Santa María eres mi Madre y Señora. 

Yo, miembro del Movimiento Christifideles Laici, 

te reconozco: Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo y Madre mía, 

Esposa de Dios Espíritu Santo y Reina de los apóstoles. 

Recibe mi saludo amoroso como hijo tuyo que soy y acoge los

 anhelos que junto a mis hermanos te presento. 


Ante ti vengo, con el único deseo de ser totalmente tuyo. 

De tu mano y sostenido por ti, 

deseo crecer en la Fe, la Esperanza y la Caridad 

y tomar conciencia de mi identidad cristiana 

y de la misión que brota de mi bautismo.


 Ayúdame a ser santo y apóstol de tu divino Hijo. 

Que mi corazón se abra a recibir los dones de Dios como Tú lo hiciste. 

Del mismo modo que engendraste al Verbo divino en tu seno, 

así yo, tu hijo, deseo ser configurado con Jesús por ti y tu divino Esposo, 

a la luz de los santos misterios; en el Gozo, la Luz y el Dolor, 

para poder gozar contigo y todos los santos de la Gloria Celestial. 


Es por eso, que de manera personal y comunitaria 

me consagro por entero a tu Inmaculado Corazón, con todo lo que soy y tengo. 

Me entrego por completo a ti como posesión y propiedad tuya. 


Quiero ser tuyo y de tu divino Hijo, caminar siempre bajo tu mirada y amparo, 

para que florezca en mi vida un verdadero testimonio cristiano, 

donde el mundo pueda reconocer la Gloria del Padre, la Redención de tu Hijo 

y la dulce Presencia del Espíritu Santo que todo lo renueva con su Acción y su Amor. 


Ayúdame en mi lucha contra el Maligno y el pecado, 

asísteme en las pruebas y dificultades, para saber llevar con dignidad y serenidad 

las cruces de la vida cotidiana y unirlas a la Cruz de Cristo. 


Reina de nuestro Movimiento, que tu Inmaculado Corazón 

interceda y anime mi tarea evangelizadora junto a mis hermanos, 

por el bien de las almas, en el seno de la Santa Iglesia. 

Concédeme permanecer siempre en la Palabra de tu Hijo Jesucristo, 

para ser fiel continuador de su obra salvadora. 


Amén. 


Barcelona, 8 de junio de 2024 Santuario de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús


TEMA 298. TRATADO DE LA VERDADERA DEVOCIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN. TERCERA PARTE (9). LA PERFECTA CONSAGRACIÓN A JESUCRISTO. PUNTOS (257-273)

PRÁCTICAS PARTICULARES E INTERIORES PARA LOS QUE QUIEREN SER PERFECTOS (257)

Obrar por María o conforme al espíritu de María (258)

Obrar con María o a imitación de María (260)

Obrar en María o en íntima unión con Ella (261)

Obrar para María o al servicio de María (265)

 

PRÁCTICA DE ESTA DEVOCIÓN EN LA SAGRADA COMUNIÓN (266-273)

 

2. PRÁCTICAS PARTICULARES E INTERIORES PARA LOS QUE QUIEREN SER PERFECTOS

 

257 Además de las prácticas exteriores de esta devoción que acabamos de exponer –no hay que omitirlas por negligencia ni desprecio, en la medida que lo permitan el estado y la condición de cada uno–, existen también prácticas interiores que tienen gran eficacia santificadora para aquellos a quienes el Espíritu Santo llama a una elevada perfección (187) .

Todo se resume en obrar siempre: por María, con María, en María y para María, a fin de obrar más perfectamente por Jesucristo, con Jesucristo, en Jesucristo y para Jesucristo.

 

187 Ver SM 60; VD 119-226.


1. Obrar por María o conforme al espíritu de María

 

258 Hay que realizar las propias acciones por María, es decir, es preciso obedecer en todo a María, moverse en todo a impulso del espíritu de María, que es el Santo Espíritu de Dios. Hijos de Dios son todos y sólo aquellos que se dejan llevar por el Espíritu de Dios (Rom 8,14). Los que son conducidos por el espíritu de María, son hijos de María y, por consiguiente, hijos de Dios, como ya hemos demostrado (188) . Y, entre tantos devotos de la Santísima Virgen, sólo son verdaderos y fieles devotos suyos los que se dejan conducir por su espíritu.

He dicho que el espíritu de María es el espíritu de Dios, porque Ella no se condujo jamás por su propio espíritu, sino por el espíritu de Dios, el cual se posesionó en tal forma de Ella que llegó a ser su propio espíritu. Por ello, las palabras de San Ambrosio: “More en cada uno el alma de María, para engrandecer al Señor; more en cada uno el espíritu de María, para regocijarse en Dios”.

¡Qué dichoso quien -a ejemplo del piadoso hermano jesuita Alfonso Rodríguez (189) , muerto en olor de santidad- se halla totalmente poseído y es conducido por el espíritu de María! ¡Espíritu que es suave y fuerte, celoso y prudente, humilde e intrépido, puro y fecundo!

 

259 Para dejarte conducir por el espíritu de María es preciso que:

1o antes de obrar –por ejemplo, antes de orar, celebrar la misa o participar en ella, comulgar, etc.– renuncies a tu propio espíritu, a tus propias luces y voluntad. Porque las tinieblas de tu propio espíritu y la malicia de tu propia voluntad y operaciones son tales que, si las sigues, por excelentes que te parezcan, obstaculizarán al santo espíritu de María;

2o te entregues al espíritu de María para ser movilizado y conducido por él de la manera que Ella quiera. Debes abandonarte en sus manos virginales, como la herramienta en manos del obrero, como el laúd en manos de un tañedor. Tienes que perderte y abandonarte a Ella como una piedra que se arroja al mar; lo cual se hace sencillamente y en un momento con una simple mirada del espíritu, un ligero movimiento de la voluntad o pocas palabras, diciendo, por ejemplo: “¡Renuncio a mí mismo y me consagro a ti, querida Madre mía!” Y, aun cuando no sientas ninguna dulzura sensible en este acto de unión, no por ello deja de ser verdadero; igual que si dijeras -¡no lo permita Dios!- : “Me entrego al diablo”, con toda sinceridad, aunque lo digas sin inmutarte sensiblemente, pertenecerías realmente al diablo;

3o durante la acción y después de ella, renueves de tiempo en tiempo el mismo acto de ofrecimiento y unión. Y cuanto más lo repitas, más pronto te santificarás y llegarás a la unión con Jesucristo. Unión que sigue siempre a la unión con María, dado que el espíritu de María es el espíritu de Jesús.

 

188 VD 29-30

189 SAN ALFONSO RODRÍGUEZ (1533-1617), canonizado el 15 de enero de 1888 por León XIII. 501

 

 2. Obrar con María o a imitación de María

260 Hay que realizar las propias acciones con María, es decir, mirando a María como el modelo acabado de toda virtud y perfección (190) , formado por el Espíritu Santo (191) en una pura creatura, para que lo imites según tus limitadas capacidades (192) . Es, pues, necesario que en cada acción mires cómo la hizo o la haría la Santísima Virgen si estuviera en tu lugar.

Para esto debes examinar y meditar las grandes virtudes que Ella practicó durante toda su vida, y particularmente (193) : 1o su fe viva, por la cual creyó sin vacilar en la palabra del ángel y siguió creyendo fiel y constantemente hasta el pie de la cruz en el Calvario; 2o su humildad profunda, que la llevó siempre a ocultarse, callarse, someterse en todo y colocarse en el último lugar; 3o su pureza totalmente divina, que no ha tenido ni tendrá igual sobre la tierra. Y, finalmente, todas sus demás virtudes.

Recuerda –te lo repito– que María es el grandioso y único molde de Dios apto para hacer imágenes vivas de Dios a poca costa y en poco tiempo. Quien halla este molde y se pierde en él, muy pronto se transformará en Jesucristo, a quien este molde representa perfectamente (194) .

 

3. Obrar en María o en íntima unión con Ella

261 Hay que realizar las propias acciones en María. Para comprender bien esta práctica es preciso recordar:

1o Que la Santísima Virgen es el verdadero paraíso terrestre del nuevo Adán. El antiguo paraíso era solamente una figura de éste (195) . Hay en este paraíso riquezas, hermosuras, maravillas y dulzuras inexplicables, dejadas en él por el nuevo Adán, Jesucristo. Allí encontró Él sus complacencias durante nueve meses, realizó maravillas e hizo alarde de sus riquezas con la magnificencia de un Dios. Este lugar santísimo fue construido solamente con una tierra virginal e inmaculada, de la cual fue formado y alimentado el nuevo Adán, sin ninguna mancha de inmundicia, por obra del Espíritu Santo que en él habita. En este paraíso terrestre se halla el verdadero árbol de vida, que produjo a Jesucristo, fruto de vida; allí, el árbol de la ciencia del bien y del mal, que ha dado la luz al mundo. Hay en este divino lugar árboles plantados por la mano de Dios, regados por su unción celestial, y que han dado, y siguen dando día tras día, frutos de exquisito sabor. Hay allí jardines esmaltados de bellas y diferentes flores de virtud que exhalan un perfume tal, que embalsama a los mismos ángeles. Hay en este lugar verdes praderas de esperanza, torres inexpugnables de fortaleza, moradas llenas de encanto y seguridad, etc.

Sólo el Espíritu Santo puede dar a conocer la verdad que se oculta bajo estas figuras de cosas materiales.

Se respira en este lugar un aire puro e incontaminado de pureza, brilla el día hermoso y sin noche de la santa humanidad, irradia el sol hermoso y sin sombras de la divinidad, arde el horno encendido e inextinguible de la caridad –en el que el hierro se inflama y transforma en oro–, corre tranquilo el río de la humildad, que brota de la tierra y, dividiéndose en cuatro brazos, riega todo este delicioso lugar: son las cuatro virtudes cardinales.

 

262 2o El Espíritu Santo, por boca de los Santos Padres, llama también a la Santísima Virgen:

1) la puerta oriental, por donde entra al mundo y sale de él el Sumo Sacerdote, Jesucristo; por ella entró la primera vez y por ella volverá la segunda;

2) el santuario de la divinidad, la mansión de la Santísima Trinidad, el trono de Dios, el altar y templo de Dios, el mundo de Dios. Epítetos y alabanzas muy verdaderos cuando se refieren a las diferentes maravillas y gracias que el Altísimo ha realizado en María (ver Ez 44,1-3; Sal 87 [86],1; Is 6,1-4. ¡Qué riqueza! ¡Qué gloria! ¡Qué delicia! ¡Qué dicha! ¡Poder entrar y permanecer en María, en quien el Altísimo colocó el trono de su gloria suprema!

 

263 Pero ¡qué difícil es a pecadores como nosotros obtener el permiso, capacidad y luz suficientes para entrar en lugar tan excelso y santo, custodiado ya no por un querubín –como el antiguo paraíso terrenal–, sino por el mismo Espíritu Santo, que ha tomado posesión de él y dice: ¡Eres jardín cerrado, hermana y novia mía; eres jardín cerrado, fuente sellada! (Cant 4,12). ¡María es jardín cerrado! ¡María es fuente sellada! ¡Los miserables hijos de Adán y Eva, arrojados del paraíso terrenal, no pueden entrar en este nuevo paraíso sino por una gracia excepcional del Espíritu Santo que ellos deben merecer (196) .

 

264 Después de haber obtenido, mediante la fidelidad, esta gracia insigne, te es necesario permanecer encantado en el hermoso interior de María, descansar allí con seguridad y perderte en él sin reserva, a fin de que en este seno virginal:

1- te alimentes con la leche de la gracia y misericordia maternal de María;

2- te liberes de toda turbación, temor y escrúpulo;

3- te pongas a salvo de todos tus enemigos: demonio, mundo y pecado, que jamás pudieron entrar en María. Por esto dice Ella misma: Los que obran por mí no pecarán (BenS 24,30) (197) ; esto es, los que permanecen espiritualmente en la Santísima Virgen no cometen pecado considerable;

4- te formes en Jesucristo, y Jesucristo sea formado en ti. Porque el seno de María -dicen los Padreses la sala de los sacramentos divinos, donde se han formado Jesucristo y todos los elegidos: Uno por uno, todos han nacido en Ella (Sal 87 [86],5 (198) .

 

4. Obrar para María o al servicio de María

265 Finalmente, hay que hacerlo todo para María. Estando totalmente consagrado a su servicio, es justo que lo realices todo para María, como lo harían el criado, el siervo y el esclavo respecto de su patrón. No que la tomes por el fin último de tus servicios –que lo es únicamente Jesucristo–, sino como el fin próximo, ambiente misterioso y camino fácil para llegar a El.

Conviene, pues, que no te quedes ocioso, sino que actúes como el buen siervo y esclavo. Es decir, que, apoyado en su protección, emprendas y realices grandes empresas por esta augusta Soberana. En concreto, debes defender sus privilegios cuando se los disputan; defender su gloria cuando la atacan; atraer, a ser posible, a todo el mundo a su servicio y a esta verdadera y sólida devoción; hablar y levantar el grito contra quienes abusan de su devoción para ultrajar a su Hijo y –al mismo tiempo– establecer en el mundo esta verdadera devoción; y no esperar, en recompensa de tu humilde servicio, sino el honor de pertenecer a tan noble Princesa y la dicha de vivir unido, por medio de Ella, a Jesús, su Hijo, con lazo indisoluble en el tiempo y la eternidad.

 

¡GLORIA A JESÚS EN MARÍA!

¡GLORIA A MARIA EN JESUS!

¡GLORIA A SOLO DIOS!

 

CAPÍTULO VI

PRÁCTICA DE ESTA DEVOCIÓN EN LA SAGRADA COMUNIÓN

1. ANTES DE LA COMUNIÓN

266 1. Humíllate profundamente delante de Dios.

2. Renuncia a tus malas inclinaciones y a tus disposiciones, por buenas que te las haga ver el amor propio.

3. Renueva tu consagración, diciendo: “Soy todo tuyo, ¡oh María!, y cuanto tengo es tuyo” (199) .

4. Suplica a esta bondadosa Madre que te preste su corazón para recibir en él a su Hijo con sus propias disposiciones. Hazle notar cuánto importa a la gloria de su Hijo que no entre en un corazón tan manchado e inconstante como el tuyo, que no dejaría de menoscabar su gloria y hasta llegaría a apartarse de El. Pero que, si Ella quiere venir a morar en ti para recibir a su Hijo, puede hacerlo, por el dominio que tiene sobre los corazones (200) , y que su Hijo será bien recibido por Ella, sin mancha ni peligro de que sea rechazado: Teniendo a Dios en medio, no vacila (201) .

Dile con absoluta confianza que todos los bienes que le has dado valen poco para honrarla. Pero que por la sagrada comunión quieres hacerle el mismo obsequio que le hizo el Padre eterno; obsequio que la honrará más que si le dieses todos los bienes del mundo.

Dile, finalmente, que Jesús, que la ama en forma excepcional, desea todavía complacerse y descansar en Ella, aunque sea en tu alma, más sucia y pobre que el establo de Belén en donde Jesús se dignó nacer, porque allí estaba Ella. Pídele su corazón con estas tiernas palabras: ¡Tú eres mi todo, oh María; préstame tu corazón! (Ver Sal 4,10) (202) .

 

2. EN LA COMUNIÓN

267 Dispuesto ya a recibir a Jesucristo, después del padrenuestro le dirás tres veces: Señor, no soy digno, etc.; como si dijeses la primera vez al Padre eterno que no eres digno de recibir a su Hijo a causa de tus malos pensamientos e ingratitudes para con un Padre tan bueno; pero que ahí está María, su esclava, que ruega por ti y te da confianza y esperanza singulares ante su Majestad: Porque tú solo me haces vivir tranquilo (Sal 4,10).


268 Al Hijo le dirás: Señor, no soy digno, etc.; que no eres digno de recibirle a causa de tus palabras inútiles y malas y de tu infidelidad en su servicio, pero que, no obstante, le suplicas tenga piedad de ti, que le introducirás en la casa de su propia Madre, que es también tuya, y que no le dejarás partir hasta que venga a habitar en ella: Lo agarré, y ya no lo soltaré hasta meterlo en la casa de mi madre, en la alcoba de la que me llevó en sus entrañas (Cant 3,4). Ruégale que se levante y venga al lugar de su reposo y al arca de su santificación: Levántate, Señor; ven a tu mansión, ven con el arca de tu poder (Sal 131 [130],8). Dile que no confías lo más mínimo en tus méritos, ni en tus fuerzas y preparación - como Esaú-, sino en los de María, tu querida Madre -como el humilde Jacob en los cuidados de Rebeca-; que, por muy pecador y Esaú que seas, te atreves a acercarte a su santidad apoyado y adornado con los méritos y virtudes de su santísima Madre (203)

 

269 Al Espíritu Santo le dirás: Señor, no soy digno; que no eres digno de recibir la obra maestra de su amor a causa de la tibieza y maldad de tus acciones y de la resistencia a sus inspiraciones, pero que toda tu confianza está en María, su fiel Esposa. Dile con San Bernardo: “Ella es mi suprema confianza y la única razón de mi esperanza”. Puedes también rogarle que venga a María, su indisoluble Esposa. Dile que su seno es tan puro y su corazón está tan inflamado como nunca, y que, si no desciende a tu alma, ni Jesús ni María podrán formarse en ella ni ser en ella dignamente hospedados.

 

3. DESPUÉS DE LA SAGRADA COMUNIÓN

270 Después de la sagrada comunión, estando recogido interiormente y cerrados los ojos, introducirás a Jesucristo en el corazón de María. Se lo entregarás a su Madre, quien lo recibirá con amor, lo tratará como Él lo merece, lo adorará con todo su ser, lo amará perfectamente, lo abrazará estrechamente y le rendirá en espíritu y verdad muchos obsequios que desconocemos a causa de nuestras espesas tinieblas.

 

271 O te mantendrás profundamente humillado dentro de ti mismo, en presencia de Jesús que mora en María. O permanecerás como el esclavo a la puerta del palacio del Rey, quien dialoga con la Reina. Y mientras ellos hablan entre sí, dado que no te necesitan, subirás en espíritu al cielo e irás por toda la tierra a rogar a las creaturas que den gracias, adoren y amen a Jesús y a María en nombre tuyo: Vengan, adoremos, etc. (Sal 94 [93],6).

 

272 O pedirás tú mismo a Jesús, en unión con María, la llegada de su reino a la tierra por medio de su santísima Madre, o la divina Sabiduría, o el amor divino, o el perdón de tus pecados, o alguna otra gracia, pero siempre por María y en María, diciendo mientras fijas los ojos en tu miseria: No mires, Señor, mis pecados (ver Sal 51 [50],11), sino las virtudes y méritos de María. Y, acordándote de tus pecados, añadirás: Es obra de un enemigo (Mt 13,28). Yo soy mi mayor enemigo, yo cometí esos pecados. O también: Sálvame del hombre traidor y malvado (Sal 43 [42],1), que soy yo mismo. O bien: “Jesús mío, conviene que tú crezcas en mi alma y que yo disminuya” (ver Jn 3,30). María, es necesario que tú crezcas en mi alma y que yo sea menos que nunca. Crezcan y multiplíquense (Gén 1,28). ¡Oh Jesús! ¡Oh María! ¡Crezcan en mí! ¡Multiplíquense fuera, en los demás!

 

273 Hay mil pensamientos más que el Espíritu Santo sugiere, y te sugerirá también a ti, si eres de verdad hombre interior, mortificado y fiel a la excelente y sublime devoción que acabo de enseñarte. Pero acuérdate de que cuanto más permitas a María obrar en tu comunión, tanto más glorificado será Jesucristo. Y de que tanto más dejas obrar a María para Jesús, y a Jesús en María, cuanto más profundamente te humilles y los escuches en paz y silencio, sin inquietarte por ver, gustar o sentir. Porque el justo vive en todo de la fe, y particularmente en la sagrada comunión, que es acto de fe: Mi justo vive de su fidelidad (Heb 10,38).

 

Notas a pie de página:

 190 Ver LG 65; Signum Magnum 14-15; MC 37.

191 Ver LG 56.

192 María, tan cercana a Dios y tan próxima a nosotros, nos conforta para llegar a un encuentro más íntimo con Cristo.

193 Ver VD 108.

194 Ver SM 16-18; VD 219-221.

195 Aplicación espiritual de Gen 2,8; ver VD 6.

196 Ver SM 52, nota.

197 Ver VD 175.

198 Ver VD 32.

199 VD 233.

200 VD 205-206.

201 Asociación de Jn 19,27 y Prov 23,26.

202 Ver VD 205-206

203 Ver VD 205-206 

sábado, 25 de mayo de 2024

TEMA 297. TRATADO DE LA VERDADERA DEVOCIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN. TERCERA PARTE (9). LA PERFECTA CONSAGRACIÓN A JESUCRISTO. PUNTOS (243-256)


LA PERFECTA CONSAGRACIÓN A JESUCRISTO

 PRÁCTICAS PARTICULARES DE ESTA DEVOCIÓN

 PRACTICAS EXTERIORES (2)

 Celebración del misterio de la Encarnación (243-248)

Recitación del Avemaría y del Rosario (249-254)

Recitación del “Magnificat” (255)

Menosprecio del mundo (256)

 

4. Celebración del misterio de la Encarnación

243 Cuarta práctica. Profesarán singular devoción al gran misterio de la encarnación del Verbo, el 25 de marzo. Este es, en efecto, el misterio propio de esta devoción, puesto que ha sido inspirada por el Espíritu Santo: 1o para honrar e imitar la dependencia inefable que Dios Hijo quiso tener respecto a María para gloria del Padre y para nuestra salvación. Dependencia que se manifiesta de modo especial en este misterio, en el que Jesucristo se halla prisionero y esclavo en el seno de la excelsa María, en donde depende de Ella en todo y para todo; 2o para agradecer a Dios las gracias incomparables que otorgó a María, y especialmente el haberla escogido por su dignísima Madre; elección realizada precisamente en este misterio. Estos son los fines principales de la esclavitud de Jesús en María.

 

244 Observa que digo ordinariamente: el esclavo de Jesús en María, la esclavitud de Jesús en María. En verdad, se puede decir, como muchos lo han hecho hasta ahora: el esclavo de María, la esclavitud de la Santísima Virgen. Pero creo que es preferible decir: el esclavo de Jesús en María, como lo aconsejó el Sr. Tronsón (179) , superior general del seminario de San Sulpicio, renombrado por su rara prudencia y su consumada piedad, a un clérigo que le consultó sobre este particular. Las razones son éstas:

 

245 1) Vivimos en un siglo orgulloso, en el que gran número de sabios engreídos, presumidos y críticos hallan siempre algo que censurar hasta en las prácticas de piedad mejor fundadas y más sólidas. Por tanto, a fin de no darles, sin necesidad, ocasión de crítica, vale más decir: la esclavitud de Jesucristo en María y llamarse esclavo de Jesucristo que esclavo de María, tomando el nombre de esta devoción preferiblemente de su fin último, que es Jesucristo, y no de María, que es el camino y medio para llegar a la meta. Sin embargo, se puede, en verdad, emplear una u otra expresión, como yo lo hago. Por ejemplo, un hombre que viaja de Orleáns a Tours, pasando por Amboise, puede muy bien decir que va a Amboise y que viaja a Tours, con la diferencia, sin embargo, de que Amboise no es más que el camino para llegar a Tours y que Tours es la meta y término de su viaje.

 

246 2) El principal misterio que se honra y celebra en esta devoción es el misterio de la encarnación. En él Jesucristo se halla presente y encarnado en el seno de María. Por ello es mejor decir la esclavitud de Jesús en María, de Jesús que reside y reina en María, según aquella hermosa plegaria de tantas y tan excelentes almas: “¡Oh Jesús, que vives en María, ven a vivir en nosotros con tu espíritu de santidad!, etc.”

 

247 3) Esta manera de hablar manifiesta mejor la unión íntima que hay entre Jesús y María. Ellos se hallan tan íntimamente unidos, que el uno está totalmente en el otro: Jesús está todo en María, y María toda en Jesús; o mejor, no vive Ella, sino sólo Jesús en Ella. Antes separaríamos la luz del sol que a María de Jesús. De suerte que a Nuestro Señor se le puede llamar Jesús de María, y a la Santísima Virgen, María de Jesús.

 

248 El tiempo no me permite detenerme aquí para explicar las excelencias y grandezas del misterio de Jesús que vive y reina en María, es decir, de la encarnación del Verbo. Me contentaré con decir en dos palabras que éste es el primer misterio de Jesucristo, el más oculto, el más elevado y menos conocido; que en este misterio, Jesús en el seno de María -al que por ello denominan los santos la sala de los secretos de Dios (180) escogió, de acuerdo con Ella, a todos los elegidos; que en este misterio realizó ya todos los demás misterios de su vida, por la aceptación que hizo de ellos: Por eso, al entrar en el mundo, dice él: “Aquí estoy yo para realizar tu designio...” (Heb 4,16); que este misterio es, por consiguiente, el compendio de todos los misterios de Cristo y encierra la voluntad y la gracia de todos ellos; y, por último, que este misterio es el trono de la misericordia, generosidad y gloria de Dios.

Es el trono de la misericordia divina con nosotros, porque, dado que no podemos acercarnos a Jesús sino por María, no podemos ver a Jesús ni hablarle sino por medio de Ella. Ahora bien, Jesús, que siempre complace a su querida Madre, otorga siempre allí su gracia y misericordia a los pobres pecadores. Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de la gracia... (Heb 4,16).

Es el trono de su generosidad con María, porque mientras Jesús, nuevo Adán, permaneció en María –su verdadero paraíso terrestre–, realizó en él ocultamente tantas maravillas, que ni los ángeles ni los hombres alcanzan a comprenderlas; por ello, los santos llaman a María la magnificencia de Dios (181) , como si Dios sólo fuera magnífico en María (ver Is 33,21).

Es el trono de la gloria que Jesús tributa al Padre, porque en María aplacó Él perfectamente a su Padre, irritado contra los hombres; en Ella reparó perfectamente la gloria que el pecado le había arrebatado; en Ella, por el holocausto que ofreció de su voluntad y de sí mismo, dio al Padre más gloria que la que le habían dado todos los sacrificios de la ley antigua; y, finalmente, en Ella le dio una gloria infinita, que jamás había recibido del hombre.

 

5. Recitación del Avemaría y del Rosario

249 Quinta práctica. Tendrán gran devoción a la recitación del avemaría o salutación angélica, cuyo valor, mérito, excelencia y necesidad apenas conocen los cristianos, aun los mas instruidos. Ha sido necesario que la Santísima Virgen se haya aparecido muchas veces a grandes y muy esclarecidos santos –como Santo Domingo, San Juan de Capistrano o el Beato Alano de la Rupe– para manifestarles por si misma el valor del avemaría. Ellos escribieron libros enteros sobre las maravillas y eficacia de esta oración para convertir las almas. Proclamaron a voces y predicaron públicamente que, habiendo comenzado la salvación del mundo por el avemaría, a esta oración está vinculada también la salvación de cada uno en particular; que esta oración hizo que la tierra seca y estéril produjese el fruto de la vida, y que, por tanto, esta oración, bien rezada, hará germinar en nuestras almas la Palabra de Dios y producir el fruto de vida, Jesucristo; que el avemaría es un rocío celestial que riega la tierra, es decir, el alma, para hacerle producir fruto en tiempo oportuno, y que un alma que no es regada por esta oración celestial no produce fruto, sino malezas y espinas y está muy cerca de recibir la maldición.

 

250 Esto es lo que la Santísima Virgen reveló al Beato Alano de la Rupe, como se lee en su libro De dignitate Rosarii y luego en Cartagena: “Sabe, hijo mío, y hazlo conocer a todos, que es señal probable y próxima de condenación eterna el tener aversión, tibieza y negligencia a la recitación de la salutación angélica, que trajo la salvación a todo el mundo”. Palabras tan consoladoras y terribles a la vez, tanto que nos resistiríamos a creerlas si no las garantizara la santidad de este santo varón y la de Santo Domingo antes que él, y después, la de muchos grandes personajes, junto con la experiencia de muchos siglos. Pues siempre se ha observado que los que llevan la señal de la reprobación -como los herejes, impíos, orgullos y mundanos- odian y desprecian el avemaría y el rosario.

Los herejes aprenden a rezar el padrenuestro, pero no el avemaría ni el rosario. A éste lo consideran con horror. Antes llevarían consigo una serpiente que una camándula. Asimismo, los orgullosos, aunque católicos, teniendo como tienen las mismas inclinaciones que su padre, Lucifer, desprecian o miran con indiferencia el avemaría y consideran el rosario como devoción de mujercillas, sólo buena para ignorantes y analfabetos. Por el contrario, la experiencia enseña que quienes manifiestan grandes señales de predestinación estiman y rezan con gusto y placer el avemaría, y cuanto más unidos viven a Dios, más aprecian esta oración. La Santísima Virgen lo decía al Beato Alano a continuación de las palabras antes citadas.

 

251 No sé cómo ni por qué, pero es real; no tengo mejor secreto para conocer si una persona es de Dios que observar si gusta de rezar el avemaría y el rosario. Digo “si gusta” porque puede suceder que una persona esté natural o sobrenaturalmente imposibilitada de rezarlos, pero siempre los estima y recomienda a otros.

 

252 Recuerden, almas predestinadas, esclavas de Jesús en María, que el avemaría es la más hermosa de todas las oraciones después del padrenuestro (182) . El avemaría es el más perfecto cumplido que pueden dirigir a María. Es, en efecto, el saludo que el Altísimo le envió, por medio de un arcángel, para conquistar su corazón, y fue tan poderoso –dados sus secretos encantos– sobre el corazón de María, que, no obstante su profunda humildad, Ella dio su consentimiento a la encarnación del Verbo. Con este saludo debidamente recitado, también ustedes conquistarán infaliblemente su corazón.

 

253 El avemaría bien dicha, o sea, con atención, devoción y modestia, es –según los santos– el enemigo del diablo, a quien hace huir, y el martillo que lo aplasta. Es la santificación del alma, la alegría de los ángeles, la melodía de los predestinados, el cántico del Nuevo Testamento, el gozo de la Santísima Virgen y la gloria de la Santísima Trinidad (183) .

El avemaría es un rocío celestial que hace fecunda al alma, es un casto y amoroso beso que damos a María, es una rosa encarnada que le presentamos, es una perla preciosa que le ofrecemos, es una copa de ambrosía y néctar divino que le damos. Todas estas comparaciones son de los santos.

 

254 Les ruego, pues, con insistencia y por el amor que les profeso en Jesús y María, que no se contenten con rezar la Coronilla de la Santísima Virgen. Recen también el rosario, y, si tienen tiempo, los quince misterios todos los días. A la hora de la muerte bendecirán el día y la hora en que aceptaron mi consejo. Y después de haber sembrado en las bendiciones de Jesús y de María, cosecharán las bendiciones eternas: A siembra generosa, cosecha generosa (2Cor 9,6).

 

6. Recitación del “Magnificat”

 

255 Sexta práctica. Recitarán frecuentemente el Magnificat -a ejemplo de la Beata María d’Oignies y de muchos otros santos- para agradecer a Dios las gracias que otorgó a la Santísima Virgen. El Magnificat es el único cántico compuesto por la Santísima Virgen, o mejor, en Ella por Jesucristo, que hablaba por boca de María. Es el mayor sacrificio de alabanza que Dios ha recibido en la ley de la gracia. Es el más humilde y reconocido; a la vez, el más sublime y elevado de todos los cánticos. En él hay misterios tan grandes y ocultos, que los ángeles los ignoran.

Gersón (184) –tan piadoso como sabio–, después de haber empleado gran parte de su vida en componer tratados tan llenos de erudición y piedad sobre materias tan difíciles, no pudo menos de temblar al emprender, hacia el final de su vida, la explicación del Magnificat, a fin de coronar con ésta todas sus obras. En un volumen infolio, nos refiere muchas y admirables cosas de este hermoso y divino cántico. Entre otras, afirma que la Santísima Virgen lo rezaba con frecuencia, y particularmente en acción de gracias después de la sagrada comunión.

El sabio Benzonio (185) , al explicar el Magnificat, refiere muchos milagros obrados por su virtud, y dice que los diablos tiemblan y huyen cuando oyen estas palabras del Magnificat: El hace proezas con su brazo, dispersa a los soberbios de corazón (Lc 1,51).

 

7. Menosprecio del mundo

 

256 Séptima práctica. Los fieles servidores de María deben poner gran empeño en menospreciar, aborrecer y huir de la corrupción del mundo y servirse de las prácticas de menosprecio de lo mundano que hemos indicado en la primera parte (186) .

 

 Notas a pie de página:

179 LUIS TRONSÓN (1622-1700), a quien Montfort consultó al respecto siendo estudiante.

180 SAN AMBROSIO.

181 Ver VD 6.

182 Sobre el Rosario y sus oraciones, ver El Secreto Admirable del smo. Rosario.

183 Ver SAR 46-48.

184 JUAN GERSÓN (1363-1489).

185 BENZONIO RUTILIO, obispo de Loreto (+ 1613).

186 Esa “primera parte” ha desaparecido.